CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

LA SEXUALIDAD, LA MORAL
Y LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO
Mons. Andrés Morello



13 de abril de 2019 - “Una sola causa tienen los hombres para no obedecer, y es, cuando se les pide algo que repugna abiertamente al Derecho Natural o Divino; pues en todas aquellas cosas en que se infringe la Ley Natural o la Voluntad de Dios, es tan ilícito el mandarlas como el hacerlas. Si pues aconteciera que alguien fuese obligado a elegir una de dos cosas, a saber, o despreciar los mandatos de Dios o los de los Príncipes, se debe obedecer a Jesucristo que manda "Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (S. Mt. 22, 21), y a ejemplo de los Apóstoles responder animosamente: "Conviene obedecer a Dios antes que a los hombres" (Act. 5,20)... Si la voluntad de los Príncipes pugna con la Voluntad y las Leyes de Dios ellos sobrepasan los límites de su poder y trastornan la Justicia; ni entonces puede valer su autoridad, la cual es nula, donde no hay justicia". (León XIII: encíclica " Diuturnum Illud")


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                  Ya que todos hablan y escriben y, al hacerlo, hablan y escriben lo que quieren, lo que sea y lo que se les ocurre me pareció necesario también escribir en medio de tanta confusión y de tanta ignorancia. No todo hombre tiene derecho a escribir o hablar sólo por ser hombre, no se trata sólo de la calidad humana del sujeto para poder hacerlo, hay que considerar también la realidad misma de lo que se dice o lo que se escribe. Ser hombre no me autoriza a decir o escribir estupideces o falsedades o errores. El error no tiene propiamente derecho porque no corresponde a la realidad de lo que se habla o se escribe, la falsedad menos porque sabiendo lo que es dice lo que no es, la estupidez aún peor porque no sólo es errónea y es falsa sino además es irracional y por eso puede tildarse de idiotez.

              Sólo la verdad tiene derecho así como el bien. Mal y error pueden decirse pero no tienen derecho ni a ser dichos ni a ser enseñados. Si no puedo enseñar en la escuela que 3 X 3 es = 42 porque es un error, una falsedad y aún una estupidez, entonces lo mismo vale para todo lo que sea error y lo que no corresponda a la realidad: No hay derecho a enseñarlo, a decirlo, a propagarlo y menos a imponerlo.

              El título de este artículo hace referencia a tres afirmaciones de hecho dichas claramente o de manera disimulada en lo que gobierno, prensa y medios dicen hoy:

              1). “-La sexualidad es una elección”.
              2). “-Mi género es el que yo quiera”.
              3). “-La moral no existe”.

              O “-ni la iglesia ni nadie me lo puede imponer”,
              o “-la sociedad es la que determina lo que llamamos "sexualidad o género" o moral”,
              o “-cada quién es su moral y su regla”.

              Antes de continuar recordemos que la ley del aborto que querían imponer no pudo tener la sanción del Senado, que una infinidad de gente se movió, habló, escribió o se manifestó en contra, varios millones de gente se opusieron; basta considerar las marchas posteriores el Día del Niño por Nacer que sumaron dos millones y medio de personas en las calles. Este revés hirió duramente el orgullo de los grupos internacionales, desde el día siguiente a los votos en el Senado intentaron conseguir la reforma de los Códigos Civil y Penal tanto para reducir las penas para el aborto como para la eutanasia y el tratamiento de los embriones congelados; ahora propician una nueva ley de obstetricia intentando que las parteras puedan poner en práctica todo aquello contra lo que protestó la gente.
              En la práctica, los poderes constituidos se burlan de la voluntad del pueblo y quieren fabricar una voluntad distinta e imponerla.

              Dicho de otra manera: “-no eres libre y harás lo que yo quiero, te guste o no te guste, matarás a tus hijos o lo harán las parteras, matarás a tus ancianos o lo harán los médicos, dejarás que tus hijos se meneen y que tus hijas finjan el bigote”.

              Vamos al tema.

              I."-La sexualidad es una elección".

              La afirmación es errónea y es mentirosa pero además un juego de palabras para poder inducir a error y, en esto, es un sofisma.

              ¿Qué es la sexualidad? No es más que el conjunto de condiciones anatómicas (visibles en general) y fisiológicas (funcionales) que distinguen los sexos, es decir lo que naturalmente distingue a un varón de una mujer o, en los animales al macho de la hembra.

              El dedo gordo de la mano no tiene forma de oreja, ni es desarticulado como la oreja, ni es carente de hacer fuerza como dicho pabellón auditivo que es la oreja. Cada parte del cuerpo humano tiene una función propia y está adaptado perfectamente para realizarla. Así con los órganos sexuales, sirven para lo que sirven, están adaptados para sus funciones propias específicas, son complemento natural de los del sexo contrario, cada uno produce células reproductivas distintas, hormonas específicas. El pabellón auditivo, la oreja, esta anatómicamente adaptada para la audición, el esqueleto para sostener el cuerpo y los órganos sexuales para la procreación.

              [“-Entonces, si son para eso ¿Deben usarse?”. No dijimos eso, no dijimos que siempre deban usarse sino el celibato o la virginidad serían anomalías y no conductas virtuosas o simplemente honestas. Lo que decimos es que si se usan deben  usarse para lo que son y no para otra cosa. (Las facultades sexuales no obligan a su uso ya que no tienen como fin la conservación del individuo sino la del género humano y los mismos defensores del control de la natalidad aducen que ya hay mucha población mundial de modo que el uso ya frecuente de muchos asegura sobradamente el mantenimiento del género humano sin que sea necesario más colaboradores).]

              La afirmación de que "la sexualidad es una elección" usa una palabra por otra, no quiere decir "sexualidad" indicando los caracteres distintivos y su uso natural, sino que usando ese término le da otro valor u otro significado, a saber, sexualidad= sexualismo, como quien dijera el uso que se le da a la facultad sexual y la manera de satisfacer el apetito sexual con el objeto y el sujeto que se le ocurra y de la manera que se le ocurra, pero esto para volver a concluir en otra falsedad  =  

 
                            Si usted usa distinto del uso natural
                            Si usted busca distinto del objeto o del sujeto natural
                            Entonces "-usted es distinto".

              Es decir, si usted quiere, su dedo gordo es oreja y sirve para oír.

              El uso diría para qué es la cosa y no la cosa diría para qué pueda usarse. En las otras partes del cuerpo no vale decir y elegir y usar cualquier órgano para cualquier uso, oír con el ojo, respirar por la oreja pero si valdría para aquellas partes de la sexualidad.

              La sexualidad, lo específico, no es una elección.

              Su uso, el sexualismo, lo usan de hecho algunas gentes de cualquier manera pero es evidente que es anormal y desordenado, va contra las exigencias mismas anatómicas y fisiológicas, hombre y hombre no son tal para cual, mujer y mujer no son físicamente complementarias ni aptas para nada juntándose y teniendo que forzar a la naturaleza que no responde a lo que quieren, teniendo que recurrir a la cirugía, a las hormonas contrarias, a las posiciones forzadas, a los comportamientos fingidos para justificar nó el ser distinto sino el querer ser anormal, o convalidar como derecho una pasión en desorden.

              El uso de algo anatómico y fisiológico para lo que no es no es libertad sino anomalía e inversión y termina en enfermedad.

              II. "Mi género es el que yo quiera".

              Es la misma afirmación que la anterior pero con términos más profundos aunque, otra vez, usando un término con dos valores distintos a la vez y, por lo mismo, apto a confundir.

              El género puede ser hombre o mujer, macho o hembra en los animales.

              Pero también puede ser, un elemento constitutivo de una esencia o naturaleza, en ese sentido el género del hombre es animal, luego macho o hembra porque no hay más, pero no simple animal sinó racional, es decir inteligente y por lo mismo capaz de entender la realidad y darse cuenta, en el caso, que todo en el varón está hecho, si usa su sexualidad, para complementarse con su sexo contrario y nó con lo que sea ni como sea de lo cual, evidentemente, nada se producirá.

              Decir "mi género es el que yo quiera" es lo mismo que decir yo soy lo que yo quiero, yo determinó mi natural, mi naturaleza y, por lo mismo, me operatividad, soy mosquito y desde hoy me dedicaré a picar le guste o no le guste a los demás.

              El ejemplo es exagerado pero no es más que eso. Fuerce a un toro a ser vaca o a comportarse como vaca, no podrá; haga parir el toro, haga que de leche o que cuide del ternero, no podrá; trate que las vacas busquen a las vacas, olvídese entonces de tomar leche alguna vez.

              ¿Por qué quieren para el hombre lo que ningún animal puede? ¿Porque es inteligente? ¿Le parece inteligente juntar varones para hacer familias? ¿Las cuáles? Dos hombres que se buscan, dos mujeres que se procuran entre ellas ¿Son capaces de educar en la femineidad o en la virilidad? ¿No causará una frustración en cualquier adoptado por ellos el amanerarse distinto de cómo se es o el ver amanerados inversamente a sus dos papás o a sus dos mamás? ¿No es irracional hacer lo que no sirve? ¿No es irracional hacer las cosas como físicamente ni pueden ni siquiera hacerse? Si el natural, la sexualidad o el género es de ellos ¿Entonces por qué deben forzarlo con hormonas, con tratamientos, con siliconas, con cirugías haciendo más Frankenstein que un hombre o una mujer, o mejor dicho una hombrada a la fuerza, un hembrado con jeringas?; hombrada que sigue haciendo células femeninas, que tiene ADN de mujer, que le falta un cromosoma y lo mismo para un varón hembrado al que siempre le dijo el sentido común un afeminado y un invertido.

              La voluntad no cambia la naturaleza y menos una operación o una pastillita. Sexualidad y género son engendrados con nosotros y con nosotros mueren, por más que me vista de Pegaso no podré ni ser caballo ni volar, y entonces se ve lo absurdo y lo ridículo de querer valerse de leyes para cambiar las naturalezas, los géneros, la sexualidad, en definitiva, la realidad.

              Hace unos años en España, el Intendente de un pueblo pequeño debía organizar refacciones en el Cementerio municipal por tanto estaría clausurado el mismo determinado tiempo. ¿Cuál fue su ordenanza municipal? "Prohibido morirse de tal fecha a tal otra". ¿Habrán obedecido los muertos para morirse después? Indigna y exaspera escuchar ciertas discusiones de Diputados, Senadores o Ediles, pero dá profunda lástima escuchar tantas estupideces en hombres grandes y que, enaltecidos a la función pública, o no saben pensar o son casi incapaces de dicha función y de gobernar, o son malos y quieren imponernos la corrupción y la degeneración.

              III." La moral no existe".

              En realidad esta afirmación es el trasfondo de las dos anteriores pero también es mentirosa como las precedentes. Se trata de negar la moral existente, o lo que queda de ella, para firmar e imponer otra despóticamente.

              El título de este segmento es demasiado amplio y generalmente se presenta con afirmaciones varias:

              -ni la iglesia ni nadie me pueden imponer la moral.

              -es la sociedad la que determina, por la presión social, lo que llamamos "sexualidad" o "género" o "moral".

              -cada uno es dueño de seguir la moral que quiera o de fijar la misma.

              Las tres afirmaciones se contestan con la misma respuesta.

              El obrar sigue al ser. Si un hombre decidiera no usar sus manos y cubiertos para ayudarse a comer y, simplemente, hundir su boca y su cara en un montón amorfo de comida diríamos que se comporta como animal o que se enloqueció. Si vale para el comer por qué no vale para los comportamientos sexuales, para las muestras de afecto, para con aquellos a los cuales se manifiesta el afecto.

              No se camina sólo con las manos y nunca con los pies, la leche no se mastica ni las nueces se tragan enteras, no es normal, no hace bien, enferma. Si no es así ¿De dónde salió el sida? ¿No son cosas que no encuentran su lugar propio? ¿No queda frustrada la naturaleza al rendir inútil lo que unos producen, al no corresponder con nada los otros, a condenarse voluntariamente a la esterilidad y a la frustración íntima, aunque no confesada, de no ser como se es y de querer forzar lo que nunca se podrá ser?

              Puede usted tirarse del último piso de un rascacielos creyendo que es Ícaro o Supermán pero no le aseguro una buena llegada a término. No es mi parecer, ni mi voluntad, ni mi deseo, ni mi pasión en desorden lo que determinan la realidad. Se es lo que se es y nada más, puedo ladrar en vez de hablar pero lo más probable es que me internen por haber perdido el uso de la razón, porque es irracional hacer lo que no es según mi naturaleza. Si trato de aflojar un tornillo con la punta de un grafito de un portaminas la gente se reirá de mí. ¿Por qué entonces trata alguno de usar órganos viriles para comportarse como mujer y viceversa para hacer de varón?

              Es una inversión de las cualidades naturales, una tergiversación de los afectos, un caos de los sentimientos, una degeneración del uso de las facultades reproductivas, un riesgo grave y cierto de enfermedad, una inducción necesaria a que el varón busque varones y la mujer mujeres con el inmenso desorden social que eso produciría no sabiendo nadie delante de quién se encuentra.

              Entonces nadie puede arbitrariamente imponer una moral, no lo hace ni la Iglesia ni nadie. La moral no hace más que seguir la naturaleza de los hombres, la Iglesia podrá enunciarla en más detalle o una legislación bien pensada, no crearla ni inventarla y menos aún contra el natural de cada uno. La Iglesia o un buen gobierno no inventan una moral para imponerla sino que simplemente enuncian en leyes lo que corresponde a la naturaleza de sus sujetos.

              Aquellos que vociferan "-no nos pueden imponer" son los mismos que imponen y fuerzan una educación antinatural y contra natura de niños y jóvenes, los mismos que aplican hormonas a los chicos que quieren tener otro sexo pero que no pueden votar, no están en edad responsable para los crímenes ni pueden llevar armas,  ni siquiera trabajar.

              ¿Por qué no hacen ordenanzas y leyes para poder aplicar hormonas para que los hombres sean más hombres o las mujeres más mujeres? Porque no hace falta salvo una enfermedad que causa una deficiencia, porque lo natural no necesita ayuda, es normal y lo antinatural sí porque es anormal. Lo mismo que hacen o intentan grita que están haciendo algo antinatural, causa de enfermedades y un principio de disolución social.

              "-La presión social determina lo que se llama sexo o género".

              Es la afirmación de los que procuran hoy todas estas leyes del género. ¿No es presión social machacar estas cosas a niños y adolescentes en las escuelas, en la radio, la televisión y los medios? ¿No lo es imponer a los dueños de empresas y jefes de oficinas que deban contratar un porcentaje de empleados invertidos? ¿Hay tantos invertidos para que se necesite dicho porcentaje?

              Si se usaran los medios, la radio, la televisión, el internet, la fuerza de los gobiernos, las leyes para decir a la gente hasta el hartazgo que uno puede emborracharse todos los días de la semana o que puede hacer sus necesidades no en los baños sino en la vía pública y las plazas ¿Habrá gente capaz de trabajar? ¿Podría circular por la ciudad? ¿No habrían hecho de ella un baño gigantesco? Aún esto último no sería algo contra natura sino una inmensa falta de higiene.

              "-cada uno es dueño de seguir la moral que quiera".

              No es cierto, la afirmación parece muy liberal y llamativa, como si defendiera la independencia personal. La honradez en los negocios, la veracidad de los juramentos, la responsabilidad en los contratos ¿Son parte de la moral? ¿Cada quién puede darle el valor que quiere o hay un consenso natural entre las gentes que hace que para todos sean cosas normales y obligatorias?

              Si vale para esto ¿Por qué no vale para la sexualidad y para su uso? ¿No es importante? ¿No tiene trascendencia social? ¿No afecta a la conducta de los individuos?

              Queda algo por decir.

              La ley no establece el Derecho sino que es el Derecho el que establece la ley porque el Derecho nace de la naturaleza de las personas y de las cosas.

              La ley no hace más que decir el Derecho o enunciarlo, es una inversión de los contenidos arbitraria el pretender que el derecho nace de la ley, es al revés. Por eso las leyes tienen como nota característica la perdurabilidad, porque no se sustentan en lo que se les haya pasado por la cabeza a los legisladores o a la política de turno de manera que hoy sea distinto de lo que ayer era justo o viceversa. Es absurdo que un enunciado legal votado de madrugada para que nadie pueda advertirlo y oponerse determine qué es justo y qué nó sin atenerse al valor de las cosas mismas.

              Cuando la ley no sigue al Derecho o se opone a éste no es ley sino un enunciado injusto y al imponerlo como tal, tiránico y carente de fuerza obligatoria. Nadie en la tierra puede obligar a lo que es injusto y opuesto al derecho. Peor aún cuando dichas leyes atentan contra el bien común de la Nación o la salvación de las almas que es el primer bien de los hombres.

              Terminemos citando al papa León XIII en su encíclica " Diuturnum Illud" del 29 de mayo de 1881:

              “Una sola causa tienen los hombres para no obedecer, y es, cuando se les pide algo que repugna abiertamente al Derecho Natural o Divino; pues en todas aquellas cosas en que se infringe la Ley Natural o la Voluntad de Dios, es tan ilícito el mandarlas como el hacerlas. Si pues aconteciera que alguien fuese obligado a elegir una de dos cosas, a saber, o despreciar los mandatos de Dios o los de los Príncipes, se debe obedecer a Jesucristo que manda "Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (S. Mt. 22, 21), y a ejemplo de los Apóstoles responder animosamente: "Conviene obedecer a Dios antes que a los hombres" (Act. 5,20)... Si la voluntad de los Príncipes pugna con la Voluntad y las Leyes de Dios ellos sobrepasan los límites de su poder y trastornan la Justicia; ni entonces puede valer su autoridad, la cual es nula, donde no hay justicia".

                                                         Quiera Dios bendecirles.

                                                                                     +Mons. Andrés Morello.

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