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CHINA. EL "SUSTO" DEL CARDENAL
ZEN TIENE SUS BUENAS RAZONES
Sandro Magister


30 de junio de 2018 - Las críticas del cardenal Zen están, motivadas por razones mucho más serias que la de un susto senil, como ha intentado explicar a sus lectores chinos, en su blog, en una breve réplica a las palabras del "Papa", que termina con la súplica a Dios para que "no le deje caer en las manos de sus enemigos.


CHINA. EL "SUSTO" DEL CARDENAL ZEN TIENE SUS BUENAS RAZONES - Sandro Magister

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En su reciente entrevista con Philip Pullella, de la Reuters, el "Papa" Francisco ha sido interpelado también sobre la China y sobre lo que había dicho a este propósito el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, según el cual "el diálogo avanza con éxitos y fracasos, dos pasos para el frente y uno para atrás".

Francisco ha expresado su confianza en un acuerdo entre la Santa Sede y las autoridades chinas, aunque en tiempos no cercanos:

"Yo digo que los chinos merecen el premio Nobel de la paciencia, porque son buenos, saben esperar, el tiempo es de ellos y tienen siglos de cultura… Es un pueblo sabio, muy sabio. Yo respeto mucho a China. […] En lo que se refiere a los tiempos, algunos dicen que son los tiempos chinos. Yo digo que son los tiempos de Dios, adelante, tranquilos".

Y en cuanto a las críticas del cardenal Joseph Zen Zekiun, obispo emérito de Hong Kong, ha minimizado:

"Pienso que está un poco asustado. Quizás también la edad influye un poco. Es un hombre bueno. Ha venido a hablar conmigo, le he recibido, pero está un poco asustado. El diálogo es un riesgo, pero prefiero el riesgo y no la derrota segura de no dialogar".

Pero últimamente, las noticias que llegan de China no son alentadoras, de ninguna manera. En mayo, Settimo Cielo refirió un recrudecimiento de la represión anticristiana y de nada han valido las inconsistentes justificaciones expresadas por los que apoyan un acuerdo a cualquier costa.

El 19 de junio, el muy informado portal "Bitter Winter", que se ocupa de la libertad religiosa en China, fundado y dirigido por Massimo Introvigne, ha hablado de algo plenamente revelador del pésimo clima que rodea las negociaciones:

> Catholic Priest Detained for Plans to Discuss Proposed China-Vatican Agreement in Hong Kong

El protagonista del asunto es un sacerdote llamado Yan Lixin, 55 años, de Guangping, en la provincia de Hebei, responsable de algunas comunidades de la así llamada Iglesia "subterránea", es decir, dirigida por obispos nombrados por Roma pero no reconocidos por las autoridades chinas.

En abril, el obispo de Hong Kong, Michael Yeung Ming-cheung –reconocido tanto por Roma como por Pekín, y hace pocos días, el 23 de junio, en visita "ad limina" al Papa–, había invitado al padre Yan a su ciudad para una discusión pública precisamente sobre las negociaciones en curso sobre las modalidades de nombramiento de los futuros obispos chinos.

El padre Yan reservó el avión para ir a Hong Kong con su teléfono móvil. Y el 9 de abril, con el mismo teléfono, se puso en contacto con un periodista japonés, también él invitado a la misma discusión. Pero su teléfono estaba bajo vigilancia y así, la misma noche, una docena de agentes de la policía entraron en su casa.

El sacerdote fue arrestado y encerrado en un hotel de Handan, donde fue sometido a incesantes interrogatorios. Después de siete días, le trasladaron a otro hotel, a Guangping, siempre en estado de detención. Y los interrogatorios prosiguieron, con el objetivo principal de forzar al padre Yan a inscribirse en la Asociación Patriótica de los Católicos Chinos.

Este objetivo no es de poca cuenta. Al contrario. En la carta de 2007 de Benedicto XVI a los católicos chinos –y que también el "Papa" Francisco considera la "magna carta" de la Iglesia en China–, la Asociación Patriótica es considerada el primero de aquellos organismos "que han sido impuestos como responsables principales de la vida de la comunidad católica", la pertenencia a los cuales "es el criterio para declarar como legales, y por tanto «oficiales», una comunidad, una persona o un lugar religioso", pero cuya "finalidad declarada de los mencionados organismos de poner en práctica «los principios de independencia y autonomía, autogestión y administración democrática de la Iglesia»" es inconciliable con la doctrina católica".

Pues bien, en total fidelidad a la Iglesia, el padre Yan ha rechazado doblegarse. Y tras veinte días de reclusión, el 28 de abril, ha sido liberado, pero con la obligación de no salir de su región y de estar localizable a cualquier hora.

Desde entonces vive bajo estrecha vigilancia, y ha debido espaciar la celebración de la misa en sus comunidades, para evitar lo más posible ponerlas en peligro.

Los más impacientes promotores del acuerdo entre el Vaticano y China –que debería asignar a las autoridades chinas la designación de los futuros obispos, salvo la facultad del "Papa" de aceptarla o rechazarla– consideran "superada" la prohibición de inscripción en la Asociación Patriótica que, al contrario, debería ser alentada para superar toda distancia entre "oficiales" y "subterráneos" y asegurar también a estos últimos el reconocimiento gubernativo.

Pero, en realidad, esta cuestión continúa siendo una seria piedra de tropiezo en el camino de un acuerdo.

Basta pensar al caso no resuelto del obispo de Shanghai Taddeo Ma Daqin. Ordenado obispo tanto con la aprobación de Roma como de Pekín, el día de su ordenación, el 7 de julio de 2012, revocó su precedente inscripción a la Asociación Patriótica. Por este motivo fue arrestado ese mismo día. Y continúa bajo arresto, incluso después que en 2015 retirara su disociación y profesara sumisión pública al régimen.

Y sin embargo, increíblemente, "La Civiltà Cattolica" –la revista dirigida por el jesuita Antonio Spadaro, que se imprime cada vez con la autorización previa del "Papa"– ha definido recientemente este caso de Ma Daqin como un modelo ejemplar de "reconciliación entre la Iglesia en China y el gobierno chino".

Si esta es la "reconciliación" a la que debería llevar el tan ensalzado acuerdo, las críticas del cardenal Zen están, pues, motivadas por razones mucho más serias que la de un susto senil, como ha intentado explicar a sus lectores chinos, en su blog, en una breve réplica a las palabras del "Papa", que termina con la súplica a Dios para que "no le deje caer en las manos de sus enemigos".

De: Settimo Cielo

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