CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

UN 11 DE SEPTIEMBRE
PARA EL MAGISTERIO: LAS
ENTREVISTAS DE FRANCISCO
Revdo. Anthony Cekada


UN 11 DE SEPTIEMBRE PARA EL MAGISTERIO: LAS ENTREVISTAS DE FRANCISCO

No escapa a ningún lector habitual de la prensa religiosa o secular la tormenta de fuego que Bergoglio (“el papa Francisco") encendió con sus entrevistas recientes con la prensa y sus cartas públicas.

Como es comprensible, la discusión se centró en el significado de las declaraciones particulares de Francisco (sobre el ateísmo, el proselitismo, el “juzgar”, la conciencia, la inexistencia de un Dios católico, etc.) ¿Qué significó esta o aquella revelación? ¿Cómo cuadró con la enseñanza católica anterior? ¿Cuadró, siquiera?

Entre tanto, como cada declaración caía tan asombrosa en sí misma, las más veces no hubo quien planteara una pregunta más amplia: dejando aparte la continuada popularidad de Francisco para la izquierda religiosa y secular, ¿cuál será el efecto a largo plazo de sus declaraciones recientes tomadas en conjunto?

Éste será sentido inevitable en el modo de entenderse y percibirse la autoridad docente de la Iglesia —y las consecuencias serán desastrosas.

Es exactamente lo que se puede predecir a partir de la reacción de modernistas “New Age” como Richard Rohr, que sonrientemente trató las entrevistas de Francisco como una línea divisoria de aguas cronológica para la Iglesia:

“Él ha cambiado para siempre la conversación católica. Nunca podemos ir totalmente al revés. Nadie puede decir jamás que un papa válidamente elegido —con todo lo que eso implica en la mente de cualquiera— no dijo las cosas que dijo Francisco en la entrevista publicada el jueves. Serán citadas por muchos años. Ahora son parte de los datos autoritativos, como los evangelios mismos, y deberán ser tomados en consideración.”

Consideradas desde este punto de vista, las entrevistas de Francisco no son nada menos que un 11 de septiembre para el magisterio de la Iglesia. En efecto, primero lo convierten en un generador del galimatías para descifrar, y segundo, le destruyen las mismas fundaciones.

Para entender por qué, debemos primero atender a qué es el magisterio y cuál se supone que sea la función del papa en él.

1. Magisterio = función docente.

El imponente vocablo latino magisterio es realmente muy fácil de entender. En general, simplemente significa “la función de instruir a otros.”

El magisterio docente de la Iglesia (= docens) se dirige a impartir el conocimiento de la sana doctrina y las buenas costumbres a todo fiel.

Ahora bien, en la mente de la mayoría de los católicos, la palabra magisterio se junta automáticamente a la palabra infalible, como cuando se dice algo por el estilo de esto: “el magisterio del papa es infalible cuando él emite una definición ex cathedra sobre fe o moral.”

La parte negativa de esto—concluye la mayoría de los católicos—, es un principio que se resume así: “Donde no hay sello que diga ‘ex cathedra’ o ‘infalible’, no hay ninguna obligación de creer.”

Pero esta idea es totalmente falsa, porque además del magisterio infalible, un católico también está obligado por el que se llama magisterio auténtico. Éste es el modo como el papa enseña usualmente la doctrina católica y los principios morales.

Funciona de esta manera: Un papa tiene el “poder y oficio de enseñar doctrina” y el católico como tal tiene “la obligación y el derecho de recibir instrucción.” La enseñanza de un papa es auténtica en el sentido estricto, “debido a la autoridad de la delegación de Dios que el maestro utiliza”. Por ende, uno “estaría obligado a darle el asentimiento del intelecto”, porque su autoridad docente se funda en “una misión recibida de Dios a la cual se adjunta la asistencia divina.” (Salaverri,De Ecclesia 1:503ff. Énfasis suyo)

2. Magisterio de la entrevista de Francisco

Obviamente, la mayoría aplastadora de los católicos del mundo considera que Francisco es papa verdadero. Entonces, para ellos, ¿dónde situaríamos sus entrevistas y cartas públicas perturbadoras según los principios resumidos en el punto 1?

Autores como Carl Olsen —que quedaron espantados y desconcertados por muchas de las declaraciones de Bergoglio— responderían: “Absolutamente en ninguna parte.” Las entrevistas papales, dice él, “no son magisteriales en naturaleza”.

El vocero de prensa vaticano Frederico Lombardi bromeó que el material “no es Denzinger” —una colección de declaraciones papales y conciliares sobre fe y moral. Francisco “simplemente está dando reflexiones pastorales” que deben “distinguirse de una encíclica, por ejemplo, o de una exhortación apostólica post-sinodal, que son documentos magisteriales.”

¿Pero qué estaba haciendo Bergoglio exactamente sino enseñar públicamente sobre doctrina y moral, y eso como papa? Y enseñar es exactamente lo que significa “magisterial”. En cuanto a pastoral, ¿cuál es el primer deber del Pastor Supremo? “Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas” —con doctrina sana.

El reportero vaticano veterano Sandro Magister da en el clavo sobre lo que está haciendo Francisco en el titular de una pieza del 7 de octubre: Las “encíclicas tienen un nuevo formato: la entrevista”. El punto que Magister desarrolla es éste: Donde los papas anteriores utilizaron cartas encíclicas para comunicar enseñanzas doctrinarias y morales al mundo, Francisco ahora ha elegido un nuevo medio más adecuado para la edad moderna: las entrevistas de prensa. Éstas llevan su enseñanza al mundo entero mediante las maravillas de la tecnología del siglo XXI. Las entrevistas, dice Magister, son “los primeros actos de este ‘magisterio’.”

¿Una exageración, quizás?

En absoluto. Un papa no está restringido a un formato particular al ejercitar su autoridad docente auténtica. Los papas tenían siempre un surtido de opciones para emplear al encarar cuestiones doctrinales o morales: bulas, decretos, breves, epístolas, etc. Sólo adoptaron la carta encíclica, ahora familiar, en el siglo XVIII. En el siglo XX, Pío XI y Pío XII añadieron discursos y alocuciones a la mezcla, y un buen número de éstos  terminaron en el Denzinger.

Estos diversos formatos eran simplemente diversos medios que un papa usaba para enseñar. Dependía de su criterio.

Por lo tanto, nada impide que un papa use la red, entrevistas de prensa o cartas públicas a ateos para comunicar su enseñanza auténtica. La forma de una comunicación no es lo que crea la obligación de consentir. Antes bien, es el hecho de que el “proveedor de contenidos” (como podrían decir los que son duchos en la red) es un papa.

Por lo tanto, los católicos que consideran a Bergoglio como Sucesor verdadero de San Pedro no son libres de despedir el contenido de sus entrevistas y cartas públicas como si equivalieran a zumbidos. Antes bien, deben tomarlo como enseñanza auténtica y considerarse a sí mismos “obligados a darle el asentimiento del intelecto”.

Y aquí es donde comenzamos a mirar petrificados los efectos de la primera ráfaga que Francisco ha descargado…

3. Un Magisterio que enseña galimatías

Para entender por qué, primero recordemos cómo las entrevistas de Bergoglio generaron un torrente al parecer sin fin de artículos sobre “Qué quiso decir exactamente el papa” en la prensa y la blogósfera católicas.

Novus Ordo Wire proporciona una lista muy larga de los escritores que se sintieron obligados a entrar seriamente en discusión: El Padre Dwight Longenecker (3 artículos), Simcha Fisher, Jimmy Akin, Jeffrey Mirus, Elizabeth Scalia, Lalah Alexander, Jennifer Fitz, Joanne McPortland, Gerard Nadal, Thomas McDonald, Terry Nelson, Mary Eberstadt, Stacy Trascanos, Kathy Schiffer, Joseph Shaw, Joseph Susanka, Christopher Orlet, Edward Mulholland, Mark Shea, Carl Olsen, y por supuesto, el Padre Juan Zuhlsdorf (por lo menos 3 artículos).

¡Uf!

Algunos de los títulos de artículos demostrarán el nivel de confusión que han provocado los comentarios de Francisco: “¿Qué dijo realmente el papa?” “Entenderán mal a Francisco”, “malinterpretando al papa Francisco”, “soy demasiado pecador para entender al papa Francisco”, “el problema somos NOSOTROS, no Francisco; el papa se está moviendo de maneras misteriosas”, y “lo bueno, lo desconcertante y lo confuso”.

Los escritores se empeñaron en un elaborado proceso exegético que intentó reconciliar las palabras reales de Francisco con las doctrinas católicas y principios morales establecidos que sus palabras parecían contradecir llanamente. Y de hecho, les tocó dedicarse a explicar mucho.

Salta a la vista el dolor y la perplejidad de los escritores, al igual que los de sus lectores. El Padre Zuhlsdorf incluso comienza uno de esos artículos diciendo, “mi casilla de correo electrónico se llena de notas de gente que necesita que la convenzan para no saltar de la cornisa”.

Si retrocedemos paso a paso de la cornisa y examinamos todo el proceso que desencadenaron las declaraciones de Bergoglio, lo que vemos es esto: Un magisterio que ya no enseña realmente.

Bergoglio, supuestamente su maestro auténtico, a cuya enseñanza estamos “obligados a dar el asentimiento del intelecto”, proclama públicamente a la Iglesia Universal principios doctrinarios y morales que —al menos prima facie— contradicen enseñanzas magisteriales anteriores. Entonces las personas privadas deben intentar reconciliar su enseñanza con las enseñanzas anteriores mediante un elaborado proceso exegético.

Nosotros, a quienes supuestamente toca que enseñe el maestro auténtico, debemos en cambio pasar a ser decodificadores de galimatías, llevando anteojos al estilo de Joseph Smith para descifrar los jeroglíficos que él nos ha dado.

Así, las declaraciones de las entrevistas y cartas de Bergoglio hacen pedazos el mismo fin del magisterio —enseñar. ¡Nadie puede entender el mensaje del maestro!

Esto sería suficientemente desastroso. Pero algunas de las declaraciones de Bergoglio se combinan para asestar un segundo ataque bajo la forma de…

4. Un Magisterio que destruye sus propios funtamentos

Esto se hace evidente para el que agrupa resúmenes de las declaraciones indignantes de Bergoglio bajo los títulos generales de la fe o moral.

(a) Fe: No hay Dios católico, no existe más la seguridad doctrinal, quien pretende tener todas las respuestas no tiene a Dios dentro de sí, el proselitismo es absurdo, los ateos pueden ir al cielo, etc.

Estas declaraciones eliminan el significado del credo, la naturaleza de Dios, la posibilidad de llegar a verdades doctrinales, la misión divina de convertir a otros a esas verdades, y la fe como requisito para la salvación eterna.

(b) Moral: Las enseñanzas morales (sobre el 6º y 9º mandamientos) son una multitud desunida de doctrinas que no pueden ser impuestas insistentemente, uno no debe obsesionarse sobre tales materias (aborto, “matrimonio” gay y anticoncepción), lo que moralmente es adulterio admite una “solución pastoral”, quién soy yo para juzgar, cada uno tiene su propia visión del bien y el mal, es imposible la interferencia espiritual en la vida personal, etc.

Estas declaraciones pintan los pecados mortales como bagatelas, castigan como “obsesionados” a quienes dicen que no es así, trivializan el adulterio, reprenden los juicios morales, entronizan la conciencia como autónoma y suprema, y renuncian con eficacia al derecho del magisterio para decir cualquier cosa a la conciencia individual.

No cuesta nada derivar el principio subyacente aquí: El magisterio de la Iglesia ya no puede dar certeza sobre qué creer o cómo actuar.

¡Puf! El edificio entero del magisterio se desmenuza, quedando sus fundamentos minados para siempre por lo que el teólogo italiano Peter De Marco llama el “resbalamiento relativista de Bergoglio”. Todo, todo, se derriba.

* * * * *

Sin duda, oiremos de vez en cuando declaraciones bergoglianas que suenen católicas y parezcan contradecir los bergoglianismos modernistas que hemos mencionado aquí. De hecho, ya está sucediendo. “No se obsesionen por el aborto” contra “Los niños abortados son la cara de Jesús”. “El proselitismo es un solemne absurdo” contra “el domingo de las misiones es realmente una gran cosa”. “Los rosarios son pelagianos” contra “recordemos todos que octubre es el mes del rosario”.

Nadie se engañe. Todo esto es simplemente parte del juego modernista que san Pío X expuso en Pascendi. Los modernistas pueden en una página sonar católicos devotos y en la siguiente ser virtualmente agnósticos. El que se ha figurado cómo relativizar el dogma y convertirlo en murmullo intelectual, puede decir simplemente cualquier cosa.

Así, en siete meses Bergoglio ha arrancado todas las armas al quizás 20% de almas de la iglesia post-conciliar todavía aferradas a vestigios de las enseñanzas doctrinales y morales de la vieja religión. En adelante, sus objeciones a las atrocidades doctrinales o morales modernistas serán resueltas con citas del “maestro auténtico” sobre reglas de miras estrechas, obsesiones, ausencia de seguridad doctrinal, inexistencia de un Dios católico, triunfalismo, restauracionismo, ideologías, etc. Hay que estar seguro de que los modernistas como el Padre Rohr de hecho tratarán para siempre estas sentencias pontificales “como parte de los datos autoritativos”.

Por mi parte, ahora indico que ya no considero a Jorge Bergoglio meramente hereje. Él es una apóstata porque adhiere a un sistema que rechaza la posibilidad de la verdad religiosa y de la ley moral objetiva.

Como san Pío X advirtió, la apostasía es de hecho el producto final del sistema modernista. Pero Jorge Bergoglio no resultó modernista apóstata por esfuerzo personal. Él es un producto del Vaticano II de arriba a abajo, y todas sus elocuciones nocivas y escandalosas contra la fe y la moral católicas no son más que el fruto venenoso de las semillas sembradas por ese Concilio de Asaltantes.

Hay una línea recta del ecumenismo del Vaticano II, de la libertad religiosa y del reconocimiento de las sectas paganas como herramientas del Espíritu Santo a las afirmaciones de Bergoglio de que “No hay Dios católico”, “el proselitismo es absurdo”, “los ateos van al cielo”, “no juzgo” y “cada uno de nosotros tiene su propia visión del bien y el mal”.

Hay decenas de miles de otros Bergoglios sueltos, así que a largo plazo hay una sola cura verdadera para la enfermedad. Librarse de lo que realmente causó la infección en primer lugar: el Vaticano II.

Y si usted vacila en tomar consejo de un sedevacantista, recuerde: “aún un reloj roto indica la verdad dos veces al día.”

Bien, el tiempo ahora es 10:28 AM — y la fecha es 11 de septiembre…

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