CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA N° VI
PERSPECTIVAS ANTE LA MUERTE DE PAULO VI
Álvaro D. Ramírez Arandigoyen


PERSPECTIVAS ANTE LA MUERTE DE PAULO VI - Álvaro D. Ramírez Arandigoyen

La muerte de Paulo VI provoca una circunstancia muy especial que abre perspectivas decisivas en la Iglesia y en la Cristiandad. Por eso, publicamos en este número un serio planteo de esas perspectivas. Dicho planteo intenta ser lo más claro y sincero posible. Asumo toda la responsabilidad por lo que en el mismo se dice. Si hay algo equivocado, pido que me sea señalado, en su caso, me retractaré humildemente. Pero no es posible callar, es una obligación de conciencia ineludible plantear las cosas con claridad y sinceridad en esta circunstancia que es crucial para nuestra Fe Católica, para la Iglesia y para el mundo.


Ante la muerte de Paulo VI y la perspectiva de la próxima reunión del cónclave de cardenales que deberá elegir su sucesor es IMPOSTERGABLE para todo católico plantearse con la mayor claridad, sin escrúpulos ni ambigüedades la siguiente cuestión: ¿Qué cosa es la FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA en medio de la descomunal confusión moderna?

Cuando uno se plantea esta CUESTIÓN DE CONCIENCIA, inmediatamente comprende que se trata de algo tan importante que su resolución constituye una OBLIGACIÓN GRAVE. Vale decir, uno advierte que el esclarecimiento interior del espíritu, de la inteligencia, es una obligación grave que impone la Fe Católica, algo que de ninguna manera podemos eludir en el estado actual de cosas en la Iglesia.

Ocurra lo que ocurra, cada uno de nosotros estaríamos perdidos para la Vida de la Fe si en este momento crucial no procurásemos razonar y hablar con la mayor sinceridad posible. Debemos amar sólo la verdad, y decir sólo la verdad.

En otras palabras: estaríamos definitivamente perdidos para la Vida de la Fe si, en medio de la estremecedora oscuridad de este ciclo histórico de apostasía universal, no fuésemos capaces de iluminar nuestro espíritu con la luz inconmovible de la Fe.

Iluminados por la Fe Católica, debemos aferramos irreductiblemente a la VERDAD, y la verdad nos dará la legítima libertad de espíritu que necesitamos para juzgar circunstancias y acontecimientos.

La Iglesia, nuestra Iglesia, la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, en cuya Fe fuimos bautizados, vive un momento crucial de la denominada "auto-demolición" que se inició con el Concilio Vaticano II. Ha muerto Paulo VI, el gran promotor e inspirador de todas las "reformas" postconciliares. La Santa Sede Romana se encuentra vacante y desocupada. Los cardenales se disponen a reunirse en cónclave para elegir al sucesor...

Primer interrogante, primera CUESTIÓN DE CONCIENCIA que no podemos eludir: ¿Hasta qué punto estos cardenales profesan la Fe Católica?

"Cuando los pastores se transforman en lobos —decía Dom Guéranguer— es al rebaño que en primer lugar le cabe defenderse. Normalmente, la doctrina desciende de los obispos para el pueblo, y los súbditos en el dominio de la Fe no deben juzgar a sus jefes. Pero hay, en los tesoros de la Revelación, puntos esenciales que todo cristiano, en vista de su propio título de cristiano, necesariamente conoce y obligatoriamente ha de defender." ("El Año Litúrgico" — fest. San Cirilo de Alejandría).

En este siglo ha habido un Concilio Vaticano II y dos pontificados nefastos —de Juan XXIII y de Paulo VI— de los cuales, lo menos que puede decirse, es que han favorecido, impulsado y promovido el más gigantesco y atroz de los cismas que haya habido en la Iglesia, algo sin precedentes: un cisma "oficial", es decir, llevado a cabo desde las más altas jerarquías y desde el mismo Vaticano, un cisma al cual, de hecho, adhieren alegremente casi todos los obispos del mundo.

Se trata de un cisma, estamos asistiendo a la evolución de un cisma que se está produciendo en la Iglesia. Le llamamos cisma, porque carece de todo vínculo con la Tradición Apostólica, constituye algo inaudito e injustificable, la existencia de un Concilio Ecuménico y dos Pontificados inspirados en la desacralización.

Por encima de cualquier análisis doctrinario sobre las herejías que sutilmente, o no tan sutilmente, se ocultan en los documentos y manifestaciones públicas ds las más altas jerarquías eclesiásticas de prácticamente todo el orbe, es evidente que el Concilio Vaticano II ha instalado un espíritu, y ha suscitado tendencias que están dirigidas hacia la DESACRALIZACIÓN de la Iglesia, y hacia la DESMITIFICACIÓN de la Fe.

Las reformas de los ritos, de la disciplina eclesiástica, de la exposición de la doctrina, y prácticamente todo cuanto se ha modificado en la vida cristiana desde el Concilio Vaticano II, con Juan XXIII y con Paulo VI, se encuentra inspirado en aquellas tendencias.

Y bien se ha dicho que, en el fondo, todo cisma siempre importa una herejía.

En este caso, sin duda, se trata de la herejía modernista, condenada por San Pío X como SÍNTESIS DE TODAS LAS HEREJÍAS. Es la herejía modernista que, a partir del Vaticano II, domina el cuerpo visible de la Iglesia, y pretende la configuración paulatina de una nueva iglesia, la "iglesia conciliar", una iglesia nueva, ecuménica, que comprenda todas las religiones, una iglesia nueva para el hombre nuevo. Por eso, Paulo VI decía que el Vaticano II es más importante que Nicea, y por eso también, cuando Mons. Benelli (a quien los diarios señalan como "papable") se dirigía a Mons. Lefebvre, le pedía acatamiento a la "iglesia conciliar", no a la Iglesia Católica, sino a la "iglesia conciliar", que es la nueva iglesia cismática y herética que se va formando a partir del Vaticano II. Se trata de una nueva iglesia, acomodada a todas las tendencias liberales, promotora y protectora del marxismo, aliada y colaboradora de todas las fuerzas anticristianas que dominan el mundo moderno.

Y volvemos al interrogante: ¿Hasta qué punto estos cardenales profesan la Fe Católica? El Cardenal Aramburu acaba de declarar que el sucesor de Paulo VI deberá profundizar el "aggiornamento". En otros términos: el sucesor de Paulo VI deberá PROFUNDIZAR la autodemolición.

SEGUNDO INTERROGANTE. ¿LOS CARDENALES HAN ADMITIDO, HAN COLABORADO, HAN PROMOVIDO LA AUTODEMOLIC1ON DE PAULO VI? TODO PARECE INDICAR QUE SU RESPONSABILIDAD ES ENORME.

Entonces, ya se ha llegado a un punto en el cual, como católico fiel, uno tiene derecho a exigir, tiene el deber de exigir, EXIGIR LA FE.

En el estado actual de cosas, esta exigencia debe ser muy concreta y específica. Los católicos EXIGIMOS LA FE, a los cardenales que se reunirán en cónclave, con el derecho que nos otorga nuestro Bautismo. EXIGIMOS lo siguiente:

 

1º) Que proclamen claramente y sin ambigüedades, y si ellos comulgan o no con la FE CATÓLICA, entendiéndose por tal a la Fe en Nuestro Divino Señor Jesucristo, Verbo eterno de Dios hecho hombre, verdadero Dios y verdadero hombre, que en la plenitud de los tiempos, cuando imperaba César Augusto y reinaba Heredes, se encarnó, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, en las purísimas entrañas de María, Madre de Dios, y que esta Fe debe ser profesada tal y como fue definida solemnemente por los Sagrados Concilios de Nicea (325), Efeso (431), Calcedonia (451), y los tres primeros de Constantinopla (381, 553, 680), debiendo, además, quedar enteramente claro que éste es el Cristo Dios y Señor nuestro, y no otro.

2°) Que proclamen claramente y sin ambigüedades, si ellos comulgan o no con la FE CATÓLICA sobre la Santa Misa, tal y como fue definida solemnemente por el Sagrado Concilio de Trento, es decir, como la renovación del mismo SACRIFICIO PROPICIATORIO DE LA CRUZ, en la cual renovación, por el misterio de la TRANSUBSTANCIACION, las especies del pan y del vino se convierten verdadera, real y substancialmente, en el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, el mismo Verbo eterno de Dios que por obra y gracia del Espíritu Santo se encarnó en las purísimas entrañas de María, y no otro.

3º) Que proclamen claramente y sin ambigüedades, que ellos rechazan y no se encuentran en comunión con la doctrina y el espíritu del Concilio Vaticano II, ni con el "Novus Ordo Missae" promulgado por Paulo VI mediante la llamada Constitución "Missale Romanum".

TERCER INTERROGANTE. ¿SI EN EL COLEGIO DE CARDENALES NO EXISTIERA LA FE CATÓLICA, PODRÍAN ELEGIR VERDADERAMENTE UN PAPA?

EN TANTO Y EN CUANTO LOS CARDENALES QUE SE REÚNEN EN EL CÓNCLAVE NO PROCLAMEN AFIRMATIVAMENTE, DE UN MODO CLARO Y SIN AMBIGÜEDADES, ESTOS TRES PUNTOS SUBSTANCIALES, EN EL ESTADO ACTUAL DE COSAS EN LA IGLESIA, NOSOTROS TENEMOS DERECHO A PENSAR QUE ELLOS NO PROFESAN LA MISMA FE CATÓLICA QUE NOSOTROS RECIBIMOS EN EL BAUTISMO, Y QUE TIENEN LA VOLUNTAD, CONCIENTE O NO, DE CONFORMAR OTRA IGLESIA, UNA IGLESIA NUEVA, CON UNA FE DISTINTA DE AQUELLA EN LA QUE NOSOTROS FUIMOS BAUTIZADOS.

SÓLO EN TANTO Y EN CUANTO LOS CARDENALES QUE SE REÚNEN EN EL CONCLAVE PROFESEN LA MISMA E IDÉNTICA FE QUE NOSOTROS RECIBIMOS EN EL BAUTISMO, PODREMOS CONSIDERAR QUE ELIGEN A UN PAPA CATÓLICO, LEGITIMO, INCUESTIONABLE. SI NO, NO.11

Seguramente, con la muerte de Paulo VI, comienza para nosotros una lucha que será cada vez más dura y difícil. Debemos afrontarla con toda la prudencia y firmeza que Dios quiera concedernos, sostenidos por la Fe inconmovible de la única y verdadera Iglesia Católica Apostólica y Romana en la que fuimos bautizados.

La Fe, sostenida por la gracia, perdurará hasta el fin de los tiempos, y allí donde se encuentre la Fe estará la Iglesia, allí estará el poder del Padre, los infinitos méritos del Hijo, la asistencia del Espíritu Santo, y allí estará la dulce gracia de María, Madre, Reina y Señora nuestra queridísima a cuyo Inmaculado Corazón recurriremos en todo momento. Porque Ella dijo:

"POR FIN MI INMACULADO CORAZÓN TRIUNFARA".

JURE SACRO: TELEGRAMA IMPUGNANDO EL CÓNCLAVE QUE SE IBA A REUNIR A LA MUERTE DE MONTINI

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FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA NÚMERO VI