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NUESTRA SEÑORA DEL SANTÍSIMO ROSARIO DE LA RECONQUISTA y DEFENSA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES


12 de agosto de 2017 - Esta imagen ha estado desde siempre en la Basílica del Ssmo. Rosario -Convento de Santo Domingo- de Buenos Aires. No es posible hablar de Ella sin referirse a la victoria de Nuestra Señora sobre las invasiones inglesas. Para ello extractamos la siguiente relación de "La Virgen Generala" del R. P. Cayetano Bruno S.D.B..


NUESTRA SEÑORA DEL SANTÍSIMO ROSARIO DE LA RECONQUISTA y DEFENSA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

EL VOTO DE LINIERS

   La noticia disipa dolorosamente todas las incertidumbres: los ingleses "han desembarcado esta tarde por los Quilmes en número de más de mil hombres", anuncia un comunicado de 25 de junio de 1806.

   Pocas esperanzas podían alimentar los pacíficos moradores de la Ciudad virreinal. y aun estas debieron perderlas luego, al imponerse de que las milicias mal equipadas y peor instruidas de D. Pedro de Arce, que debían resistir eficazmente el desembarco, se habían desbandado sin combatir frente a la columna expedicionaria del mayor general Guillermo Carr Beresford.

   Buenos Aires está desmantelada. No hay en ella ni tropas ni municiones para una acción seria de conjunto contra el invasor.

   La serie de documentos históricos publicados al través de estos años y los muchos inéditos que existen en los repositorios públicos y privados, evidencian que "no pueden ser recordados con fidelidad y exactitud histórica" los sucesos de 1806 y 1807, sin mencionar el arranque de fe sincera que llevó a su héroe y pueblos del Virreinato a ampararse bajo el manto de María.

   Las circunstancias del voto de Liniers se hallan consignadas, con fecha 25 de agosto de 1806, en el Libro de Actas de la Cofradía del Santísimo Rosario que tiene asiento en la Iglesia de Santo Domingo.

   Había decaído lastimosamente el culto religioso en el histórico templo por la prohibición de exponer el Santísimo durante las funciones de la Cofradía y efectuar por las calles la procesión acostumbrada con el Señor Sacramentado. Los soldados protestantes ingleses habrían provocado disturbios y grescas enfadosas que era bien prevenir. Por lo que el domingo 1 de julio se oficiaba una sola Misa cantada sin manifiesto. A ella concurrió LinIers.

   El Reconquistador "que ha manifestado siempre su devoción al Santísimo Rosario -expone textualmente el acta recién mencionada-, se acongojó al ver que la función de aquel día no se hacía con la solemnidad que se acostumbraba: Entonces conmovido de su celo, pasó de la iglesia a la celda prioral, y encontrándose en ella con el Reverendo Padre Maestro y Prior fray Gregorio Torres, y el Mayordomo primero, les aseguró que había hecho voto solemne a Nuestra Señora del Rosario (ofreciéndola las banderas que tomase a los enemigos) de ir a Montevideo a tratar con aquel Sr. Gobernador sobre reconquistar esta Ciudad, firmemente persuadido de que lo lograría bajo tan alta protección. .."

   Concuerda este relato con el oficio que el apoderado de Liniers en Córdoba, Francisco Antonio Letamendi, envió al Prior del convento de Santo Domingo de dicha Ciudad el 19 de setiem- bre de 1807:

   "En la iglesia de Predicadores de la Capital -atestigua- se confirmó (Liniers) en el plausible proyecto de reconquistarla por un impulso de religión, cual fue observar que el primer domingo de julio de 1800 no saliese la procesión acostumbrada que se hace al Redentor Sacramentado por evitar los ultrajes de los herejes que dominaban".

   Y añadía este rasgo que acreditaba la piedad sincera del futuro Virrey y su propósito irrevocable de interesar a la Madre de Dios en la arriesgada campaña que iba a acometer:

   "Desde entonces también me encargó que todos los días, a su nombre y expensas, se ofreciese el santo sacrificio de la Misa por medio de Nuestra Señora del Rosario en su propio templo y altar por el feliz éxito de su empresa..."

   ¿Esperaba tan solo Liniers? En verdad tan seguro se hallaba de la victoria, gracias a la protección de la Reina del Rosario, que ya la daba por lograda. Así lo manifestó el 8 de agosto a su apoderado en Córdoba, Francisco A. Letamendi, al recomendarle que la Misa diaria que se ofrecía por su intención en el altar de la Virgen "el siguiente día sábado se cantase solemnísima, y que no dudase de la victoria".

   Mientras se aprestaban los patriotas a borrar del Plata el desaire de la conquista, las familias de Buenos Aires, recatadas en la penumbra de las viejas casonas apenas iluminadas por lámparas votivas; confiaban sus esperanzas a la Augusta Virgen, que desde la hornacina presidía la vida hogareña.

   Es, un hecho notorio que mientras los ciudadanos apuntaban el fusil al pecho de sus agresores, el poder de la plegaria se dirigía al Cielo en las avemarías del rosario, por las comunidades religiosas en sus monasterios, y por las familias en el hogar doméstico, oyéndose sus ecos en todas las calles"...

   Con pluma galana y ágil Arturo Capdevila ha evocado la emoción de aquellas noches de invierno pobladas de preces en los recios caserones de la "gran Aldea":

   "Entonces la grey católica, que es toda Buenos Aires, se refugia en el rosario. El prior de los dominicos, fray Gregorio Torres, que sabe ya de la encendida promesa de Liniers a la Virgen, insta de seguro a los cofrades a secundarla con la devoción que le es más grata. Y ella se cumple en cada casa. Y tarde a tarde, a la hora de la salutación angélica, mientras repican las campanas, empieza en todas las casas el Dios te salve, María. Los oficiales ingleses ya lo saben. Hay una hora en que toda la familia, bajo cuyo techo habitan, se reúne en algún gran aposento a corear una plegaria. Oyen el vocerío de aquel rezo y prefieren salir. Comprenden que están de más...

   "Y el Ave, María, suena en todo hogar, en la íntima, en la santa congregación de la familia; de la familia toda -ancianos, jóvenes, niños, amos y esclavos- postrada ante el conveniente altarcillo del gran crucifijo, delante del fanal en que está la imagen de bulto de la Santa Señora ...

   "No sospechan los ingleses lo que vale este conjuro de fe, no presumen qué formidable fuerza social se despliega en esos místicos ecos:... Y como quiera que todos ven en los ingleses -aunque ellos juren lo contrario- los naturales enemigos de Nuestra Señora, y los que no creen en Ella y la reniegan. Ella es ante todo la Ofendida, la Agraviada más que la misma Ciudad, más que su propia historia gloriosa, con la ocupación de Beresford y los demás herejes. A Ella, se vuelve Liniers y le promete las banderas que arrebate al enemigo; a Ella se vuelve, a lo San Ignacio, para pelear con el blasfemo, todo hombre de ánimo caballeresco; a Ella se vuelven allí, en el salón del Rosario, las miradas de todos en el fervor de 1a letanía.

   -Santa María, ora pro nobis..."

   El 10 de agosto, previa Misa de campaña, ocupó Liniers los Corrales de Miserere ( hasta hace poco plaza Once) al oeste de la Ciudad. Desde allí intimó la rendición de Beresford. La respuesta de éste denotaba inquietud: "Me defenderé hasta el caso que me indique la prudencia".

   Aquel ejército extraño en que hombres, mujeres y niños fraternizaban con la tropa para facilitar su movimiento, más parecía una cruzada medieval que un cuerpo de milicia reclutado en tierra de Indias.

   Muchos pechos lucían el Santo Escapulario como piadoso distintivo y segura defensa. Sabíalo Beresford, y, muy pagado de sus soldados y cañones, hubo de exclamar más de una vez -refiere un testigo-... ( que) "deseaba avistarse con la gente del Escápu lario".

   Aún la enseña guerrera no podía ser más apropiada para aquellos varones intrépidos que luchaban por su Patria y por su fe. Contituíala el estandarte de la cofradía del Santísimo Sacramento establecida en la Catedral, que llevaba a un lado una gran custodia bordada en oro, y al otro el escudo de armas de Buenos Aires pintado al óleo. .."

   Amaneció por fin el 12 de agosto de 1800. Ya eran 2.000 hombres, que acorralaban a los invasores, y todo un vecindario enardecido que aprestaba cuantos materiales disponibles hallaba a la mano para asegurar la victoria.

   Amparado por la neblina, a las 10 de la mañana, el ataque se generalizó por las calles fronterizas de la plaza Mayor. Los ingleses debieron desalojar los pórticos de la Catedral y los edficios vecinos a la plaza. Las tropas que guarnecían el Cabildo cedieron al fin. También las de la Recova Nueva, que se replega ordenadamente hacia el arco grande de la Recova Vieja, desde donde Beresford dirigía el fuego protegido por los baluartes del Fuerte. Pero ya era una ola humana que se rebullía por calles y azoteas estrechando a los regimientos ingleses. Beresford, impávido, mantuvo sus posiciones hasta que vio caer junto a sí, herido de muerte, a su ayudante Kennet. Sólo entonces ordenó la retirada a los reductos del Fuerte, desde cuyas alturas siguió resistiendo todavía. Pero fue por breve tiempo. Acosado por tropas y pueblo con toda suerte de armas y utensilios, no vio el General inglés otra solución que rendirse. Por lo que a mediodía enarbolaba bandera de parlamento.

   Al mencionar el botín de la victoria recordó Liniers su voto: "Además les hemos tomado 26 cañones y 4 obuses (y) las banderas del regimiento 71, las que yo tenía votadas a Nuestra Señora del Rosario".

CELEBRACIÓN DE LA VICTORIA
LA OFRENDA DE LINIERS A NUESTRA SEÑORA

   El entusiasmo popular se volvió incontenible, desbordante ... No era para menos, El Cielo se había mostrado propicio. La virgen del Rosario añadía nuevo florón inmarcesible a sus glorias pasadas. La convicción de que Dios Nuestro Señor, por intercesión de la Virgen Madre, se había declarado ostensiblemente por las armas patriotas, se echa de ver en una serie de documentos contemporáneos a la época que historiamos.

   La gran función, empero, se realizaría en Santo Domingo el día 24 de ese mismo mes de agosto. El Reconquistador iba a ofrendar a la Virgen del Rosario cuatro banderas tomadas al enemigo y a testimoniar públicamente que a Ella correspondía por justicia la gloria del triunfo. El libro de Actas de la Cofradía consigna este homenaje: 

   "Agradecido (Liniers) por los favores que le dispensó María Santísima del Rosario en todas las acciones, y en cumplimiento de su promesa, el día 24 de dicho mes de agosto, obló con una solemnísima función... las cuatro banderas, dos del regimiento número 71, y dos de Marina, que tomó a los ingleses, confesando deberse toda la felicidad de las armas de nuestro amado Soberano al singular y visible patrocinio de Nuestra Señora del Rosario o de las Victorias".

   Recuerda Ambrosio Funes que se celebró "con éste objeto una de las más suntuosas funciones de que ha sido espectador" el pueblo de Buenos Aires. Según apuntamos más arriba, el dominico fray José Ignacio Grela cantó los méritos de la Augusta Reina y los de su fiel siervo el Jefe victorioso.

   La Misa concluyó con "solemne Tedeum que entonó el Ilustrísimo Obispo, postrado un mundo de gente a los pies de la dei Santísimo Sacramento... El estruendo de la artillería apostada a los cuatro frentes de la plaza respondió con tres. descargas".

   El tiempo no ha borrado la suave emoción de aquellos días. La Virgen del Rosario que recibía el homenaje alborozado de sus hijos en jornada de piadoso reconocimiento, sería desde entonces "la Virgen. de la Reconquista" y había de ser en breve también "la Virgen de la Defensa" de la altiva Ciudad virreinal, que en una encrucijada de su historia supo para buena fortuna de las futuras Provincias Unidas cobijarse bajo su manto de Reina.

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HISTORIA ARGENTINA