CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

Revista Roma N° 96 - Octubre de 1986
CRISTO REY


Solemnidad de Cristo Rey

El Papa Pio XI, el Año Santo de 1925, instituyó la fiesta litúrgica de Cristo Rey, asi —decia en la Enciclica Quas Prim as [1]. — "se celebrará y se exaltarä la gloria de Aquel que triunfa en todos los santos y elegidos".

Pues "en sentido propio hay que atribuir a Jesucristo hombre el título y la potestad de rey; pues sólo como hombre se puede afirmar de Cristo que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino [2], ya que como Verbo de Dios, identificado sustancialmente con el Padre, posee necesariamente en común con el Padre todas las cosas, y por lo tanto, también el mismo poder supremo y absoluto sobre toda la creación" [3].

Sigue diciendo el Papa que siempre que tuvo ocasión, Cristo se atribuyó el titulo de Rey. Así "cuando el hijo del hombre vuelva en su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará sobre su trono de gloria y todas las naciones serán congregadas delante de El, y separará a los hombres, unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los machos cabríos. Y colocará las ovejas a su derecha, y los machos cabríos a su izquierda. Entonces el rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo" [4],

Todo fue creado por Cristo, en Cristo y para Cristo

Y llegándose [a los discípulos, el Evangelio así nos lo narra] Jesús les habló, diciendo: «Todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra...»" [5].

Esta potestad, honor y reino de Cristo, Hijo del Hombre, sobre toda la creación, ángeles, hombres y seres materiales, los refirma San Pablo, en especial en las Epístolas de la Cautividad.

Así (escribe a los Efesios: "Bendito sea Dios y Padre de Nuestro Se­ñor Jesucristo, que en Cristo nos bendijo con toda bendición espiritual, haciéndonos conocer el misterio de su voluntad; el cual consiste en la benevolencia suya, que se había propuesto realizar en aquél en la dispensación de la plenitud de los tiempos: reunirlo todo en Cristo [6] las cosas de los cielos y las de la tierra"... "Conforme a la eficacia de su poderosa virtud, que obró en Cristo resucitándolo de entre los muertos, y sentándolo a su diestra en los cielos por encima de todo principado y potestad y poder y dominación y sobre todo nombre que se nombre, no sólo en este siglo, sino también en el venidero. Y todo lo sometió bajo sus pies…”[7]

A los Filipenses: "Cristo Jesús [...] siendo su naturaleza la de Dios, no miró como botín el ser igual a Dios, sino que se despojó a sí mismo, tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Y hallándose en la condición de hombre se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. Por eso Dios le sobreensalzó y le dio el nombre que está sobre todo nombre, para que toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra se doble en el nombre de Jesús, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre." [8]

Y a los Colosenses: "El [Cristo] es la imagen de Dios invisible, el primogénito de toda creación; pues por El fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las que están sobre la tierra, las visibles y las invisibles, sean tronos, sean dominaciones, sean principados, sean potestades. Todas las cosas fueron creadas por medio de El y para EL Y Él es antes de todas las cosas, y en El subsisten todas'' [9].

"El sagrado concilio de Nicea definió y proclamó como dogma de fe católica la consubstancialidad del Hijo unigénito con el Padre y afirmó además la real dignidad de Jesucristo al incluir en su Símbolo o fórmula de fe aquellas palabras: cuyo reino no tendrá fin" [cuius regni non erit, finis] [10].

El mismo Símbolo o Credo antes dice: per quem omnia facta sunt, "por quien todas las cosas fueron hechas",

Jesucristo Nuestro Señor es pues, evidentemente, la razón de ser del mundo: todo lo proclama, el Evangelio, San Pablo, etc.

Un solo Señor, Jesucristo, por quien han sido
hechas todas las cosas, y nosotros por El
(I Cor. 86)

''San Cirilo de Alejandría describe acertadamente el fundamento de esta dignidad y de este poder de nuestro Señor: «Posee Cristo el poder supremo sobre toda creación, no por violencia ni por usurpación, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza.» [11] Es decir, la autoridad de Cristo se funda en la admirable unión hipostática. De donde se sigue que Cristo no sólo debe ser adorado como Dios por los ángeles y por los hombres, sino que, además los ángeles y los hombres deben sumisión y obediencia a Cristo en cuanto hombre; en una palabra, por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad sobre la creación universal."

Por El y para El fueron creados los ángeles y los hombres.

Así el cuerpo del hombre. Dice San Francisco de Asís: ''Considera ¡oh hombre! en cuan alta dignidad te puso Dios, pues te crio y formó a imagen de su muy amado Hijo según el cuerpo y a semejanza suya, según el espíritu."[12]

Así el matrimonio. Pues "teniendo el matrimonio a Dios por autor y habiendo sido desde el principio sombra y figura [adumbratio] de la Encarnación del Verbo Divino, por esto mismo tiene un carácter sagrado, no accidental sino ingénito, no recibido por los hombres, sino impreso por la misma naturaleza"[13]

Por todo ello, afirma Pío XI en Quas Primas [14] "incurriría en un grave error el que negase a la humanidad de Cristo el poder real sobre todas y cada una de las realidades sociales y políticas del hombre, ya que Cristo como hombre ha recibido de su Padre un derecho absoluto sobre toda la creación, de tal manera que toda ella está sometida a su voluntad" [...] "Por tanto, la autoridad de nuestro Redentor abarca a todos los hombres; extensión bien declarada por nuestro predecesor, de inmortal memoria, León XIII con las siguientes palabras, que hacemos nuestras: «El poder de Cristo se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que, por haber recibido el bautismo, pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende también a cuantos no participan de la fe cristiana, de tal manera que bajo la potestad de Jesús se halla todo el género humano.» [15] Y en esta extensión universal del poder de Cristo no hay diferencia alguna entre los individuos y el Estado, porque los hombres están bajo la autoridad de Cristo, tanto  considerados  individualmente   como   colectivamente   en   sociedad.

Cristo es, en efecto, la fuente del bien público y del bien privado. En ningún otro hay salvación, pues ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos [16]. Él es el dador de la prosperidad y de la felicidad verdadera a los indivi­duos y a los Estados, «porque la felicidad del Estado no procede de dis­tinta fuente que la felicidad de los ciudadanos, ya que el Estado no es otra cosa que el conjunto concorde de los ciudadanos».[17]

María, Reina y Señora de todo lo creado

Dicen los santos que "todo lo que corresponde a Dios por naturaleza corresponde a María por gracia".

Como su Hijo, el Hombre-Dios, ella tiene pues la "potestad, el honor y el reino", sobre toda la creación.

Dios, en el decreto de su predestinación, ''la quiso reina porque la quiso madre" [18] del Verbo Encarnado.

Y la Iglesia le aplica en su liturgia lo que dicen los libros de la Sabiduría: ''Salí de la boca del Altísimo, yo primogénita de toda creatura" (Eccli. 24,5); "Criada fui desde el principio y antes de los siglos y en el santuario delante de Dios ejercí mi ministerio" (Eccli. 24,14-16), "El Señor me tuvo consigo en el principio de sus obras, desde el comienzo, antes que crease cosa alguna. Desde la eternidad fui predestinada y antes que fuese hecha la tierra. Aún no existían los abismos y yo había sido ya concebida... Con Él estaba yo concertándolo todo" (Prov. 8, 22-30).

Es así, por razón de su excelencia y de su potestad sobre ellos, Reina de los Ángeles, Regina Angelorum.

"Por otra parte, ¿hay realidad más dulce y consoladora para el hombre que el pensamiento de que Cristo reina sobre nosotros, no sólo por un derecho de naturaleza, sino además por un derecho de conquista adquirido, esto es, el derecho de la redención?" [19]

Derecho que se extiende a la Corredentora, estrechamente unida al Redentor.

La madre del autor de la gracia es, como madre y como reina, la madre de la Divina Gracia, Mater Divinae Gratiae, la Medianera universal de Todas las Gracias, el Corazón del Cuerpo Místico.

Así dice San Buenaventura [20]: "Toda la gracia que se derramó en los mismos (Patriarcas, Profetas y Apóstoles), de Ella y por Ella tuvo principio"

Frente al laicismo moderno:
¡CRISTO REY!

Hace sesenta años Pío XI denunciaba al laicismo imperante en la vida social y política contemporáneas [21]: "Calificamos como enfermedad de nuestra época el llamado laicismo, sus errores y sus criminales propósitos; sabéis muy bien, venerables hermanos, que esta enfermedad no ha sido producto de un solo día, ha estado incubándose desde hace mucho tiempo en las entrañas mismas de la sociedad. Porque se comenzó negando el imperio de Cristo sobre todos los pueblos; se negó a la Iglesia el derecho que ésta tiene, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, de promulgar leyes y de regir a los pueblos para conducirlos a la felicidad eterna. Después, poco a poco, la religión cristiana quedó equiparada con las demás religiones falsas e indignamente colocada a su mismo nivel; a continuación se ha visto entregada a la autoridad política y a la arbitraria voluntad de los reyes y de los gobernantes. No se detuvo aquí el proceso; ha habido hombres que han afirmado como necesaria la substitución de la religión cristiana por cierta religión natural y ciertos sentimientos naturales puramente humanos." [22]

Frente a ello, después de describir los males de la sociedad moderna, había dicho: "Si ahora ordenamos a todos los católicos del mundo el culto universal de Cristo Rey, remediaremos las necesidades de la época actual y ofreceremos una eficaz medicina para la enfermedad que en nuestra época aqueja a la humanidad."[23]

Y así "cuanto mayor es el indigno silencio con que se calla el dulce nombre de nuestro Redentor en las conferencias internacionales y en los Parlamentos, tanto más alta debe ser la proclamación de ese nombre por los fieles y la energía en la afirmación y defensa de los derechos de su real dignidad y poder."

Mas hoy día el laicismo impera no sólo en los Estados y en la mente de los hombres políticos, sino contamina a los hombres de Iglesia.

"Hoy la vorágine de la desacralización va barriendo de la faz de la tierra, entre tantas cosas que hablan del cielo, también la Realeza Social de Jesucristo. Y la nueva liturgia, de acuerdo con la nueva iglesia, pretende superar la Soberanía del Divino Salvador con la soberanía de los derechos humanos, intangibles, aun cuando culposamente adhieren al error; pues hoy se colocan oficialmente, lado a lado, la Palabra de Dios y la mentira humana para colaborar al bienestar del hombre.   Decididamente, aproxímase el fin de los tiempos, cuando la propia Escritura pregunta si el Hijo del Hombre encontrará aún Fe sobre la tierra."[24]

La paz de Cristo en el reino de Cristo

Pocos años después de la primera Guerra Mundial el Papa Pío XI dedica una encíclica, Ubi Arcano, a desarrollar este tema de la paz, y muestra cómo el mundo la busca pero no la va a encontrar fuera de Cristo. Y en ella, lo mismo que en Quas Primas, predice la próxima guerra mundial. Así dice: "Los hombres y los Estados, alejados de Dios, corren a la muerte impulsados por el odio y las guerras civiles." [25]

Hoy vemos que no son ya los Estados laicizados, sino que el mismo Pontífice Juan Pablo II convoca a todas las religiones del mundo a orar por la paz en Asís, el próximo 27 de octubre.

Esta "paz" que piden no es la paz de Cristo en el reino de Cristo.

Cada religión invocará a su Principio Supremo, sea éste el que sea. Dijo Nuestro Señor: "La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo.'' [26]

Pero de esta "paz" que pide el mundo dice San Pablo: "Pues cuando estarán diciendo: Paz y seguridad, entonces los sobrecogerá de repente la ruina" [27] Y Jeremías Profeta: "Esperamos la paz y este bien no vino, el tiempo de la curación y he aquí el terror "28]

Cuando las naciones y los corazones están lejos de Cristo Rey, si tienen "paz" es una tranquilidad en el desorden: la "paz" en el divorcio, la anticoncepción y el aborto legalizados, los derechos humanos, el respeto por igual a todas las religiones, la laicidad de los Estados, La autoridad fundada no en Dios sino en la voluntad popular (en principio que no en los hechos), etcétera.

Las naciones en que imperan esos falsos principios, si hay prosperidad material y un falso orden, si los trenes funcionan bien, los teléfonos andan, las leyes de los hombres se cumplen y sólo se violan las leyes de Dios, ¿cómo se convertirán, si las almas quedan adormecidas por aquél falso orden humano? ¿Cómo entenderán esas prósperas naciones las bienaventuranzas? ¿Cómo entenderán ellas —que tienen todo menos hijos— el "bienaventurados los pobres..."? ¿O "bienaventurados los que lloran", si ellas ríen dando libertad a sus pasiones, y muy seguras de sí dan lecciones a los demás?

Ya que no impera Cristo Rey, mejor es que no funcionen bien las instituciones de los hombres —como en nuestro país—, añadidura engañosa que nos hace olvidar el "hambre y sed de la justicia" de Dios.

Leímos recientemente que debido a la catástrofe de Chernobyl, en Ucrania la gente reza y llena las iglesias. Ellos sufren y saben la crueldad de sus satánicos jefes y eso los lleva a buscar a Dios y no a poner su esperanza en los logros de la "civilización moderna".

El Padre Vallet, hace cuarenta años, ante este mundo moderno decía: "¿Qué sentido tiene la perduración de un mundo apóstata?"

Como esta "paz" no es verdadera, está en un equilibrio inestable, no puede durar.

¡María, Reina de la Paz, danos la paz que no puede dar el mundo! ¡Y danos el padecer persecución por causa de la justicia!

¡CHRISTUS VINCIT!
¡CHRISTUS REGNAT!
¡CHRISTUS IMPERAT!

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

ÍNDICE DEL N° 96

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[1] B.A.C. Doctrina Pontificia, II Documentos políticos, Madrid, 1958, p. 514.
[2] Dan. 7, 3-14
[3] Enciclica Quas Primas, ed. cit., p. 497.
[4] Mt. 25, 31-34.
[5] Mt. 28, 18.
[6] Ef. 1, 3, 9-10, 19-22
[7] Comenta Straubinger: "¡Reunirlo todo en Cristo! (así el Crisóstomo y muchos modernos). Otros vierten: recapitular orestaurar... Así Cristo es, tanto en el mundo cósmico cuanto en el sobrenatural centro y lazo de unión viviente del universo, principio de armonía y unidad (D´Ales)."
[8] Fil. 2, 5-11.
[9] Col. 1, 15-17.
[10] Enciclica Quas Primas, edic. cit., pp. 495-6.
[11] S. Cirilo de Alejandría, in Le. x, PG 72, 666.
[12]S. Francisco de Asís. Avisos espirituales, C. V; Obras completas, ed. BAC,  p. 35.
[13] León XIII, Arcanum Divinum Sapientiae, Ed. Guadalupe, Bs. As., 1963, t. I, p. 249; y Pío XI, Casti Connubii, misma edic, p. 1250.
[14] Ed. cit. pp. 503-4.
. [15] Annum Sacrum, 25-V-1889.
[16] Act. 4, 12.
[17] S. Agustín, Epist. ad Macedonium c. 3; PL 33, 656.
[18] Fray J. M. de Goycoechea O.F.M.,   ROMA   n^ 91-2, p.  82.
[19] Quas Primas, ed. cit., pp. 500-1.
[20]Obras Completas, En la Asunción de la B. Virgen María, Disc. I; Ed. B.A.C., Madrid. 1963, p. 689.
[21] Quas Primas, ed. cit., pp. 509-10.
[22] Todos los argumentos que se dan en nuestra patria, incluso por legisladores que se dicen católicos, a favor del divorcio, invocan estos "sentimientos naturales puramente humanos" frente al mandato de Cristo
[23] Quas Primas, ed. cit., p. 509.
[24] Mons. Antonio de Castro Mayer.   "Cristo Rey", en el Monitor Campista. año 148, n° 269, del 22-XI-1981.
[25] Quas Primas, ed. cit., p. 495.
[26] Jn. 14, 27.
[27] I Tes. 5, 3.
[28] Jer. 8, 15.