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Defendiendo nuestra fe

¿MURIERON REALMENTE SEIS MILLONES?


Richard Harwood

¿Murieron realmente seis millones?

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DEL PRÓLOGO DE LA OBRA

...las numerosas y cuidadosas investigaciones que llevé a cabo para dilucidar esta uestión, me han convencido ahora definitivamente de que esta alegación constituye no sólo una exageración, sino también una invención de la propaganda de postguerra.

Es absolutamente evidente que la propaganda basada sobre atrocidades reales o supuestas, no constituye una novedad. Se la encuentra en ocasión de cada conflicto del siglo XX y seguramente sucederá lo mismo en el futuro. Durante la primera guerra mundial se llegó a acusar a los alemanes de haberse comido niños belgas y haberse divertido arrojándolos al aire para recogerlos con la punta de las bayonetas. Igualmente afirmaron los ingleses que tas tropas alemanas habían montado una FÁBRICA DE RECUPERACIÓN DE CADÁVERES ¡donde hervían los cadáveres de sus soldados para extraer de ellos glicerina y otros productos! Los ingleses se retractaron sin embargo después de la guerra y el ministro inglés de Asuntos Exteriores se excusó públicamente en la Cámara de los Comunes de estos agravios al honor da Alemania, reconociendo que se trataba de propaganda de guerra. Después de la segunda guerra mundial no se ha efectuado ninguna confesión similar. De hecho, en lugar de apaciguarse con el tiempo, la propaganda basada en las atrocidades cometidas durante la ocupación alemana (particularmente la relativa a la forma en que los alemanes trataron a los judíos) no hizo sino aumentar en virulencia, refinando más y más su catálogo de horrores. Como un chorro continuo salen de las imprentas libros de bolsillo cuya lectura produce escalofríos, provistos de títulos siniestros, de manera que la mitología creada alrededor de los campos de concentración -sobre todo la historia de que no menos de seis millones de judíos fueron exterminados en esos campos- no hace más que crecer y embellecerse.

Las páginas que siguen demostrarán que esta alegación constituye la invención más colosal y la más lograda estafa que se haya visto jamás. Debemos sin embargo empezar tratando de contestar a una pregunta importante: ¿Por qué los relatos de atrocidades de la segunda guerra mundial se han hecho tan distintos a los de la primera? ¿Por qué se retractan las historias de la primera guerra, mientras que las de la segunda no hacen más que crecer y embellecerse?¿Es posible acaso que la historia de los seis millones de judíos tenga un propósito político y hasta que llegue a tratarse de una forma de chantaje político? En lo que concierne al pueblo judío, esta estafa le ha producido unos beneficios formidables. Todas las razas y todas las naciones tuvieron su parte de sufrimiento en la segunda guerra mundial, pero ninguna raza ni ninguna nación ha explotado su parte de sufrimiento en medida semejante a la de los judíos. La pretendida magnitud de la persecución de la cual fueron objeto los judíos, despertó rápidamente simpatías hacia la patria nacional judía por la que aquellos bregaban desde hacía tanto tiempo, el gobierno británico no hizo mucho, después de la guerra, para impedir la inmigración judía en Palestina no obstante haberla declarada ilegal, y no hubo que esperar mucho para que los
sionistas le arrancaran la Palestina con el propósito de crear allí su refugio contra las persecuciones: El Estado de Israel. Es verdaderamente asombroso constatar que el pueblo judío salió de la segunda guerra mundial ni más ni menos que en el carácter de minoría triunfante. El Dr. Max Nussbaum, ex gran rabino de la comunidad judía de Berlín, declaró el 11 de abril de 1953: “La posición que hoy ocupa en el mundo el pueblo judío es -a pesar de nuestras enormes pérdidas- diez veces más fuerte que hace veinte años”. Sí se quiere ser honesto, debe agregarse que la pretendida masacre de los seis millones -sin duda la más lucrativa alegación de atrocidad de todos los tiempos- contribuyó decididamente a fortalecer financieramente ese poder. El gobierno de Bonn ha desembolsado ya, a título de indemnización, la suma fabulosa de seis mil millones de libras esterlinas, tanto y principalmente a favor del Estado de Israel (¡que ni siquiera existía durante la segunda guerra mundial!), como de peticionantes judíos individuales.....