CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

UNA CARTA ABIERTA A FRANCISBERG
Dra. Randy Engel


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ATENCIÓN: Este tema es muy sórdido, repugnante y perturbador. La carta no debe ser leída por menores de edad, se refiere explícitamente a grandes vicios  


    La eminente Dra. Randy Engel, ha puesto toda su ciencia y vida al servicio de la Iglesia y movida por el amor al Cuerpo Místico de Cristo ha denunciado en varios de sus libros la pervertida homosexualidad y pederastia de los masones e iluminatis cuya ideología y depravación ha infectado a una parte del clero, tanto secular como religioso, en la Iglesia post-conciliar; entre sus trabajos destacan  sin fin de informes denunciando la Revolución Sexual de los 60’s que tiznó la iglesia conciliar y en especial, la manipulación y depravaciones sexuales de Alfred Kinsey para hacer su famoso informe; es, sin duda, la científica católica que más odios atrae sobre sí de los sodomitas useños y europeos ¡Todo un mérito! Ante Dios, claro.

    Recientemente, 9 de noviembre de 2013, ha escrito una carta  abierta al Papa Francisco con acusaciones graves a éste por su inoperancia sobre los sodomitas, su lenguaje y  sus declaraciones escandalosas: “Quién soy yo para juzgar (a los sodomitas)”, dijo Francisco; y además por haber nombrado a Mons. Ricca, mundialmente conocido por su pública y depredadora vida de sodomita, al frente del Banco Vaticano (IOR), sin que haya querido retirarle el nombramiento a pesar de que dicho escándalo ha sido advertido en las primeras páginas de casi todos los periódicos del mundo. La doctora pide la creación de una Comisión pontificia para la investigación de la homosexualidad en el clero y los seminarios, religiosos y seculares, para apartar a los pederastas de todo servicio religioso e impedir la entrada de homosexuales en los seminarios. Randy Rangel, movida por el amor a la Iglesia Católica, no deja de insistir a través de su escrito que es una plaga de la iglesia postconciliar, que es urgente extirpar.

ADVERTENCIAS

    El lenguaje de la doctora a la hora de describir las situaciones que claman al cielo no es hipócrita ni para ñoños melifluos, sino muy crudo y para católicos recios, por lo que aconsejamos a las personas demasiado susceptibles que no lean su carta; igualmente aconsejamos que no la lean todas aquellas personas que prefieren no ver la realidad del pecado contra natura y la perversidad de las conductas que se han instalado desde el Concilio Vaticano II entre algunos sacerdotes, obispos y cardenales para flagelar a Cristo, vida nuestra, con la consecuencia de la pérdida del tesoro de la Fe católica de  millones de bautizados; fe sin la cual nadie puede salvarse.

   Una última advertencia: Todo lo que la doctora dice está más que probado. Ahí les dejo la misiva traducida; sin duda alguna se puede mejorar la traducción, pero al final encontrarán un vínculo para quien desee leer el original en inglés, mucho más resuelto, si cabe. Mi apoyo a su denuncia e iniciativa.

Una carta abierta al Papa Francisco

Dra. Randy Engel

A su Santidad, el Papa Francisco
Palacio Apostólico
00120 Ciudad del Vaticano;Europa

Santidad:

         Es difícil saber cómo o por dónde empezar esta carta abierta sobre la necesidad de establecer una comisión papal de Investigación sobre la homosexualidad, la pederastia, y el “Lobby Gay” en la Iglesia Católica. Pero como tengo que comenzar por alguna parte permítame comenzar con la pregunta nº 21 planteada a usted por el periodista brasileño, Lize Scamparini, durante su primera rueda de prensa del 28 de julio 2013 a bordo del avión papal que le transportaba a Roma, al finalizar la Jornada Mundial de la Juventud, en Río. He aquí el diálogo publicado entre usted y Scamparini tocando los temas clave de esta misiva [1]:

Ilze Scamparini: Me gustaría pedirle permiso para hacerle una pregunta un tanto delicada: Otra noticia, también, ha dado la vuelta al mundo, que es la de Monseñor Ricca con informaciones sobre su vida privada; me gustaría saber, Santidad, ¿qué piensa hacer al respecto sobre esta cuestión? ¿Qué hará para hacer frente a este asunto y cómo piensa abordará Su Santidad la cuestión del lobby gay?
Papa Francisco: En cuanto a Monseñor Ricca, hice lo que prescribe el Derecho Canónico, que es la previa investigación. Y partiendo de ese investigación no se halló nada de lo que lo acusaban, no encontramos nada de eso. Esta es la respuesta.
Pero me gustaría añadir algo más sobre esto: veo que muchas veces en la Iglesia, fuera de este caso, pero también en este caso, van a buscar los pecados de juventud, por ejemplo, ¿no? Y esto se publica. No los delitos. Los delitos son algo más: el abuso de menores es un delito. Pero no los pecados.
Pero si una persona, laico o sacerdote o hermana, ha cometido un pecado y luego se ha convertido, el Señor lo perdona, y cuando el Señor perdona, el Señor olvida y esto es importante para nuestra vida. Cuando vamos a la confesión y reconocemos: “He pecado en esto”, el Señor lo olvida y nadie tiene derecho a no olvidar, porque se corre el riesgo de que el Señor no olvide nuestros [pecados]. Eso es un peligro.
He aquí algo importante: una teología sobre el pecado. Pienso muchas veces en San Pedro: Cometió uno de los peores pecados, que es negar a Cristo, y a pesar de este pecado fue nombrado Papa. Tenemos que pensar mucho en esto.
Pero, volviendo a su pregunta más concreta; en este caso hice una previa investigación y no encontré nada. Esto es  la [respuesta] a la primera pregunta.
Luego habló del lobby gay. ¡Quién sabe! Se ha escrito mucho del lobby gay. Todavía no he conocido a uno que me dé la tarjeta de identidad de “gay.” Dicen que existe.
Creo que cuando uno se encuentra con una persona como ésta, hay que distinguir el hecho de ser una persona gay del hecho de hacer un lobby, porque los grupos de presión no son buenos. Eso sí es malo.
Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿Quién soy yo para juzgarlo? El Catecismo de la Iglesia Católica explica esto de una manera muy hermosa, y dice, espera un poco: “Estas personas no deben ser marginados debido a esto, sino que deben ser integradas en la sociedad”.
El problema no está en tener esta tendencia; no. Tenemos que ser hermanos, porque este es uno, pero hay otros, y otros [problemas]. El problema es la tendencia a [constituirse] en lobby: el lobby de los avaros, lobby de los políticos, el lobby de los masones, tantos lobbies. Esto, para mí, es el problema más grave. Y le doy las gracias.

El lenguaje habla ”gay”

       Cuando leí por primera vez su respuesta a Scamparini, debo confesar que mi atención no se fijó enseguida en el escándalo Ricca, sino más bien en el hecho de que se utilizó el término “gay” o “personas gay” no menos de cinco veces.

     El 6 de junio de 2013, supuestamente hizo un comentario en privado a los miembros de la Confederación Latinoamericana de Religiosos y Religiosas, en el que afirmó la existencia de un “lobby gay”, en el Vaticano, pero el término más tarde se publicó entrecomillado [2]. No era tal el caso en esta ocasión. Debo asumir que su decisión desafortunada de usar el lenguaje políticamente correcto de habla gay fue deliberado. En tiempos normales, esta acción podría haber sido pasada por alto como un guiño y un asentimiento, pero en tiempos de guerra huele a traición y a corrupción.

       La guerra de la que hablo es la guerra que se libra por los fieles católicos y otros hombres y mujeres civilizados en todo el mundo contra las fuerzas de la perversión sexual organizada. Estas son las fuerzas de los enemigos de la cruz de Cristo, cuyo fin, como nos dice el Apóstol San Pablo “es perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terreno.” (Filp. 3, 17-19). El Colectivo Sodomítico, alias, el Lobby Gay, es consciente de que el control del lenguaje supone el control de la forma de pensar, ya que pensamos en términos de palabras. Las palabras parecen determinar los pensamientos que tenemos. Mediante el control del lenguaje, una especie de forma de condicionamiento pavloviano, es cómo el colectivo busca cambiar la forma dominante de ver la realidad.

        A diferencia de la palabra homosexual o el término más tradicional sodomita, la palabra “gay” es utilizada por el colectivo y sus simpatizantes para denotar una “resistencia conscientemente a los despliegues homofóbicos y heterosexuales de las relaciones de poder” [3]. Se trata de la tarea del colectivo Sodomita para transformar al homosexual o sodomita en un hombre “gay”, y para redefinir, controlar y hacer valer la auténtica identidad homosexual, el comportamiento y todos los demás aspectos de la vida “gay”.

“La homofobia” como ideología

      Ejemplo de ello es su correspondencia personal, escrita a mano, de junio de 2013, con el líder del grupo pro-homosexual italiano Kairos, con sede en Florencia.

      En su primera carta a usted,Kairós llamó a la apertura y el diálogo y señaló que el cierre de la discusión “siempre alimenta la homofobia” [4]. A pesar de que el texto oficial de su correspondencia no ha sido publicado, según el portavoz de Kairos, su carta contenía un saludo de bendición o bendición. Una segunda carta de la Secretaría de Estado del Vaticano confirmó que “le agradó mucho” la carta de Kairós, a pesar de que estaba plenamente ideologizada incluyendo lo que representa el uso de la palabra “homofobia”.

       Al igual que “gay”, el término “homofobia” es un constructo y un lema político exitoso en el arsenal del colectivo sodomita que ha adquirido una especial función al servicio de su poder.

      Según la cofundadora de New Ways Ministry [Nuevas formas de Ministerio], la Hermana Jeannine Gramick, que fue reducida al silencio por la Congregación para la Doctrina de la Fe (aunque nunca se llevó, de facto, a cabo el silenciamiento), por su promoción de la homosexualidad, la ”homofobia” se refiere a “cualquier juicio del sistema que acude a los mitos y estereotipos negativos sobre las personas gays y lesbianas” [5]. Gramick afirma que las raíces del “pecado de la homofobia” se encuentran en el dogmatismo religioso, familiar y sexual, incluida la creencia en la estructura de poder tradicional de la familia, es decir, un padre dominante, una madre sumisa y niños obedientes, “así como en las creencias religiosas tradicionales sobre las actitudes tradicionales hacia la mujer” [6].

       Así que, por favor, ilumíneme, Santo Padre, sobre cómo el uso de la palabra anti-vida y anti-familia, “homofobia”, que se encuentra en la carta de Kairos, no sólo se libró de la condena de su Santidad, sino que, además, la consideró digna de alabanza.

        Kairos, obviamente, montó una expedición de pesca ideológica y Ud. tontamente mordió el anzuelo. Al mismo tiempo, también se las arregló para socavar la autoridad de las enseñanzas de Mons. Giuseppe Betori, de Florencia, cuyo sentido ortodoxo y su sentido común católico le llevó, sabiamente, a negarse sistemáticamente a reunirse con los líderes de Kairos para que esta aventura no fuera interpretada por el público como un grado aceptación de la homosexualidad. Además, Mons. Betori ha defendido, públicamente, la prohibición de las ordenaciones [de sacerdotes] homosexuales y ha hecho de la defensa de la vida humana y de la familia tradicional su máxima prioridad.

     Yo creo que Ud. le debe al arzobispo Betori una disculpa pública.

     La conclusión es que Kairos entiende, y que al parecer Ud. no entiende, que en cualquier guerra, la estrategia verbal es tan importante como la estrategia militar. Este axioma establece que todos los combatientes de la Fe, sobre todo los de más alto rango, nunca deben usar el lenguaje del enemigo, salvo palabras puestas entre comillas o prologadas por alguien que las califique.

        Por su uso repetitivo y la aceptación del lenguaje gay usted se ha puesto en contra de las fuerzas de Cristo, y se alinea a sí mismo con el mundial “Lobby Gay.” Por el uso y la aceptación del lenguaje gay, ha validado y promovido la causa del Colectivo Sodomita en todo el mundo.

         No tiene nada de extraño que, el grupo pro-homosexual inglés Quest, haya elogiado el uso de la palabra “gay”, como “un momento de Pentecostés para la Iglesia, comparándola con la teofanía en que el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles después de la Ascensión de Nuestro Señor” [7].

         Mi consejo a usted es simplemente: “¡Basta ya!”

Homosexualidad, pederastia y Criminalidad

Pero me gustaría añadir algo más sobre esto: veo que muchas veces en la Iglesia, fuera de este caso y también en este caso, se acude al término de “pecados de juventud”, por ejemplo, ¿no? Y esto es publicado. No los delitos. Los delitos son algo más: el abuso de menores es un delito. No, los pecados.

       De este breve comentario solo, hecho durante su conferencia de prensa de 28 de julio, creo que se pueden sacar las siguientes conclusiones:

  • Usted no reconoce ninguna conexión entre la homosexualidad y la criminalidad, ni tampoco reconoce el vínculo histórico que vincula la homosexualidad con la pederastia, es decir, el abuso sexual de niños menores por varones adultos.

  • Usted muestra poco o ningún conocimiento de las profundidades de la depravación, la violencia y la degradación asociada con el acto de sodomía, conocida como la coyunda del Diablo por la Iglesia Católica de la Edad Media, como la negación de todos los valores morales por el Marqués de Sade, defensor y practicante de la perversión, y como el el vicio contra natura por el Doctor Angélico, Santo Tomás de Aquino.

  • Usted no parece demasiado preocupado con la metástasis, en todo el mundo, en el diaconado católico, el sacerdocio, los seminarios diocesanos, la vida religiosa, y la jerarquía, sobre la malignidad moral de este grave pecado que la Escritura nos dice que trajo la ira de Dios en forma de fuego y azufre caídos en las ciudades de Sodoma y Gomorra.

  • Y, por último, usted dice que no tiene intención en un futuro próximo de abanderar la lucha frente al desafío del colectivo sodomita en el ámbito secular, ni de limpiar los establos de inmundicias de sodomitas que habitan en la Curia, la jerarquía católica, las órdenes religiosas, y en el sacerdocio diocesano, y en los seminarios.

        Examinemos cada uno de estos cargos que comienzan con la desconexión que Sacamparini, obviamente, esperaba que saliera de la entrevista con usted,  entre el “pecado” privado de la homosexualidad y el “delito” de la pederastia.

La homosexualidad y la pederastia – Una conexión antigua y universal

 El término pedofilia es de origen relativamente reciente por haber sido acuñado en 1912 por el psiquiatra austro-alemán, profesor Richard von Krafft-Ebing, para describir una forma de perversión sexual o patología en la que un adulto, casi exclusivamente masculino, está eróticamente atraído por los niños y aun niños muy pequeños del mismo o diferente sexo [8].

     Por el contrario, la pederastia, derivado de la palabra griega paiderastes, literalmente, el amante de niños, es un término que se encuentra en los anales de la antigüedad y es entendido casi universalmente como referido a actos sexuales entre un hombre adulto y un adolescente varón o mujer cercanos a la pubertad.

     Hasta la década de 1980, los términos pederastia y pederastas con su evidente relación con la homosexualidad masculina fueron utilizados por la Iglesia y el Estado para definir las relaciones sexuales entre homosexuales adultos y niños menores de edad.

    Esta íntima relación entre la homosexualidad y la pederastia fue reconocida por los primeros Padres de la Iglesia de Oriente y Occidente, y por grandes santos como San Juan Crisóstomo (344? -407), que condenaron los deseos antinaturales y diabólicos de los sodomitas, especialmente de los pederastas que entraban en la iglesia a mirar con curiosidad lasciva a los jóvenes guapos [9].

     San Pedro Damián condenó específicamente la seducción a la juventud por parte de clérigos homosexuales en su tratado clásico sobre la homosexualidad y la pederastia titulado El libro de Gomorra escrito en 1049 [10]. Le sugiero que ponga este libro en la parte superior de su lista de lectura para volverlo a leer, o leer por primera vez, lo que creo más probable. Por favor, márquelo como urgente.

      El Manual de Teología Moral del dominico M. Plummer, OP (1866-1931), que sirvió de referencia estándar en cuestiones morales a generaciones de sacerdotes católicos y a confesores y seminaristas en la era pre-Vaticano II, enumera tanto la pederastia y el vicio contra la natura, como sinónimos de sodomía (525. 2.).

    Todavía en 1961, la Sagrada Congregación para los Religiosos continuó haciendo la conexión entre la homosexualidad y la pederastia como lo demuestra la doble referencia que se encuentra en la cuidadosa selección de documentos pre-Vaticano II para la formación de los candidatos a los estados de perfección y a las órdenes sagradas.

      La Sección 31 (4) aborda el tema de graves violaciones de la castidad en los candidatos a la vida religiosa, así: “Respecto de los votos religiosos y de la ordenación deben ser excluido aquellos que están afectados por malignas tendencias a la homosexualidad o a la pederastia, ya que para ellos la vida en común y el ministerio sacerdotal constituirían graves peligros “[11].

    Entonces ¿por qué, después de casi 2000 años, la Iglesia post-conciliar se decide abandonar la vinculación tradicional de la homosexualidad con la pederastia y adopta el término clínico de pedofilia?

      ¿Por qué lo hace, sino  para agradar y proteger al colectivo sodomita?

     Como era de esperar, el uso de una gimnasia verbal por parte de funcionarios católicos, con la intención de impedir que los laicos católicos y el público en general hicieran cualquier conexión entre el aumento de las prácticas homosexuales en el sacerdocio católico, la vida religiosa, y la jerarquía, con el aumento de los abusos sexuales sobre los chicos adolescentes por parte de esas mismas personas, ha dado lugar a numerosas consecuencias imprevistas y peligrosas, tanto para las víctimas como a los agentes. Siendo realistas, ¿cómo se puede esperar que la Iglesia Católica pueda resolver este grave problema cuando sus líderes se niegan firmemente a definir correctamente la cuestión?

Por qué importan las diferencias etiológicas y conductuales entre la pederastia y pedofilia [12]

Típicamente, la pedofilia es propia de un hombre heterosexual casado y con hijos propios. Suele tener un coeficiente de inteligencia estándar y en casi todos los sentidos tiene una comprensión de género tradicional.

         Los niños víctimas de los pedófilos son normalmente niñas pre-púberes, entre las edades de seis y doce años, con edades máximas entre ocho y diez años. La mayoría de los pedófilos buscan sus posibles víctimas entre allegadas o hijas de amigos o vecinos.

     La conducta de los clásicos pedófilos es inmadura, buscan acciones sexuales, en general, no coitales en forma de tocamientos, caricias, mostrando los genitales o voyeurismo. Estos actos reflejan el estado mental y emocional del agresor con un desarrollo psicosexual detenido y que nunca ha ido más allá de la etapa prepuberal, con una regresión o a esta etapa inmadura debido a ciertas tensiones en la vida adulta, o por una modificación del deseo sexual en la edad avanzada. Son muy raros actos evidentes de violencia y de desviación sexual contra los niños pequeños.

     En términos de tratamiento para esta clase de delincuentes sexuales, en contra de lo que usted cree que piensan los católicos o los populares medios de comunicación seculares, la pedofilia heterosexual puede ser tratada con una buena tasa de éxito, especialmente en los casos de infractores por primera vez de cualquier edad, y los incidentes situacionales relacionados con eventos familiares traumáticos.

     Este no es el caso, sin embargo, con los pederastas homosexuales.

    En este punto, Santo Padre, le sugiero que preste mucha atención a cómo la pedofilia se diferencia de la pederastia, para que en el futuro usted no confunda los dos términos o los utilice indistintamente. Creo que esta información también contribuirá a su mejor comprensión de las complejas cuestiones que rodean el caso de abuso sexual clerical en la Iglesia de hoy. Dios sabe que lo necesitamos.

Pederastas: una raza diferente y más peligrosa de criminales sexuales

        En agudo contraste con el perfil clínico de la pedofilia heterosexual, el del pederasta homosexual, que está obsesionado con la caza de chicos jóvenes y niños, es más profundo debido a la creciente naturaleza violenta, y a la programación y magnitud de los actos pederastas.

   El pico de edad para los hombres víctimas de pederastas se sitúa entre 12 y 15 años de edad, es decir, los depredadores homosexuales de chicos jóvenes comienzan justo donde los pedófilos heterosexuales terminan.

     Además, el número de víctimas, por lo general, se extienden hasta su pubertad, cubriendo el pederasta una franja de edad mayor de sus víctimas que las del heterosexual. Es decir, los delincuentes homosexuales de víctimas menores de edad tienen un mayor número de víctimas que los pedófilos heterosexuales. En algunos casos los pederastas estudiados ​​por este investigador y autor, los números de las víctimas de un solo pederasta fue de cientos y en algunos casos, aunque en pocos, más de un millar.

     Además para llegar a más víctimas, la naturaleza del abuso por parte del depredador homosexual es más agresiva, orgásmica y peligrosa que la de la pedofilia heterosexual, es decir los actos pederastas cometidos contra los niños y los hombres jóvenes imitan los comportamientos homosexuales de adultos y frecuentemente incluyen contactos orales con los genitales (fellatio), la masturbación, el frottage, y la sodomía.

     Es importante para el profano, así como a los líderes de la Iglesia como usted, recordar que los actos sexuales de los pederastas homosexuales perpetrados contra sus víctimas masculinas adolescentes son por definición actos desviados. Así, el abuso sexual manifiesto de un joven a punto de entrar en la pubertad o bien en plena pubertad por un adulto homosexual muchas veces causa problemas de identificación de género en las víctimas e interfiere seriamente con su desarrollo psicosexual normal. Cuando ese adulto depredador homosexual es un sacerdote católico, o un obispo o cardenal, la devastación espiritual y moral sobre las víctimas de abuso es aún más grave.

     En la mayoría de los casos, el pederasta homosexual no tiene fuerte vínculo emocional con sus jóvenes víctimas, como era el caso, supongo, de aquel reportado caso de Monseñor Ricca en el ascensor con un joven prostituto en la nunciatura del Vaticano en Uruguay, en agosto de 2001 [13]. Por tanto, la despersonalización continúa siendo la condición sine qua non de la pederastia en comparación con las relaciones homosexuales entre adultos. Una fuente primaria donde hallar posibles víctimas es un lugar donde hay chicos: organizaciones de niños, tales como Scouts, grupos de jóvenes de la iglesia y en los campos de deportes, y en los seminarios menores.

   Estadísticamente hablando, mientras en la comunidad general hay más pedófilos heterosexuales, los pederastas homosexuales representan un mayor porcentaje de los delitos sexuales contra menores de edad. Cuando se tiene en cuenta el hecho de que los homosexuales, cualquiera que sea la edad de preferencia de la pareja, representan una muy pequeña minoría de la población en general, está claro que ellos sobreabundan sustancialmente en los casos penales relacionados con menores. Además, la tasa de delito sexual de los pederastas tiende a subestimar que los niños son menos propensos a reportar incidentes de abuso sexual, incluyendo asaltos repetidos y violentos durante un largo período de tiempo, que las niñas.

   Con respecto a la pederastia en la Iglesia Católica, el factor de envejecimiento puede explicar la alta incidencia de detenciones de sacerdotes y religiosos acusados ​​y condenados por solicitar sexualmente y abusar de niños menores de edad. En estos casos, los sacerdotes jóvenes homosexuales de mediana edad o religiosos de  ayer y el pederasta clerical depredador de hoy pueden ser una y la misma persona, no dos clases distintas de desviados.

   Por último, llegamos a uno de los principales problemas que surgen en los casos de pederastia, tanto de clérigos como de laicos – acerca del éxito del tratamiento para esta clase de delincuentes sexuales-. Aquí el pronóstico para la rehabilitación completa del pederasta homosexual es muy, muy pobre. Como grupo, de los pederastas homosexuales se afirma que poseen una mayor tasa de reincidencia, y se encuentra entre el colectivo más difícil de delincuentes sexuales, con muy pocas posibilidades de ser  tratados con éxito.

   Toda esta noticia, por supuesto, en cuanto a la relación íntima entre la homosexualidad y la pederastia, no es una buena noticia para el colectivo sodomítico secular, que sigue negando estridentemente cualquier conexión entre la homosexualidad y el abuso sexual de los niños menores.

   Tampoco es una buena noticia para el Lobby Gay que existe en la Iglesia posconciliar, que al igual que su contraparte secular, ha tratado de ocultar la naturaleza y el alcance de la pederastia en las filas clericales.

   Le pido, Santo Padre, que no participe en esta charada en curso, peligrosa. Cuanto antes identifique correctamente la pederastia, y su pariente la homosexualidad, como factores importantes en el abuso sexual clerical del menor, así como la corrupción y la desintegración del sacerdocio católico y la vida religiosa, más pronto se convertirá en parte de la solución y no en parte del problema.

La Iglesia post-conciliar y el coqueteo con el colectivo sodomita

    A menudo oímos decir que El hombre moderno ha perdido el sentido del pecado. Me gustaría añadir que el hombre moderno ha perdido su sentido del horror de la perversión. Y en ninguna parte esta última condena [o falta de ella] es puesta más en evidencia que en el tratamiento de la Iglesia post-conciliar, que tiene empatía, no sólo con los individuos practicantes de este vicio, sin arrepentirse del pecado contra la naturaleza, sino también con el colectivo sodomita, tanto del dentro de la Iglesia como el de fuera.

    Si uno examina cuidadosamente los documentos relacionados con los temas de la homosexualidad y la pederastia tras la clausura del Concilio Vaticano II, está claro que la Santa Sede, y muchas Conferencias Episcopales nacionales, especialmente la Conferencia Nacional de Obispos Católicos de los Estados Unidos han estado llevando a cabo descaradamente un coqueteo abierto con el Colectivo Sodomita durante casi 40 años [14].

    Persona humana – Declaración sobre algunas cuestiones de ética sexual, publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), el 29 de diciembre de 1975, bajo el reinado de Pablo VI, él mismo víctima del vicio contra la naturaleza, y que jugó un papel importante en el cambio de paradigma en la Iglesia a favor de la homosexualidad; le dio al colectivo sodomítico su primera gran victoria en la Iglesia post-conciliar [15], Al hacer una comparación ficticia entre “tendencias homosexuales transitorias o al menos no incurables” y la homosexualidad como resultado de “una especie de instinto innato o de constitución patológica juzgada incurable”, las autoridades del Vaticano dieron credibilidad a la consigna de los conocidos agitadores y propagandistas de “los homosexuales nacen así “ [16].

     Cuando la CDF decidió intentar corregir el error, algunos once años más tarde, en la “Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral de las personas homosexuales”, el colectivo sodomita ya había ordeñado la vaca de la propaganda dejándola seca [17].

   Desafortunadamente, el documento de 1986 también tuvo mayores problema desde su propio comienzo con el uso infundado del término persona homosexual. La verdad es que no existe una criatura tal como una “persona homosexual”. Dios no creó las personas homosexuales como tampoco las que creó “personas ladronas” o “personas sadomasoquistas”.

    Dios creó al hombre a su imagen y semejanza con una mente racional y un alma inmortal. Él le dio al hombre un Mandato para Ser y una voluntad libre por la que el hombre elige vivir su vida de acuerdo a la Orden o rechaza esta Orden como hacen los gnósticos con sus intentos de crear su propia realidad. La Iglesia post-conciliar tomó un giro equivocado en el camino cuando se adoptó el concepto de la “persona homosexual” y necesita corregir este error y cuanto antes mejor. Ud debe abstenerse de hacer cualquier referencia a “las personas homosexuales” [18].

    El efecto de todo este proxenetismo de la [jerarquía] de Iglesia en favor de las fuerzas de la perversión organizada es que el promedio de niños y niñas católicos, hombres y mujeres, laicos o religiosos, han sido despojados sistemáticamente de la repulsión natural y sobrenatural que la persona normal siente cuando se enfrenta a la perversión sexual.

   Adoctrinados durante 12 años de instrucción sexual pro-homosexual en las escuelas católicas y en las clases de Catecismo, pocos católicos adultos han sido capaces de resistir la embestida de los enemigos de la fe y de los proveedores de la perversión.

La plaga de los ministerios “gay” y las parroquias “gay

     En el mismo sentido, ¿no es hora de que usted ordene el cierre y mande exorcizar las llamadas parroquias católicas de homosexuales y acabe con los ministerios “gays” católicos apoyados por las Conferencias Episcopales que se encuentran en casi todas las diócesis importantes de los Estados Unidos, incluyendo la famosa Parroquia del Santísimo Redentor en San Francisco y la Parroquia de St. Xavier en Manhattan? Estas parroquias católicas antes prósperas se han transformado en parroquias “gay” que atienden a los caprichos perversos y a la agenda del Lobby Gay, sin que ni siquiera se alce la voz del delegado apostólico en Washington DC o el CDF. Décadas de quejas de los fieles católicos pidiendo el cierre de estas cloacas morales se han topado con el silencio sistemático.

     Usted, con frecuencia, habla de la necesidad de la justicia social y de los ministerios para los pobres y marginados, pero todavía tengo que ver que la Santa Sede promueva un ministerio especial de compasión y sanación de las víctimas de los abusos sexuales del clero y sus familias, que son tratados de forma rutinaria como enemigos de la Iglesia en lugar de miembros queridos de la familia parroquial que han sido víctimas de canallas clericales en el nombre de Dios [que les ha de juzgar].

     La Santa Sede ha gastado una gran cantidad de tiempo, dinero, tinta y papel instando a que los homosexuales no queden marginados, sino que sean totalmente integrados en la parroquia católica y en la comunidad. Me siento obligada a llamar su atención, Santo Padre, del hecho de que el acrónimo del Movimiento de Liberación Gay, GLM, ha ido expandiéndose rápidamente para incluir una serie de otras desviadas iniciativas sexuales, incluyendo el lesbianismo (Gllm), la bisexualidad (GLBLM), el transgenerismo y la transexualidad (GLBTTLM), y el sadomasoquismo (GLBTTSMLM), con los defensores de la pedofilia, la pederastia, el poli amor, y la bestialidad esperando ansiosamente su debut en la escena de la liberación.

      ¿Hasta qué punto la [jerarquía postconciliar] de Iglesia tiene la intención de extender su invitación a estos elementos desviados de nuestra sociedad sin enfrentarse a la responsabilidad de poner en peligro la fe y la moral de los laicos católicos, especialmente los jóvenes católicos?

      ¿Ha olvidado la advertencia del poeta Inglés, Alexander Pope?

El vicio es un monstruo de horrible parecer
que requiere ser odiado y no existir;
Sin embargo, visto demasiado a menudo, su rostro se familiariza,
Primero lo sufrimos, a continuación, sentimos piedad, finalmente lo abrazamos.

     La Iglesia católica no debe dar auxilio al Colectivo de sodomitas porque éste considera cualquier concesión de la Iglesia como signo de debilidad y que ésta ondea la bandera blanca de la rendición.

    La verdad es que el Lobby Gay representa una anti-cultura, una forma de perturbación psicosocial, y un segmento patológico del cuerpo social, y tiene que ser desafiado y conducido de nuevo bajo tierra. Cristo no mantuvo  diálogo con los demonios. Él los expulsó.

    Sin embargo, no le oímos a Ud. argumentos proclives a dicha acción [de expulsar a los demonios], aunque sean calificados  de poco caritativos o incorrectos. Una campaña pública con el apoyo de la Santa Sede y dirigida a la eliminación y/o a restringir las fuerzas de la perversión organizada es simplemente una indicación de que el hombre civilizado, por fin, ha despertado de su letargo, está reclamando su herencia moral para sí mismo, su posteridad y el bien común. Yo, por ejemplo, sería muy feliz si usted deseara cumplir con su deber [de Vicario de Cristo] y se uniera a ello.

Crimen organizado y el colectivo sodomita

        Todos los pensamientos anteriores se arremolinaban en mi cabeza cuando leí sus comentarios al periodista Ilze Scamparini con los que trató de justificar el nombramiento interino de Monseñor Ricca, conocido sodomita clerical (pese a las seguridades que Ud. dio de su inocencia), a un alto cargo como prelado del Instituto para las Obras Religiosas (Banco del Vaticano).

     Su acusación de que los periodistas deliberadamente buscan  pecados de juventud, es difícilmente aplicable al caso Ricca. Después de todo, el diplomático tenía algo más de 40 años, cuando él y su amante del ejército suizo, Patrick Haari, mantenían su aventura en la Nunciatura uruguaya.

    A pesar de que está en lo cierto al afirmar que la sodomía ya no es un delito por haber sido legalizado en la mayoría de las naciones occidentales, sin embargo, usted debe admitir el axioma de que lo que es legal no necesariamente es moral.

   Además, usted no puede dejar de reconocer que el movimiento homosexual contemporáneo sigue estando hoy tan fuertemente unido, como lo ha estado durante siglos, con el mundo del hampa.

     La dura realidad es que la vida urbana “gay” en todo el mundo, incluyendo las vidas secretas, la vida de los diáconos homosexuales, sacerdotes, religiosos y miembros de la jerarquía católica, está íntimamente ligado a la delincuencia organizada a través de las drogas ilegales, la pornografía, la prostitución masculina, chantaje, violación, asesinatos, homicidios y suicidios.

La homosexualidad y la conexión con las drogas

        El policonsumo es la norma universal entre la población homosexual urbana. El alcohol, un depresor, es el número uno de drogas tradicionalmente elegidas, seguido de los inhalantes químicos o poppers para mejorar el rendimiento sexual, y una larga lista de drogas placenteras como la cocaína, la heroína, la mescalina, el hachís, la metadona, la metanfetamina cristalina, y fenciclidina, por nombrar unas pocas.

      La Iglesia oficial católica y los registros policiales de los casos de abusos clericales que involucran a menores, a seminaristas y a adultos vulnerables, confirman que los homosexuales y pederastas depredadores manejan rutinariamente a sus víctimas con el alcohol y las drogas para aflojar sus resortes morales y el músculo del esfínter anal interno en preparación para la sodomía.

     El consumo habitual de drogas agrava los problemas generales de salud que afectan a los sodomitas como las enfermedades venéreas, trastornos orales, del pene y rectales, Hepatitis A, B y C y el VIH / SIDA.

       Sodomitas habituados, incluyendo aquellos con un alzacuellos clerical, van camino de las fiebres tifoideas.

La homosexualidad y la pornografía

Al igual que con las drogas ilícitas, el uso de la pornografía homosexual es una característica generalizada de la vida “gay” y la [cultura de la muerte].

    Como casi todos los homosexuales, entre ellos sacerdotes y religiosos atrapados en el vicio, ellos son onanistas habituales consumidores de porno, el cual se ha convertido en una herramienta indispensable para el estímulo del autoerotismo, y para inducir a fantasías masturbadoras de sí mismos [19]

     La producción comercial de porno con su énfasis en el cuero; sadomasoquismo; bondage; disciplina de género y la glorificación e idealización de la violación de hombres está estrechamente controlada por el hampa.

      Entonces no debería haber ninguna sorpresa, cuando las autoridades de la nunciatura del Vaticano en Uruguay al confiscar y vaciar finalmente, el equipaje dejado por el compañero de Mons.Ricca, Patrick Haari, encontraron una de las maletas repleta de porno y condones.

     La pornografía también es ampliamente utilizada por los pederastas, incluyendo a pederastas clericales para desensibilizar y seducir a chicos jóvenes y despertar su curiosidad sexual y excitación.

     El porno contribuye a la deconstrucción de las normas heterosexuales, y ha jugado un papel importante en la transformación de las costumbres y las prácticas contemporáneas, con la corrupción de la sociedad, la familia y los individuos en la búsqueda ilimitada de placer. El uso y la promoción de la pornografía, por tanto, no es un delito sin víctimas.

La homosexualidad y la prostitución masculina

      Debido a que los clientes homosexuales de alto estatus y el colectivo sodomita buscan a jóvenes de buen aspecto, y de una considerable dotación sexual, la vida de chapero es relativamente corta. Como la prostitución masculina, por lo general, trabaja en solitario, sin proxenetas o intermediarios, su conexión con el Crimen Organizado es en gran parte a través del tráfico de drogas y de la pornografía.

       Dos denominadores comunes se encuentran en el fondo de la prostitución de jóvenes masculinos: hay un patrón de desintegración de la familia, incluyendo las relaciones negativas con los padres, la privación emocional, alcoholismo, consumo de drogas, violencia y la pobreza; y hay también un patrón de extracción de orfanatos y centros institucionalizados de asistencia. Con antecedentes educativos pobres y sin habilidades negociables para hallar un empleo, pronto se encuentran abocados a la prostitución como un medio de ganar dinero rápido con el fin de sobrevivir en las calles [20].

      De este modo, la prostitución homosexual de hoy, sigue siendo lo que siempre ha sido, una forma de explotación humana, donde los hombres de más edad buscan los servicios sexuales de niños y hombres jóvenes. La regla de que a mayor edad del cliente, éste elige al compañero más joven, ha sido confirmada durante décadas de estadísticas sobre los patrones de la pederastia clerical en la Iglesia Católica.

La homosexualidad y la violencia doméstica, asesinatos y homicidios

        Aunque los documentos del Vaticano, las declaraciones papales y los artículos diocesanos subrayan rutinariamente los méritos de la legislación sobre delitos de odio para proteger a los homosexuales de la violencia exterior, los católicos son rara vez, o nunca, informados de que los actos internos de violencia, incluyendo asaltos, violación, intento de asesinato y homicidio entre parejas homosexuales, amigos y conocidos de todos los niveles socioeconómicos, son la forma más común de violencia dentro de la comunidad sodomita.

     La actual epidemia de maltrato intrafamiliar y el maltrato psicológico entre los hombres homosexuales en pareja y entre lesbianas se puede atribuir a una serie de factores, como el abuso de sustancias, los conflictos por las responsabilidades de género, y propensión de los homosexuales a sentir injusticias, y albergar celos irracionales.

     La violencia, la perversidad y la exageración que acompañan a los homicidios homosexuales masculinos reflejan la realidad de que las dos partes implicadas en el altercado se han preparado biológicamente como agresores sexuales.

El suicidio, violencia auto-infligida y chantaje

       Estadísticas nacionales y datos relativos a la tasa de suicidios entre los varones homosexuales no están disponibles, aunque ha habido una serie de estudios académicos sobre el tema con puntos de vista y conclusiones muy divergentes.

         A partir de estos estudios, limitados, sí sabemos que el suicidio entre los varones homosexuales blancos es un problema grave en la comunidad sodomita urbana y que los suicidios en este grupo seleccionado de población están relacionados con conductas de alto riesgo y delictivas, incluyendo el abuso de sustancias, y la presencia de enfermedades mentales, físicas y emocionales como la depresión clínica asociada con prácticas homosexuales, sus comportamientos y relaciones.

      Con el crecimiento del colectivo de sodomitas en el sacerdocio diocesano y en la vida religiosa, ha llegado a ser alta la tasa de suicidios no publicitados entre clérigos homosexuales, en especial los acusados ​​y/o condenados por crímenes de pederastia. Además, algo ocultado por funcionarios de la Iglesia, es la increíblemente alta tasa de suicidios que se encuentran entre las víctimas inocentes del abuso sexual clerical.

       La cuestión del chantaje sobre todo a los hombres acaudalados e influyentes, entre ellos a miembros de alto rango de la jerarquía católica ha sido un problema constante ya anterior al Concilio Vaticano II.

      Dondequiera que el vicio sexual asoma su fea cabeza, el chantajista individual, así como el crimen organizado y agentes de los servicios de inteligencia internacional no andan nunca muy lejos [21].

Blasfemia y sacrilegio

       Por último, llegamos a lo que antes se llamaban crímenes por la Iglesia católica, pero que hoy en día casi nunca se menciona en relación con el colectivo sodomita por los líderes de la Iglesia Católica.

        Son los pecados graves de blasfemia y sacrilegio cometidos por homosexuales y pederastas, sacerdotes, religiosos y miembros de la jerarquía, así como por el colectivo sodomítico [22].

      Una de las características notables de referencias religiosas que se encuentran en el porno contemporáneo y en revistas de amplia circulación y en libros “gay”, es su contenido escatológico [no confundir con esjatológico] e incluso blasfema irreligiosidad.

     Desde principios de la década de 1970, las blasfemias descaradas contra Jesucristo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que incluyen referencias a Jesús como un sodomita activo y amante de Lázaro, se han incrementado de forma espectacular en el colectivo sodomita.

     Del mismo modo, el sacrilegio, en forma de actos de sodomía y copulación oral cometidos en y alrededor del altar sagrado se han registrado en un número de casos penales relacionados con sacerdotes católicos y religiosos aquí en los Estados Unidos.

     A finales de julio de 2010, la revista italiana Panorama publicó una historia secreta sobre la doble vida de tres sacerdotes “gays”, dos italianos y un francés. Uno de los sacerdotes se puso una sotana para tener una relación sexual con un cómplice “gay” reportero, (filmada en secreto), dijo más tarde una Misa para el periodista [23]. No hubo comentarios ni de la Conferencia Episcopal italiana ni del Vaticano.

    Pregúntese a sí mismo Santo Padre con qué frecuencia son cometidos estos graves pecados por sacerdotes homosexuales, religiosos y prelados a diario en todo el mundo. ¿No siente ninguna sensación de indignación? ¿Alguna vez ha hecho Ud. un acto de reparación pública para expiar estas ofensas a Dios Todopoderoso? Si no lo hizo ¿por qué no?

    No se trata de hacer un esfuerzo de la imaginación para llegar a la conclusión sobria y amarga, que si, como Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, no toma la iniciativa en la aplicación de la prohibición absoluta de candidatos a la vida religiosa, y al sacerdocio con tendencias homosexuales y pederastas en los seminarios, y si no se hace cumplir la regla de la castidad en los sacerdotes, religiosos, religiosas y en miembros de la jerarquía de afectados por este vicio, así como en sacerdotes heterosexuales mujeriegos, que también están haciendo una burla de sus votos, entonces el sacerdocio católico y la vida religiosa continuarán desintegrándose y convirtiéndose en guaridas de iniquidad.

     Pero, ¿cómo se puede llevar a cabo una tarea tan ardua sin conocer primero todos los hechos, para saber en qué medida el colectivo sodomita con su contingente de clérigos pederastas, ya ha colonizado con éxito el sacerdocio católico, la vida religiosa, y la jerarquía?

     Es extraño que a pesar de más de tres décadas de escándalos de abuso sexual clerical en la Iglesia, ligados a la pederastia, ni usted ni ninguno de sus predecesores post-conciliares nunca han hecho ningún intento de investigar el alcance y las consecuencias de la doble plaga de la homosexualidad y de la pederastia en el clero diocesano católico y en la vida religiosa y de los laicos católicos. Con miles de abusadores convictos de cargos, y cientos de miles de víctimas y miles de millones pagados en gastos legales y de indemnización en todo el mundo, ¿no es hora de que se empiece dicha investigación?

Una comisión papal de investigación sobre la homosexualidad y la pederastia en la Iglesia Católica

          Entiendo que hay muchas maneras en que tal investigación podría llevarse a cabo por la Santa Sede, pero dado el historial funesto de maniobras legales y encubrimientos y manipulación que caracterizan a la mayoría de las Conferencias Episcopales Nacionales sobre los casos de abusos clericales, yo propondría la creación de una comisión papal independiente de investigación sobre homosexualidad y pederastia.

     Descrita a grandes rasgos, esa comisión debe ser dirigida por un laico católico competente técnicamente y moralmente recto, dotado de amplios poderes discrecionales de investigación dados por usted, Santo Padre, con pleno acceso a los archivos de la Iglesia diocesana y a los registros de órdenes religiosas, sobre diáconos, seminaristas, sacerdotes, religiosos y miembros de la jerarquía que se han involucrado en una conducta homosexual, y/o perpetrado actos depederastia en los últimos 50 años. El personal de la dirección incluiría investigadores bien preparados, clérigos y laicos profesionales del derecho, historiadores, lingüistas y especialistas en estadística.

   La comisión, debe constar de especialistas en ámbitos relacionados con la investigación, que incluyese personal médico, psiquiátrico, y de aplicación de la ley, con la que el director podría cumplir en función de las necesidades. Un grupo separado de asesores de la comisión, con conexión directa en la investigación, sobre todo, de varones adultos, antiguas víctimas de los depredadores sexuales clericales, debe redondear la comisión.

     Cuando se complete el informe final de la comisión, debería ponerse a disposición de las diócesis y órdenes religiosas en todo el mundo, así como de grupos católicos y personas laicas.

Esto es lo que se llama T-R-A-N-S-P-A-R-E-N-C-I-A.

     Tal tarea monumental que cubre medio siglo de la homosexualidad y el abuso pederasta en la Iglesia Católica, sin duda, sería una empresa muy costosa y requiere mucho tiempo. Pero me gustaría sugerir respetuosamente a usted, que sería mucho mejor que la alternativa de contar con laicos católicos desembolsando miles de millones de dólares ganados duramente, para cubrir los costos legales y de indemnización por los casos administrativos de homosexuales y pederastas en las diócesis, mientras sufren la pérdida de parroquias y escuelas parroquiales en el proceso.

    La apertura de estos archivos secretos para el estudio y evaluación por parte de personal competente será el equivalente a la amputación dolorosa pero terapéutica de un miembro gangrenado – para salvar vidas en la Iglesia Católica.

Beneficios devengados para el laicado católico al establecer dicha comisión

         ¿Qué beneficio tendría para el laicado católico, las conclusiones y recomendaciones de una comisión papal de Investigación sobre la homosexualidad y la pederastia? Permítanme citar sólo dos maneras en que esa Comisión podría ser una fuente de iluminación para la población católica en general, sencilla y desinformada, que asisten a la Iglesia.

       En primer lugar, las conclusiones de la Comisión proporcionarían a los laicos católicos una verdadera comprensión de la multitud de problemas asociados con la homosexualización del sacerdocio diocesano, de la vida religiosa, y de la jerarquía de la Iglesia.

      Tal comprensión es prácticamente inexistente entre los adultos católicos de hoy, en gran parte debido al fracaso de la jerarquía católica en proporcionarles respuestas honestas sobre la naturaleza y las consecuencias de un clero y jerarquía homosexual, incluyendo el aumento de los crímenes de pederastas con todo el desastre físico, emocional y las repercusiones espirituales que estos crímenes traen sobre las víctimas inocentes y sus familias.

       Entre las cuestiones legales que esa Comisión podría ayudar a responder:  ¿En qué medida han sido objeto de la ley civil y de penas los clérigos abusadores sexuales de menores, y qué porcentaje de estos casos fueron notificados a las agencias de aplicación de la ley en primer lugar por las autoridades de la Iglesia? Además, ¿cuál es el número de autores de delitos sexuales que han escapado de informes y/o procesos penales, debido a las  limitaciones de su estatuto ante las leyes?

    Por su voluntad de responder a estas preguntas difíciles sobre la base de estudios de casos reales de abuso sexual clerical, la comisión papal podría comenzar la ardua tarea de ayudar a restablecer la confianza en la Iglesia, sobre todo entre los católicos que han abandonado la Iglesia en la desesperación y con disgusto por los delitos clericales de abuso sexual y su encubrimiento por la jerarquía y el Vaticano.

Beneficios para el sacerdocio diocesano y para las órdenes religiosas

    Datos recogidos sobre números y otros datos mundiales pertinentes de sacerdotes y religiosos con delitos homosexuales o pederastas, probablemente sería suficiente para espabilar a cualquier obispo, cardenal o Papa, que haya sabido conservar, siquiera, un atisbo de la Fe y no esté atrapado en el vicio de la homosexualidad.

    Lo mismo ocurre con la recogida y evaluación de datos sobre las consecuencias de la homosexualidad y la pederastia en el sacerdocio y la vida religiosa, incluyendo las tasas de suicidio de los homosexuales y pederastas clericales, y la tasa de suicidios entre las víctimas de abuso sexual clerical; datos sobre drogas ilícitas, datos de historias de contacto con prostitutos, datos de adicción a la pornografía; datos sobre el número de sacerdotes homosexuales y religiosos que han contraído el SIDA y otras enfermedades venéreas, y números y categorías de los casos de violencia, asesinatos, chantaje y contactos con organizaciones criminales.

       Hasta la fecha, no ha habido estudios de seguimiento publicitados con la tasa de reincidencia de los pederastas clericales convictos que han sido reducidos al estado laical. ¿Por qué no? ¿Qué medidas ha tomado la Iglesia para alertar a las fuerzas del orden sobre las de los peligros que puede plantear estos depredadores sexuales, una vez que son entregados a la sociedad por su obispo o superiores religiosos?

     Este vacío de información necesita ser llenado. Una comisión, como he propuesto, con acceso a los archivos del Vaticano y registros de los depredadores clericales condenados, podría realizar esta tarea.

      La comisión podría arrojar algo de luz sobre una evaluación objetiva de los centros de tratamiento, de la Iglesia y agencias seculares a las que han sido asignados a miles de homosexuales y pederastas clérigos para su reorientación y rehabilitación, con un costo de cientos de millones de dólares.

        La comisión también podría proporcionar las respuestas a las preguntas sin contestar hasta ahora relacionadas con el papel de los seminarios menores en la seducción sexual precoz de jóvenes candidatos al sacerdocio por los profesores y jefes abusivos. Se ha sabido que tales condiciones han servido para producir bien documentadas líneas multi-generacionales de clérigos ambiciosos, cuya homosexualidad y una historia común han servido de pasaporte para el ascenso en sus respectivas diócesis y en Roma.

Pensamientos finales

      Tal vez le sorprenda, Santo Padre, que yo todavía tenga esperanza de que, a pesar de su simpatía obvia para el colectivo sodomítico, sin embargo, encuentre algo de mérito en el concepto de una comisión papal de investigación sobre la homosexualidad y la pederastia que he descrito brevemente en esta carta abierta.

          Por desgracia, ese rayo de esperanza fue aniquilada cuando, por casualidad, una amiga mía, Mariaelene Stuart, periodista católica en varios idiomas y creadora de una exquisita bitácora, sobre el mundo romano, me envió una copia de una entrevista que concedió al periodista de Roma, Andrea Tornielli del Vatican Insider en febrero de 2012, cuando Ud. era aún Arzobispo de Buenos Aires [24].

        En una entrevista titulada  “rribismo y la vanidad: Los pecados de la Iglesia”, la última pregunta de Tornielli a usted era:  “¿uede decirnos cómo la Curia romana se percibe desde el exterior?”

       Y Ud. , arzobispo Jorge Mario Bergoglio, respondió:

Yo lo veo como un cuerpo que da servicio, un cuerpo que me ayuda y me sirve. A veces las noticias negativas no salen, pero a menudo se exageran y se manipulan para extender los escándalos. A veces los periodistas se arriesgan a enfermar de coprofilia y coprofagia fomentándolo de este modo: lo cual es un pecado que corrompe a todos los hombres y mujeres, es decir, la tendencia a centrarse en lo negativo en lugar de los aspectos positivos. La Curia romana tiene sus lados, pero creo que se pone demasiado énfasis en sus aspectos negativos y no lo suficiente en la santidad de las numerosas personas consagradas y de laicos que trabajan en ella.

       Ahora bien, el término coprofilia que utilizó Ud. espontáneamente en la entrevista se refiere a una perversión sexual (fetiche) por el cual una persona obtiene la excitación sexual por la presencia de heces. El término coprofagia se refiere al acto de comer excrementos. Ambas parafilias son comúnmente asociadas con la conducta homosexual y son una característica habitual de la pornografía homosexual.

     Que un obispo se refiera tan a la ligera a estas prácticas repugnantes y perversas en una entrevista pública indica claramente, para mí, que no es un ignorante de los caminos y de los peligros de la perversión sexual, y por lo tanto, no tiene ninguna necesidad real para que se le instruya en la perversidad de los comportamientos homosexuales, ni sobre la grave necesidad de combatir las fuerzas de los colectivos de sodomitas y otras de perversión organizada.

     Y así, con gran tristeza llega esta carta abierta a su fin.

     Si tendrá o no  algún efecto saludable sobre su pontificado, especialmente en lo que respecta a la creación de una comisión papal de investigación sobre la homosexualidad y la pederastia, sólo el tiempo lo dirá.

     Pero, de nuevo, los milagros ocurren todos los días y el Espíritu Santo se mueve como quiere.

     Sobre este punto, por lo menos, podemos estar de acuerdo los dos.

    Sinceramente en Cristo,

Randy Engel
Randy Engel, autora de La consagración de la sodomía – La homosexualidad en la Iglesia Católica Roma Box 356, Export, PA. EE.UU. 15632 Teléfono: 724-327 – 8878

 

 

Fuente: Una carta abierta al Papa Francisco

ÍNDICE DE "VARIOS"

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[1] El texto completo de la conferencia de prensa del Papa 28 de julio 2013 se encuentra disponible en Pope’s Press Conference, Commentary.
[2] Ver: Latin American religious backtrack on Pope and gay lobby
[3] Randy Engel, La consagración de la sodomía – La homosexualidad y la Iglesia Católica Romana (Export, PA: New Engel Publishing, 2006), p. 478.
[4] Maria Cristina Carratù, “los católicos gay escriben al Papa Francisco. Él responde con la bendición,” La Repubblica, 08 de octubre 2013.
[5] Engel, La consagración de la sodomía, xxvi-xxvii.

[6] Ibid., p. 71.
[7] See http://protectthepope.com/?p=8071, "The Quest homosexual dissent group considers that "this shift of language suggests empathy and engagement."
[8] Engel, La consagración de la sodomía, p. 443.

[9] Ibid., p. 40.
[10] Ibid., pp. 48-59. See also Owen J. Blum, O.F.M., Peter Damian, Letters 31-60, part of the Fathers of the Church – Medieval Continuation (Washington, D.C.: Catholic University of America Press, Washington, D.C., 1990. For additional details see Randy Engel's article on Saint Peter Damian at http://www.newengelpublishing.com/products/Book-of-Gomorrah.html.
[11] Careful Selection And Training Of Candidates For The States Of Perfection And Sacred Orders at http://www.ourladyswarriors.org/teach/ordersentry.htm. The document was distributed to the Superiors of Religious Communities, Societies without vows, and Secular Institutes on February 2, 1961.
[12] Véase JW Mohr, RE Turner, MB Jerry, Pedofilia y Exhibicionismo (Toronto: University of Toronto Press, 1964). En la medida en que el informe John Jay sobre abuso sexual clerical en la Iglesia Católica de 2004, encargado y pagado por la USCCB, toca el tema de la pederastia y la pedofilia, ninguna de las conclusiones alcanzadas por los autores de este trabajo meritorio han encontrado que ser incorrecta. Por el contrario, los patrones, tanto para el pedófilo heterosexual y la homosexual pederasta simplemente confirman los resultados del estudio de Toronto realizaron casi 40 años antes.

[13] Ver: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350561?eng=y. Sandro Magister, "The Gay lobby." l'Espresso, July 18, 2013.
[14] Engel, pp 549-614. Un ejemplo de documentos AmChurch que favorecen el Colectivo Sodomita incluye a vivir en Cristo Jesús (USCCB, 1976). El NCCB / USCC se ha consolidado y retitulado la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos (USCCB).

[15] Texto completo en: PERSONA HUMANA Para referencias relativas a la homosexualidad de Pablo VI, ver: Randy Engel, The Rite of Sodomy, pp. 1129-1167.
[16] Engel, pp 387-389.
[17] El texto completo.en: PERSONA HUMANA
[18] Un documento posterior titulado “Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas con tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario ya las órdenes sagradas” fue publicada por la Congregación para la Educación Católica en 04 de noviembre 2005 . Fue aprobado por el Papa Benedicto XVI el 31 de agosto de 2005. La carta pretende impedir a los homosexuales ser admitidos en los seminarios en todas las diócesis católicas y órdenes religiosas, pero las declaraciones de calificación proporciona suficientes resquicios. Además no hay pena para cualquier violación comprobada de la prohibición por un obispo o superior religioso. El resultado ha sido que muchas diócesis y órdenes religiosas siguen reclutando y aceptan candidatos homosexuales al seminario y ordenan a homosexuales con las órdenes sagradas.
[19] Para un análisis de la pornografía GM ver Engel, La consagración de la sodomía, pp 415-418.
[20] Engel, La consagración de la sodomía, pp 418-426.
[21] Para un estudio clásico del chantaje y la homosexualidad entre la élite británica realizado por la KGB durante el siglo 20 ver Engel, La consagración de la sodomía, pp 295-363.
[22] El sacrilegio es la violación de las personas sagradas, lugares y cosas reservadas para el culto de Dios. La blasfemia es principalmente un pecado de la lengua (también el corazón, y la acción). Se trata de una exhibición de desprecio insultante en palabras o acciones en contra de Dios.

[23] Ver: Catholic sex scandal as undercover reporter 'films priests at gay clubs and having casual flings'
[24] El artículo completo en: «Arribismo y vanidad... esos pecados en la Iglesia» Ver También: FRANCIS (Jorge Mario Bergoglio) an Argentinian Jesuit from "the end of the world"-- may end up taking you there...