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KARMA CRIOLLO: EL BUDISMO
SE EXPANDE EN BUENOS AIRES


Hay templos en Belgrano, Urquiza y Flores. Y ramas con 30 mil adeptos. Es por la inmigración oriental y el boom new age.


En el Bajo Flores, réplica de un templo de Corea. Foto de Constanza Niscovolos.
En el Bajo Flores, réplica de un templo de Corea. Foto de Constanza Niscovolos.

El budismo comenzó a llegar tímidamente a la Argentina con las primeras comunidades que migraron de Oriente, primero los japoneses (a principios del siglo XX), luego los taiwaneses y los coreanos (en los ‘70). Fue un proceso de capas muy sutiles, en el que también aportaron el psicoanálisis (los primeros argentinos en visitar al Dalai Lama en la India fueron terapeutas transpersonales), el rock, el yoga, el vegetarianismo y el new age. Hubo gente que, luego de hacer un camino de intensas búsquedas espirituales y leer muchos libros, decidió formarse en monasterios del exterior, para luego volver y abrir sus propios templos e impartir enseñanzas, que ahora se reproducen en todos los barrios. Hoy, ese culto que parecía lejano, explota literalmente en Buenos Aires (y en el interior también). Hay un sinnúmero de formas diferentes para practicarlo, con distintos métodos y ritos.

Existe gran cantidad de formas de ser budista. Y, en Buenos Aires, hay un poco de todo. Entre otros, están los que son zen y vienen del Japón o Corea; los que recitan mantras sin parar, como los de que pertenecen a Soka Gakkai, una rama del budismo japonés nacida luego de la Primera Guerra Mundial; los seguidores del budismo tibetano del Dalai Lama; el llamado Budismo Humanitario, un movimiento que empezaron los taiwaneses y se replica en el mundo. En el fondo, sin embargo, se trata siempre de lo mismo porque todos reconocen los preceptos del Dharma, las enseñanzas del Buda, quien no dejó testimonio escrito ya que era una figura del estilo socrático, que impartía sus enseñanzas oralmente a sus seguidores.

En el barrio de Belgrano, que tiene una notable concentración de templos y centros de práctica, una abadesa china, que no habla castellano y tiene la cabeza rapada, me lo cuenta traductora mediante. Se llama Miao Yen y pertenece al templo Fo Guang Shan, donde concurren con una devoción notable muchos taiwaneses y argentinos, que se prosternan pronunciando cánticos y mantras. Suenan tambores y campanas, hay olor a incienso perfumado y ofrendas de frutas y flores, colocadas con perfección ante el llamado Buda de la Medicina o Buda Iluminado.

Todos tenemos la capacidad de convertirnos en Buda algún día. Y ese poder está en nuestras propias manos. No hay fuerza extrema. Para poder convertirnos en Buda, tenemos que realizar el camino de la práctica. Esto requiere que podamos purificar nuestros corazones, eliminando los tres venenos que son la ira, la codicia y la ignorancia”, dice. Ella proyecta una gran autoridad y todos la reverencian a su paso, inclinando la cabeza y el torso.

Yen pertenece al llamado Budismo Humanitario, que tiene millones de seguidores en todo el mundo y 200 templos en total. La orden fue fundada por el Venerable Maestro Hsing Jiansy, en China, en 1927, quien se ordenó en un monasterio de Nanjing. La revolución china hizo que él huyera a Taiwán, por eso el templo central está en Kao Hsiung. En la Argentina ya lleva dos décadas. Según la abadesa, esta es la “rama del budismo que más se adapta a la modernidad. Y se llama Humanitario porque Buda nació en la Humanidad, se iluminó en la Humanidad y comparte sus enseñanzas con la Humanidad”.

Un "Lama Delivery" toca a tu puerta

Escapó del Tíbet. Vino al país porque sabía que en Mendoza se había filmado "Siete años en el Tíbet". Y presta servicio religioso a domicilio.

El Geshe Jampa Tenzin se escapó del Tíbet cuando era joven para estudiar en el monasterio de Gaden Shartse, en la India. Estuvo dos décadas completas aprendiendo las artes de monje budista, cuando –al finalizar sus estudios– le dijeron que tenía que irse al exterior. Era Portugal o la Argentina. Sabía que en Mendoza se había filmado Siete años en Tíbet, sobre la vida del Dalai Lama. Entonces no vaciló.

Pensaba que Buenos Aires estaba en un lugar montañoso. Y él extrañaba las montañas. El Sur de la India es tan plano... como las pampas. Así que fue una decepción al llegar. Está desde 2010 y hace prácticas a domicilio. Limpia vibras en lugares con mala onda de todo el país. Aquí, en una sesión en Lomas de Zamora, donde recitaba mantras con una voz muy grave, circunspecta y con una musicalidad misteriosa. Entregaba té de azafrán como símbolo de fortuna. “Para recitar mantras, no importa la pronunciación”, dice el maestro, quien reconoce: “Mi español, raro”. Hoy tiene estatus de refugiado en el país.

Fuente: Clarin

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