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UNA LEY QUE AMENAZA DE MUERTE A MILES DE PERSONAS
Cosme Beccar Varela


08 de julio de 2018 - Ya no es necesario ofrecerse a donar sus órganos ni se exige la conformidad de la familia, la ley autoriza a los médicos a sacarle a una persona sus órganos para implantarlos en otra. La oposición a esa operación sangrienta sólo será admisible si hay una "constancia expresa" de ella, la que será inválida "de no encontrarse esa manifestación en un registro del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI)" (art. 33 de la nueva ley).


"LOS MAYORES DE 18 AÑOS SERÁN DONANTES DE ÓRGANOS SALVO QUE SE HAYAN OPUESTO". Ese era el espantoso título de primera página en la "La Nación" del 5/7/2018. Es decir, ya no es necesario ofrecerse a donar sus órganos ni se exige la conformidad de la familia, la ley autoriza a los médicos a sacarle a una persona sus órganos para implantarlos en otra. La oposición a esa operación sangrienta sólo será admisible si hay una "constancia expresa" de ella, la que será inválida "de no encontrarse esa manifestación en un registro del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI)" (art. 33 de la nueva ley). 

Es decir, los 44.000.000 de habitantes del país, de los cuales el 99,9% ni se entera de esta draconiana ley aprobada irresponsablemente por unanimidad, de pie y aplaudiendo, por los Diputados (ya fue aprobada por el Senado), tratada directamente en una sesión ordinaria, sin dictamen previo de las Comisiones de Salud, de Constitucionalidad y demás, o sea, sin estudio previo por los supuestos "representantes del pueblo", están expuestos a ser trucidados por un médico trasplantista. Tampoco hubo debate. Todo se hizo en una ola emocional provocada por el drama de una niña que murió esperando un trasplante de corazón. El caso es muy triste pero más triste aún es que los señores legisladores hayan puesto a todos los habitantes del país en el trance de ser "trozados" por un cirujano, sin que los "legisladores" hayan hecho razonamiento previo alguno, por pura demagogia, para fingir que están conmovidos por la muerte de esa niña (que en realidad poco les importa), sin reparar que amenazan de muerte con su fatídica ley a muchos miles de personas que podrán ser muertas en un “trasplante” por no haber hecho el "trámite" de su oposición ante el INCUCAI. 

Y digo que esta ley es una amenaza de muerte porque para que un órgano sea apto para un trasplante, es necesario modificar el concepto de "muerte". Ya no es el tradicional que todos conocemos, o sea, el cese del corazón y el "rigor mortis". Ahora, desde la ley 24.193, se considera muerta a una persona, aunque el corazón siga latiendo, siempre que se den las condiciones que define su artículo 23 que dice así: 

"El fallecimiento de una persona se considerará tal cuando se verifiquen de modo acumulativo los siguientes signos, que deberán persistir ininterrumpidamente seis (6) horas después de su constatación conjunta: 

"a) Ausencia irreversible de respuesta cerebral, con pérdida absoluta de conciencia; 

"b) Ausencia de respiración espontánea; 

"c) Ausencia de reflejos cefálicos y constatación de pupilas fijas no reactivas; 

"d) Inactividad encefálica corroborada por medios técnicos y/o instrumentales adecuados a las diversas situaciones clínicas, cuya nómina será periódicamente actualizada por el Ministerio de Salud y Acción Social con el asesoramiento del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI)..." (N: No hay certeza TOTAL de que ese estado sea irreversible, según creo. Hubo casos que lo desmienten). 

El corazón puede (y debe) continuar latiendo puesto que, de lo contrario, los órganos de la víctima dejan de ser aptos para el trasplante. La nueva ley "permite donaciones de personas que acaban de morir por un infarto en la calle" ("La Nación", 6/7/2018, pag. 24), siempre y cuando se le saquen los órganos de inmediato. O sea, puede haber una carrera cargando al pobre individuo desde la calle al quirófano, con un burócrata del INCUCAI al lado, y en pocos minutos habrá muerto a tajos de bisturí, es decir, ahí sí irreversiblemente muerto. 

Estas definiciones "legales" son una verdadera atrocidad puesto que pueden autorizar el homicidio de una persona sólo porque sus posibilidades de no morir son mínimas, aunque no inexistentes. 

Por otra parte, los trasplantes están muy lejos de ser una curación en el sentido tradicional de la palabra. El cuerpo del "trasplantado" naturalmente rechaza el órgano insertado en él y es necesario atosigarlo con drogas "anti-rechazo", de efectos colaterales destructivos y de resultado incierto, además de un elevadísimo costo. "La Nación" publica hoy (6/7/2018, pag. 25) un reportaje a "Juan Pablo Galardi, de 36 años, (que) recibió un trasplante de riñón de su madre, sin embargo, su cuerpo lo rechazó y volvió a ingresar a la nómina del INCUCAI". O sea, la pobre señora perdió uno de sus riñones inútilmente y al Sr. Gilardi los médicos le dieron falsas esperanzas. Ahora el Sr. Gilardi cree que con la nueva ley recibirá un nuevo riñón (tal vez de un pobre hombre que nunca quiso que se lo sacaran, pero no hizo el trámite en el INCUCAI para registrar su oposición). 

La "dirigencia" política corrupta e inepta se ha vuelto también asesina, incluyendo a Macri y su banda. Además de matar a los secuestrados políticos (ya murieron 451 y hay otros cientos esperando la muerte) aprobaron el aborto asesino y ahora, esta ley que cuelga una mortífera espada de Damocles sobre la cabeza de los 44.000.000 de argentinos, sin que se les mueva un pelo a los depravados legisladores. Y podemos contar también entre las víctimas de esta "democracia" a los que sufren las mil injusticias que matan por angustia, hambre y hasta de indignación, porque se puede morir por esa causa cuando el amor a la Justicia es profundo y el dolor de vivir rodeado de injusticias es intenso. 

Macri debe vetar esta ley inicua. Si no lo hace, como es probable que ocurra, será una prueba más de que no tiene la más mínima intención de tomar en serio su poder presidencial y que el país está sin timón, a la deriva, rumbo al naufragio.   

Cosme Beccar Varela   

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