CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

COMENTARIO A LA OBRA "SU SANTIDAD" (11)
Carl Bernstein y Marco Politi


EL JUDAÍSMO APODERADO DE LA IGLESIA

CUMBRE JUDAICA EN EL VATICANO

EL CONGRESO MUNDIAL JUDÍO RECIBIDO POR JUAN PAULO II

   Los últimos acontecimientos han venido siendo cada vez más significativos. Reproducimos aquí la Nota que publica el semanario del Vaticano
[120] sobre el encuentro habido recientemente entre Juan Paulo II y el Judaismo Mundial. Aunque no es la primera vez que esto sucede, ya que Juan XXIII, Paulo VI, y el mismo Juan Paulo II lo habían hecho antes, el reciente suceso contiene aspectos que son dignos de hacer notar.

   Nota de L'Osservcttore Romano

   Discurso del Papa al Comité Internacional Católico Judío de Coordinación.

   "Juan Paulo II recibió en la Sala del Consistorio la mañana del jueves 26 de marzo, a los miembros del Comité Internacional Católico Judío de Coordinación, del que forman parte varias organizaciones judías, entre ellas el Congreso Judío Mundial, y por lo que se refiere a la Santa Sede, la Comisión para las Relaciones religiosas con el Judaísmo. Estaban celebrando su XVI encuentro en la casa Santa Martha, del Vaticano, centrado en el tema: cómo educarse recíprocamente en relación con las respectivas tradiciones, ya que existen todavía prejuicios, malentendidos y hostilidades, debido a la ignorancia. Al comienzo de la audiencia, el cardenal Edwanl Idris Cassidy, presidente de la Comisión para las relaciones Religiosas con el Judaísmo, dirigió al Santo Padre unas palabras de saludo en nombre de todos los presentes. Su Santidad pronunció el discurso que ofrecemos:

   «Queridos amigos:

   Me complace dar la bienvenida a los miembros del Comité Internacional Católico Judío de Coordinación, reunidos en Roma con ocasión de vuestro décimo sexto encuentro. Vuestro Comité ha contribuido en gran medida a mejorar las relaciones entre nuestras dos comunidades, fomentando la reflexión teológica y el diálogo sobre significativas cuestiones religiosas y sociales. La declaración conjunta publicada como fruto de vuestra última asamblea mostró importantes convergencias en la comprensión católica y judía de la familia, fundamento de la sociedad. Habéis estudiado la visión bíblica de la Creación de Dios con sus consecuencias para el reconocimiento de la dignidad de la persona humana y de nuestra responsabilidad con respecto al medio ambiente.

   El progreso que ya habéis logrado pone de manifiesto que gracias a la continuación del diálogo entre judíos y católicos se han cumplido con creces las expectativas. Pero vuestra obra es también un gran signo de esperanza en un mundo marcado por conflictos y divisiones fomentados muy a menudo en nombre de intereses económicos y políticos. Un compromiso de auténtico diálogo, enraizado con un sincero amor a la verdad y con una apertura a todos los miembros de la familia humana, sigue siendo el camino primero e indispensable para la reconciliación y la paz que el mundo necesita. Cuando los creyentes miran los acontecimientos con la convicción de que todas las cosas están gobernadas en última instancia por la Divina Providencia, seguramente se acercan más a esa armonía bendita que el Salmista compara con el ungüento fino derramado sobre la cabeza de Aarón, o con el rocío que desciende las alturas de Sion. (Cf. Sal I, 33, 2-3). Queridos amigos: Que vuestro encuentro descubra caminos cada vez más efectivos, para dar a conocer y hacer apreciar tanto a católicos como a judíos el significativo progreso en la comprensión mutua y en la cooperación que ha tenido lugar entre nuestras dos comunidades. Sobre vosotros y sobre vuestra obra invoco cordialmente abundantes bendiciones divinas.

   Hasta aquí la nota de L'Osservatore.

   Dados los comentarios ya anteriormente hechos a las doctrinas filohebraicas de Juan Paulo II y su Secta, creemos que ya no es necesario hacer hincapié en el hecho de que el anterior discurso no sólo no contiene ningún rasgo que denote que proviene de un Papa católico, sino que en su totalidad, aparece como formulado por un miembro de la B'NAI BRITH, o sea la Masonería exclusiva para los judíos. En resumen, el contenido indica que "la armonía bendita sólo podrá venir para la familia humana, de la comprensión y colaboración mutua entre los judíos y los cristianos", y que "el camino para la paz sólo puede ser el diálogo enraizado en el amor a la verdad". Desde luego, para nada se ha nombrado a Jesucristo. Todo el halago ha sido para el Judaísmo y sus proyectos.

   Es evidente, a través del estilo y brevedad del discurso, que Juan Paulo ha agotado ya su temática expuesta en otros encuentros semejantes; como que si se extendiera sería muy notable la redundancia en lo ya conocido y de sobra predicado.

ANTECEDENTES DE ESTE ENCUENTRO Y
DATOS SIGNIFICATIVOS DEL MISMO

   Las más importantes Salas del Vaticano fueron ya antes del último encuentro profanadas con la presencia de los judíos y las comisiones judeo-católicas. Fue Juan XXIII, el iniciador del Vaticano II, quien en 1960 durante el mes de octubre concedió una entrevista a ciento treinta miembros de la Compañía Unida Judía en el Vaticano. En esa ocasión Roncalli les recibió con un significativo saludo: "Yo soy vuestro hermano José", refiriéndose al relato bíblico. Los judíos le obsequiaron en un rollo copias de Escrituras. Por consignar otros datos sobre Juan XXIII y su filohebraismo, en el año de 1901 ganó un premio -siendo seminarista- por sus estudios en hebreo. No solo la masonería, sino también el judaísmo mundial, expresó su pesar públicamente por la muerte de Juan XXIII, lo que jamás se había visto respecto de un Papa.

   Vino posteriormente Paulo VI a repetir las emotivas recepciones. En enero diez de 1977[121] recibió en la Sala de los Papas a los miembros judíos y católicos del Comité Internacional para las Relaciones entre la Iglesia Católica y el Judaísmo. En su discurso Montini se congratuló de la presencia en Roma del grupo de estudiosos de dicho Comité -fundado en 1971- y en particular, de que entre ellos se encontrasen "representantes de entre los más autorizados miembros del Judaísmo Mundial". Estaba reciente la publicación del documento titulado "Orientaciones y Sugerencias", para una correcta presentación de judíos y judaísmo en el ambiente católico", fue tal vez ese acontecimiento lo que motivó la reunión afectuosa de Montini y los suyos. Por cierto, en esa ocasión, para no ofender a los judíos, Paulo VI hizo quitar del salón el crucifijo.

   El tema de su discurso fue lo ya conocido. Hizo "votos para adelantar en un respeto mutuo, -cristianos y judíos- que nos ayudará a conocernos mejor, y nos conducirá a unos y otros a conocer mejor al Todopoderoso, al Eterno". Claro está que de conocer a Jesucristo no podía hablar. Añadió "que todo sea de modo que cristianos y judíos sigan más fielmente los caminos del mensaje divino". Se sobreentiende a cuál mensaje se refería.

LA ENTREVISTA ANTERIOR, DE JUAN
PAULO II CON EL JUDAÍSMO MUNDIAL

   Antes de la reciente entrevista cuyo discurso he reproducido, de Juan Paulo II con el Judaísmo en el Vaticano, había tenido lugar una anterior, en 1979. Parece como si Karol Wojtyla hubiera querido iniciar su tarea de "jefe de la cristiandad", asegurándole a los judíos su fidelidad en la línea trazada, para el asalto que ellos creen final al bastión de la Iglesia Católica.

   El semanario L'Osservatore[122]en la reproducción que hace de la entrevista, no da cuenta del sitio en el que tuvo lugar, pero sin duda fue también en alguna sala del Vaticano, ya que los visitantes judíos estaban en Roma para participar en estudios referentes a relaciones con ellos.

   Reproducimos párrafos importantes de dicha entre vista, tanto del representante judío, como de Karol Wojtyla.

   Dice L'Osservatore:

   "Juan Paulo II recibió en audiencia el 12 de marzo por la mañana a los Presidentes y otros representantes de las Organizaciones Mundiales Judías presentes en Roma con ocasión de una reunión conjunta con la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo. Presidía el grupo, muy numeroso por cierto, el Honorable Phillip M. Klutznick, Presidente del Congreso Judío Mundial. (Este Congreso abarca más de veinticinco organizaciones internacionales judías) al comienzo de la audiencia la máxima autoridad del Congreso Judío dirigió en inglés un saludo al Papa"...

   Aquí no podemos menos de reproducir -repetimos- algo de los conceptos que hacen feliz a Juan Paulo II, por parte de sus hermanos mayores.

   "Comenzó deseándole la paz y prometiéndole oraciones por su pontificado... (Para entender y aceptar esto los católicos tienen que haber pasado no por un lavado, sino por un trastocado de cerebro; el comentario es nuestro)... Refiriéndose al documento conciliar Nostra Aetate y a las líneas directrices emanadas en 1975 -o sea las Orientaciones-, afirmó que la Iglesia ha emprendido con decisión la revisión de sus relaciones con el Judaísmo, y la formación de un "Comité Internacional Católico Judío" y la institución de una Comisión especial para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, todo lo cual reconoce que ha contribuido eficazmente al diálogo y a la amistad"... Anadió que:

   "Judíos y católicos están convencidos de que la CREENCIA EN LA FE AUTÉNTICA lleva a interesarse por el bien del hombre... Desde el concilio Vaticano II se ha progresado mucho en las relaciones mutuas: se ha constatado por ejemplo, -dijo-, cómo se han eliminado textos antisemitas en la enseñanza católica. Terminó citando el texto de Isaías: la paz será obra de la justicia".

   Reproducimos ahora, párrafos importantes del discurso de Juan Paulo II al Congreso Judío Mundial en esa ocasión. Compartiendo la "auténtica fe" de los judíos de la que había hablado Klutznick, y su júbilo por la reforma del Nuevo Testamento a favor del Judaísmo religioso, pronunció lo siguiente:

   "Queridos amigos:

   Los saludo con gran alegría, presidentes y representantes de las organizaciones judías mundiales, y como tales, integrantes con los representantes de la Iglesia católica, del Comité Internacional de Contacto. Quiero también saludar a los otros representantes de diversas comunidades judías nacionales, presentes aquí con ustedes. Hace cuatro años, mi predecesor Paulo VI recibió en audiencia a este mismo Comité Internacional, y les dijo "cómo se regocijaba de que hubieran decidido reunirse en Roma, la ciudad que es el centro de la Iglesia católica. (Cfr. Discurso del 10 de enero de 1975). Ahora, también ustedes han decidido reunirse en Roma, para encontrarse con los miembros de la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, y de esta manera innovar y dar un nuevo impulso al diálogo, que durante los últimos años se ha llevado a cabo con los representantes autorizados de la Iglesia Católica. Este es, así por cierto, un momento importante en la historia de nuestras relaciones, y yo me alegro de tener ocasión de decir una palabra sobre este tema.

   Como ha dicho el representante de ustedes, ha sido el segundo Concilio Vaticano quien, con su declaración Nostra Aetate (núm., 4) ha brindado el punto de partida para esta nueva y promisoria relación entre la Iglesia católica y la comunidad religiosa judía. En efecto, el Concilio ha dicho muy claramente que "al investigar el misterio de la Iglesia, recordaba el vínculo con el Nuevo Testamento que está espiritualmente unido con la raza de Abraham". (Nostra Aetate, 4)(He aquí, hacemos notar, la repetición de la GRAN MENTIRA sobre los vínculos con Abraham).

   Continúa:... "Conforme a este solemne mandato, la Santa Sede ha procurado proveer de los instrumentos necesarios para este diálogo y colaboración, y quiere fomentar su realización tanto aquí en el centro, como también en el resto de la Iglesia. Por eso la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo fue creada en 1974. Al mismo tiempo el diálogo comenzó a de desarrollarse a diferentes niveles en las Iglesias locales esparcidas por el mundo, y con la misma Santa Sede. Quiero reconocer aquí la amistosa respuesta y la buena voluntad, e incluso la cordial iniciativa que, en la Iglesia ha encontrado y sigue encontrando en las Organizaciones de ustedes, (sobre todo la iniciativa y en otros amplios sectores de la comunidad judía).

   Prosigue aquí Juan Paulo II mencionando lo que ha agradado más a los judíos, del documento "Orientaciones y Sugerencias". Desde luego, son los párrafos que también le han agradado particularmente a él, ya que los cita con frecuencia. Dice:

   ... "Es mi convicción de que ambas partes deben continuar sus vigorosos esfuerzos para superar las dificultades del pasado, con el fin de llevar a la práctica el mandamiento del amor, y realizar un diálogo verdaderamente fecundo y fraterno, que contribuya al bien de cada uno de los interlocutores, y al mejor servicio de la humanidad".

   Los lectores habrán notado, lo que encierra el contexto de estas últimas palabras de tipo masónico. Según eso "el mandamiento del amor, contribuye al bien de cada uno de los interlocutores". El "mandamiento" no incluye aquí ya como el bien supremo la creencia en el Hijo de Dios. El bien aquí, es el producido por los mandatos de Jehová y de los judíos, según se puede colegir, y se añade como fruto "el mejor servicio a la humanidad". Tratándose de la Iglesia Católica, el mejor servicio a la humanidad es la predicación del Evangelio. Pero la mente acondicionada de las multitudes ignorantes ha aceptado como venidas de un "papa" todas las negaciones implícitas y explícitas de Jesucristo.

   Lo que ha agradado a los judíos: Continúa... «Las Orientaciones que ustedes han mencionado, y cuyo valor quiero confirmar y reafirmar, señalan algunos medios y vías para obtener estos fines. Ustedes han querido justamente subrayar un punto de particular importancia: "Los cristianos procuren  enterarse mejor de los elementos fundamentales de la tradición religiosa hebrea, y captar los rasgos esenciales con que los judíos se definen a sí mismos, a la luz de su propia realidad religiosa».

   Conocemos ya los dos puntos principales de su realidad religiosa: el primero, la obstinación en la negación de Jesucristo; la segunda, su ideal del Mesianismo o gobierno mundial, que prepara el Sionismo -o retorno a Sión- con el cual la secta postconciliar colabora.

   Veamos otro punto que menciona Juan Paulo II que ha sido muy del agrado de los judíos, contenido en el documento «Orientaciones».

   «En virtud de su misión divina, la Iglesia tiene por su naturaleza el deber de proclamar a Jesucristo en el mundo. Para evitar que este testimonio de Jesucristo pueda parecer a los judíos una agresión, los católicos procuren vivir y proclamar su fe, respetando escrupulosamente la libertad religiosa tal como la ha enseñado el Concilio Vaticano» (Ad Gentes, 2).

   Así que hoy la Santa Iglesia al cumplir su misión divina de predicar -no simplemente proclamar como dicen a Jesucristo- debe tener sumo cuidado de no agredir a los judíos con su enseñanza. Para eso tendría que renunciar a todo el Evangelio, a buena parte del Nuevo Testamento, y como hemos indicado en páginas anteriores, a toda la historia como testimonio, eso sí, de las agresiones hechas por los judíos a la Iglesia y a los católicos en veinte siglos. Las últimas advertencias del sectario Juan Paulo II -comentario a las enseñanzas conciliares-, constituyen eso sí, una «agresión» a nuestra fe católica. Los judíos entretanto, ellos sí, constantemente agreden nuestra Fe y la persona de Nuestro Señor Jesucristo a través de todos los medios de comunicación, en particular por medio de libros novelescos, películas y notas periodísticas detrás de las cuales se nota su trabajo en particular en fechas recientes.

   Pero he aquí el colmo de la herejía manifestada por Juan Paulo II confirmando y reafirmando las órdenes de su Secta respecto a la manera como en adelante la Santa Iglesia, -según eso- deberá «proclamar» a Jesucristo. Menciona algo más de lo que ha agradado a los judíos, que éstos han mencionado en su discurso en ocasión de su reciente visita. Dice:

   «Los católicos deberán esforzarse, asimismo, por comprender las dificultades que el alma hebrea experimenta ante el misterio del Verbo Encarnado, dada la noción tan alta y pura que ella tiene, de la trascendencia divina».

   Imposible no hacer aquí un breve comentario, subrayando los aspectos heréticos del contenido de dicha prescripción que hace a los católicos Juan Paulo II. Según sso:

1. Nuestro Señor Jesucristo ha revelado acerca de Sí mismo una verdad que está en contraposición con la verdad de la trascendencia divina.

2.Ha enseñado sobre Su Persona, como Hijo de Dios, algo que entraña una dificultad insuperable para el entendimiento humano, o para poder ser aceptado por la Fe, con lo cual quedarían disculpados y exentos de no admitir la Fe en Él los judíos, (y por consiguiente todos los ateos).

5. La Santa Iglesia -y los católicos- aceptamos creer en el Verbo Encarnado, porque no tenemos una noción alta y pura de la trascendencia divina. Si tuviéramos esa noción igual que como la tienen los judíos, nos sería imposible aceptar a Jesucristo. Nuestra noción de la trascendencia de Dios es según Juan Paulo II y los suyos, baja, deficiente, y contaminada por supremos errores; de ahí que podamos aceptar a un Dios hecho hombre.

   La trascendencia divina, recordemos un poco, es la doctrina de la Iglesia, precisamente, de que Dios es un Ser que está fuera y por encima de todo lo creado por Él.

   Al creer en el Hijo de Dios hecho Hombre sin dejar de ser Dios, no enseña la Iglesia que Dios baya perdido Su trascendencia, o dejado de ser Dios. Vastísima es la esposición teológica sobre el tema. Continúa mostrándose ignorante de la teología católica Juan Paulo II. Peto el hereje que niega la trascendencia divina es él, que afirma teilhardianamente que «el hombre crea con Dios el mundo» (cita anotada) y que esto se llama en el hinduismo «Sinergismo». Esto nos lo menciona al estar intercambiando herejías y blasfemias -que les agradan mucho- a los judíos.

   Prosigue, ya para terminar, Juan Paulo II melosamente, dirigiéndose al nuevo Sanhedrin:

   ... «Estoy seguro de que el hecho mismo de este encuentro de hoy, que ustedes tan amablemente han pedido tener, es en sí mismo una expresión de diálogo y un nuevo paso hacia ese más pleno entendimiento mutuo que estamos llamados a conseguir. Al buscar esta meta estamos todos convencidos de ser fieles y obedientes a la voluntad de Dios» -y aquí se apresura a aclarar a cuál Dios, no vayan a creer que se refiere a Jesucristo-... «Al Dios de los Patriarcas y Profetas... A Él pertenece brindar a ambas comunidades religiosas, tan cercanas la una de la otra, aquella reconciliación y amor eficaz, que son al mismo tiempo su precepto y su don. En este sentido, creo, que cada vez -que los judíos recitan el Shema Israel, y cada vez que los cristianos recuerdan el primero y el segundo mandamientos-grande, somos, por la gracia de Dios, traídos a una nueva cercanía...

   Como signo del amor fraterno y entendimiento ya alcanzados, quisiera darles de nuevo mi bienvenida cordial y mis saludos, (no vaya a darles la bendición) a todos ustedes con aquella palabra tan llena de sentido, tomada de la lengua hebrea, que los cristianos usamos también en nuestra liturgia: La paz sea con vosotros. Shalom, Shalom...»

   Aquí es imposible dejar de mencionar que los cristianos o católicos sumisos a la Secta de Juan Paulo emplean ya en su liturgia términos hebreos, y adoptan posturas y actitudes de oración propias de los judíos. Esta labor ha ido teniendo lugar como parte de la demostración del «amor fraterno y entendimiento» con los incapaces de aceptar al Verbo Encarnado.

   Volviendo al reciente encuentro de Juan Paulo II con el Congreso Judío Mundial.

   Nos pareció oportuno dar a conocer algo de los anteriores encuentros de los «papas» del Vaticano II, para un mejor entendimiento del más reciente. Más que nada a causa de lo lacónico del saludo de Juan Paulo II en esta ocasión, quizá, -lo hemos mencionado- por que hubiera sido redundancia repetir lo ya conocido, a los judíos asiduos visitantes, no sólo con motivo de los encuentros con los «papas» del Vaticano para los estudios conjuntos, etc.

   Pero hay aspectos que hay que hacer notar en el reciente encuentro. Juan Paulo recibió esta vez al Congreso Judío Mundial nada menos que en la Sala del Consistorio. Esta Sala es el lugar en donde los Papas eligen y dan a conocer a los cardenales; se puede decir que es el corazón de la Iglesia, ya que los cardenales son, al mismo tiempo que electores del Papa, candidatos al Pontificado. Poco a poco los de la Secta han ido dando posesión a los judíos de los interiores de la Ciudad Santa. Pero lo del Consistorio llama la atención, por principio, porque se trata de un sitio sumamente reservado adonde de ordinario no entran más que los candidatos al cardenalato y el Papa. ¿Con qué fin recibió a los máximos representantes del Judaísmo Juan Paulo II, en dicha Sala?.. ¿Fue con el significado de finiquitar -o declarar ante los judíos obsoleta- la forma de elección de los Papas? ¿Eligió tal vez ahí a algún judío in pectore -el Papa, al elegir a los cardenales se reserva en secreto el nombre de uno de ellos- que aparecerá después como «jefe de la cristiandad?». Sin pecar de suspicaces, por lo menos toda esta procesión de enemigos de Jesucristo v Su Iglesia por las salas del Vaticano, ha constituido una profanación, máxime por los motivos que han suscitado dichos desfiles.

   Recordemos que en páginas anteriores hemos reproducido parte del documento donde la Secta usurpadora anuncia que -por voz de Juan Paulo II a través de documentos citados-, Roma y Jerusalén no serán ya más -según eso- las únicas Ciudades Santas, milenarias, para los católicos. También tendrán que admitir -quienes les sigan el juego a los de la Secta- como «santas» las ciudades que son el corazón del culto pagano, como la Benarés de la India, y la Meca de los musulmanes... y, -para allá iban-, la Ciudad de Auswitch, lugar principal de la Shoa, o sea del único lugar donde reconocen los judíos que ha tenido lugar un holocausto humano, porque se trató de ellos. Ahí habrán de ir en piadosa peregrinación, -lo mencionan como sitio para ello- sin duda, los «católicos» en preparación del Año dos mil, a pedir perdón por su culpa.

   Aquí no podemos menos de recordar lo citado al principio de este opúsculo, sobre lo que afirma como profeta del demonio el judío Malachi Martín, -jesuíta- pronosticando junto con el fin de la Iglesia la ruina de Roma, que significativamente anuncia que se destruirá a sí misma. No hay para qué reproducir las horribles blasfemias que sobre Jesucristo y los lugares sagrados de la Iglesia profiere el consentido de Bea y según se colige, amigo también de Juan Paulo II. La «autodestrucción» de Roma -refiriéndose a la ciudad- no podría producirse más que por haberse infiltrado los enemigos del Hijo de Dios en ella, la Ciudad Santa. Tan seguro estaba Malachi Martin como conocedor de las intrigas judías, que podía darse el lujo de adelantarse a los sucesos. Por principio Roma, la ciudad de la Cathedra de San Pedro, sitio de la tumba de los apóstoles, y lugar eso sí, del holocausto sagrado de miles de mártires bajo el Imperio Romano -por instigación de los judíos en las persecuciones-, esta Roma está siendo ya profanada por el desfile de los judíos ahora triunfantes por permisión divina, y por la pressencia de los «participantes» en las «celebraciones eucarísticas» en San Pedro, de toda una gama de bailarines hindúes, musulmanes, africanos, etc., que han hecho de los sitios sagrados un espectáculo de teatro infernal.

CUANDO JUAN PAULO II SE QUITÓ
EL CRUCIFIJO PARA ENTRAR A LA
SINAGOGA DE ROMA

   En 1986 Wojtyla visitó devotamente la Sinagoga de Roma.(Ya antes como arzobispo había hecho una visita a la Sinagoga de Cracovia, en su natal Polonia).

   La visita efectuada precisamente a la Sinagoga situada en el corazón de la cristiandad, fue muy elogiada por el Judaísmo Mundial. Los principales datos sobre el suceso los proporcionó precisamente el diario israelí matutino The Jerusalem Post, reproduciendo una entrevista con el gran rabino Elio Toaff[123] quien manifestó -habiendo sido él como rabino en Roma el recepcionista de Wojtyla- que «la visita había sido preparada durante meses, después de consultas con el Consejo de Rabinos de Europa, a cuya reunión habían asistido delegados de Israel y Estados Unidos»...

   Se congratuló de que «Juan Paulo II hubiera orado junto con la comunidad judía, en una atestada sinagoga».

   Otras fuentes periodísticas proporcionan asimismo otros datos significativos[124]. «En un mensaje preparado para la ocasión, -se dice- el Pontífice, de origen polaco, se dirigió a los diecisiete y medio millones de judíos del mundo, diciéndoles que son «los muy amados» y «hermanos mayores en la fe», de la cristiandad. No podía faltar la obligada mención de la Shoa: «Juan Pablo hablando en italiano y en hebreo, también describió como «manifestaciones gravemente deplorables» los siglos de discriminación, opresión y falta de libertad religiosa, impuesta a los judíos por cristianos y no cristianos. El Papa aceptó quitarse su gran crucifijo para entrar en la Sinagoga.

   Los autores de la biografía «Su Santidad» consignan también jubilosamente el evento; dicen: «Ese día, (el 13 de abril de 1986) Wojtyla atravesó el Tíber para entrar a la Sinagoga en Lungotevere del Cenci, algo que ningún Papa había hecho antes...

   El largo del Xerxes de Handel sonaba con fuerza cuando -el Papa- se apeó de la limusina. Pero cuando entró al santuario -el primer Pontífice Romano en -poner pie en una Sinagoga- (repiten) hubo completo silencio. Un Juan Pablo humilde y respetuoso intercambió un abrazo con el rabino principal E1io Toaff. El Papa llevaba puestos un solideo blanco y sus vestiduras papales, el rabino lucía su sombrero de ocho esquinas, y echado sobre los hombros un tallith de rayas blancas y azules. Juntos caminaron por la nave asiriobabilónica de la sinagoga, y tomaron sus lugares en la leva, lugar donde se para el cantor y se lee la Torá... Durante su discurso llamó a los judíos los «hemanos mayores» de los cristianos, y señaló metas comunes; el final de cualquier tipo de discriminación, la defensa de la dignidad humana, la adhesión a éticas individuales y sociales, paz y coexistencia entre las dos religiones, «animadas por un amor fraternal»[125].

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WOIJTYLA - JUAN PABLO II

LOS "PAPAS" DEL CONCILIO VATICANO II