CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

DOS ENFOQUES SOBRE LA
VACANCIA DE LA SEDE ROMANA
[*]
Arturo Ferrés


El primero se basa en la doctrina enseñada por Santo Tomás de Aquino, refrendada por los prestigiosos doctores medievales y confirmada por la Bula Cum ex Apostolatus Officio de Paulo IV, que la aprueba como Ley de la Iglesia, por lo que adquiere categoría de infalible. Se trata de la completa incompatibilidad entre la herejía y el Sumo Pontificado.

El segundo punto de vista, en cierto modo análogo al primero, se basa en un razonamiento lógico indiscutible. Para estar dentro de la Iglesia, hemos estar bautizados y sometidos al Soberano Pontífice, y en muy primer lugar, sobre lo que enseña como doctrinas. Ahora bien, tanto Paulo VI al aceptar el concilio Vaticano II, como sus sucesores por lo mismo, cuánto por proferir otras doctrinas netamente heréticas, no lo pueden haber hecho en razón de su Pontificado, pues estas prédicas heréticas no pueden provenir del Pontífice, que es infalible; no pueden ser enseñanzas de la Iglesia, que es infalible: por tanto esos personajes no fueron ni son Papas legítimos, sino herejes intrusos.

PÉRDIDA DE LA JURISDICCIÓN PAPAL

"Sto.Tomas [SUMMA II-2ª 39,3] distingue dos poderes espirituales en la Iglesia, conforme al criterio de unión de ellos con el hombre depositario:

1º los recibidos por sacramento, o sea por consagración, "que son inmóviles" que permanecen en la persona y aun en las cosas consagradas, "en cuanto que permanece la persona o la cosa consagrada". Aunque la persona depositaria" incida en herejía o cisma", no pierde el poder. Es conocido que el sacerdote herético no pierde el poder de absolver, y puede usarlo en casos especiales como ser "in artículo mortis". Lo que pierde es el derecho a usar legítimamente del poder, porque el uso legítimo está ordenado por la Iglesia. En caso que haga uso del poder, aun ilegítimamente, ese poder es válido; si consagra, consagra, la consagración es válida, ya que en ese actuar sacro, el hombre no actúa por sí, "sino como instrumento de Dios".

2º los poderes de jurisdicción, en cambio residen en el sujeto, que actúa por sí, y sólo metafóricamente, se pude decir que como instrumento de Dios. El poder de jurisdicción, reside en el sujeto "ex simplici iniunctione hominis" o sea, por imposición meramente humana, de lo que deduce que "non immobiliter adhaeret" O sea que no se une de manera inmóvil a la persona depositaria. De la naturaleza móvil de esa imposición del poder jurisdiccional deduce Sto.Tomas "UNDE IN SCHISMATICIS ET HAERETICIS NON MANET", es decir que no permanece en  los cismáticos y herejes. Pueden deducirse de este fundamento que explicitado por Sto.Tomás, ha sido ley en la Iglesia, "LA NULIDAD DE LOS ACTOS JURISDICCIONALES" practicados por herejes y cismáticos. Esa movilidad proviene según Sto.Tomás de que la entrega del poder es acto puramente humano: "Potestas autem jurisdictionalis est quae ex simplici iniunctione hominis conferetur" Por tanto la unión del poder de jurisdicción con la persona depositaria, depende de la voluntad del sujeto depositario: un papa elegido en el Cónclave, no recibe el poder hasta que lo acepta. Análogamente, puede renunciar por propia voluntad, sin que sea necesaria aceptación de nadie: (CIC.221) "Ad ejusdem renunciationis validitatem non est necessaria Cardinalium aliorumque acceptatio" Sto.Tomás, para afirmar que la jurisdicción no permanece en los herejes, supone que al apartarse de la recta Fe, practicaron un acto de voluntad contrario a la aceptación del poder jurisdiccional, porque la voluntad humana no puede querer dos cosas contradictorias en forma simultánea. La adhesión a la herejía, supone la renuncia a la jurisdicción.

Ahora veamos si estos criterios alcanzan hasta la jurisdicción papal. La jurisdicción papal fue establecida por Derecho Divino y no por derecho natural ni humano. El Papa está subordinado al Derecho Divino, y sujeto a las cosas que Cristo dispuso para Su Iglesia. El poder papal es supremo y pleno, dentro de los límites de la fe cristiana tradicional, que delimita su cargo y poder. El Concilio Vatic.I define que el cargo papal es ordinario (DS.3060) y el CIC.218. §2. define el término, diciendo que los límites del poder son anexos al cargo por el propio Derecho. En relación al Papa, este Derecho es el Divino.  El poder papal es "obstrictus iis quae Christus pro Ecclesia sua disposuit" >>

SAN ROBERTO BELARMINO defiende la doctrina de Sto.Tomás. [De Romano Pontífice, Lib.II, c30, pp418-420] Argumenta con la pérdida de la condición de miembro visible de la Iglesia. El papa herético pierde el poder de jurisdicción papal "ipso facto" por el hecho mismo.

[Confrontar Billot. Tract.De Ecclesia Christi t1 p.610]

CAYETANO; más vago, sostiene la misma tesis.

SUAREZ admite que el papa que subvierta "las ceremonias eclesiásticas fundadas en la Tradición Apostólica" es cismático.

TORQUEMADA: sostiene que "El Pontífice herético reniega de Cristo y de la Iglesia verdadera; por consecuencia, reniega de su cargo; por lo tanto está privado de él" [Confrontar Suarez Disp.X Sect. VI, Nº2 p316]

El punto fundamental sobre el cual se afirma la vacancia es que: Juan Pablo II no puede ser Papa precisamente en virtud del dogma de la infalibilidad del Papa y de la Iglesia. El sedevacantismo (del segundo enfoque) parte justamente de la infalibilidad del Papa y/o de la Iglesia: infalibilidad del magisterio ordinario universal; infalibilidad práctica en la promulgación de leyes canónicas; infalibilidad práctica en la promulgación de leyes litúrgicas; infalibilidad práctica en la canonización de los santos. Ahora bien, la propia Fraternidad San Pío X admite la tesis -que incluso defiende a capa y a espada- según la cual están contenidos errores: en el Concilio Vaticano II; en el nuevo código de derecho canónico; en el nuevo rito de la misa y en las demás reformas litúrgicas; en algunas canonizaciones efectuadas después del Concilio. De aquí que no pueden venir de la Iglesia. No pueden venir del Papa. Pablo VI y Juan Pablo II que promulgaron y confirmaron estos actos, no pueden ser la Autoridad.

Demostrar que la postura sedevacantista es falsa equivale a aplicar a Juan Pablo II cuanto escribe el Concilio Vaticano I a propósito del Romano Pontífice: El Primado apostólico, que el Romano Pontífice [Juan Pablo II] posee sobre la Iglesia universal como sucesor de Pedro Príncipe de los Apóstoles, abarca también al poder supremo de magisterio (...) En efecto, los Padres del IVº Concilio de Constantinopla, siguiendo las huellas de sus predecesores, formularon esta solemne profesión de fe: La primera condición para la salvación es la de custodiar la regla de la recta fe. Y puesto que no puede volverse letra muerta la expresión de Nuestro Señor Jesucristo que dice: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt. 16, 18); esta afirmación se verifica en la práctica porque en la Sede Apostólica la Religión Católica siempre se ha conservado inmaculada y la doctrina católica siempre ha sido profesada en su santidad>  El Papa, […] [II Concilio de Lyon] “como tiene el deber de defender por sobre todo la verdad de la fe, así las disputas que surgiesen a propósito de la fe deben ser resueltas por juicio suyo  [Los Obispos] “han referido especialmente a esta Sede Apostólica los peligros emergentes en materia de fe, para que los daños causados a ella fuesen reparados sobre todo donde la Fe no puede sufrir deficiencias Por lo mismo, este carisma de Verdad y de fe, jamás defectible, ha sido concedido por Dios. Luego, entre los mandamientos de Cristo no ocupa un lugar menor el que nos ordena estar incorporados mediante el bautismo al Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia y el de adherir a Cristo y a su Vicario [en este caso, Juan Pablo II], mediante el cual [Juan Pablo II] Cristo gobierna de modo visible a la Iglesia en la tierra. Por esto, no se salva aquel que, sabiendo que la Iglesia ha sido divinamente instituida por Cristo, rechaza sin embargo el someterse a la Iglesia o rechaza la obediencia al Romano Pontífice [para el caso: Juan Pablo II], Vicario de Cristo en la tierra (Pío XII, carta del Santo Oficio al Obispo de Boston, DS 3867).

En efecto, Venerables Hermanos e hijos dilectos, se trata de la obediencia que se debe prestar o negar a la Sede Apostólica; se trata de reconocer la suprema potestad también sobre vuestras Iglesias, al menos en lo que concierne a la fe, la verdad y la disciplina; quien la negare es hereje. Por el contrario, quien la reconozca pero orgullosamente rehúse obedecerle, es merecedor del anatema (Pío IX, Enc. Quae in patriarchatu, nros. 23 y 24, del 1º de septiembre de 1876). Obediencia que también incluye las censuras canónicas impuestas por la autoridad: El fraude más empleado para conseguir el nuevo cisma es el nombre de católico, que los autores y sus secuaces asumen y usurpan no obstante haber sido amonestados por Nuestra autoridad y condenados con Nuestra sentencia. Siempre fue cosa importante para los herejes y cismáticos declararse católicos y decirlo públicamente, gloriándose de ello, para inducir a error a pueblos y Príncipes. En cambio, el Papa enseña que quienquiera haya sido señalado como cismático por el Romano Pontífice, hasta que no admita expresamente su autoridad y la respete, debe dejar de usurpar de cualquier modo el nombre de católico. UGO BELLOCCHI, Tutte le encicliche e i principali documenti pontifici emanati dal 1740, Vol. IV, Pío IX, Libreria Editrice Vaticana, Cittα del Vaticano, 1995, págs. 463‑464.

CONCLUSIÓN

En razón de todo lo que antecede, que compartimos enteramente, quien esto presenta, acusa a la ocupada Sede Romana de estar en el error herético y aun más que por estarlo, por su silencio ante las acusaciones que ha recibido durante estos últimos cincuenta años, siendo su primer deber de jurisdicción el de definirlos de acuerdo a los carismas mencionados.

Mientras no definan ex cátedra acerca de las acusaciones, no recibimos ni su Novus Ordo, que consideramos ilegítimo, en cuanto que ordenado en 1969, a cuya fecha posterior a 1965, en la cual, acusamos a Paulo VI de haber renunciado al Pontificado; ni sus juicios, ni el impío nuevo Código de Derecho de 1983.

También acusamos a los ocupantes de la Sede romana, de estar en una conjura para dañar a la Santa Iglesia, y que el estar insertos en ella, es la causa por la que no actúan como debieran.

SOBRE EL PONTIFICADO

LOS "PAPAS" DEL CONCILIO

La Sede estuvo y está vacante

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[*] Todo lo que se dice aquí sobre Juan Pablo II, se aplica también a Benedicto XVI.