CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

A PROPÓSITO DE LA
IMPOSIBILIDAD DE “PAPAS HEREJES”
Scivias


El sucesor de Pedro es infalible en su enseñanza, sin distinguir grados y es indefectible en la Fe de su persona. Si aceptamos que los papas son sucesores de Pedro y por tanto a quienes conviene con propiedad las palabras del Señor sobre el primado que Él instituyó como Roca en la que reposa la Iglesia, ¿Por que no habríamos de hacerlo en aquélla promesa del Divino Fundador de la Iglesia “ Yo he rogado por ti Pedro, para que tu FE NO FALLE, y tú una vez convertido, CONFIRMA a tus hermanos?


“¿Alguien será lo bastante loco para osar pensar que la plegaria de aquél para quien querer es poder pueda ser sin efecto sobre un punto? La Sede del príncipe de los apóstoles, la Iglesia romana, ¿no ha, sea por Pedro mismo, sea por sus sucesores, condenado, refutado y vencido todos los errores de los herejes? ¿No ha confirmado los corazones de los hermanos en la fe de Pedro, que hasta ahora no ha fallado y que hasta el fin no fallará?” (Carta a los cismáticos griegos, San León IX)

"He leído con atención el artículo y los comentarios y se me ocurren algunas consideraciones de carácter general:

1) El papa es papa SIEMPRE; no se puede quitar ese cargo ni para comer o dormir, mucho menos para, estando despierto, proferir (pronunciar, decir, articular palabras o sonidos) o practicar herejías, aunque le hablara al espejo. La promesa de Nuestro Señor Jesucristo a Pedro y sus sucesores fue sin condiciones. Entonces es ocioso hablar de “persona particular” o “doctor privado”, categoría que fue expresamente ignorada por el Concilio Vaticano I, a pesar del pedido de los obispos italianos, que como tantos otros querían “moderar” la definición por razones que se podrían llamar políticas.

2) Como ya se ha expresado en algunos comentarios, especialmente por parte de fray Eusebio, Roma habló, y hoy, gracias a los medios de que disponemos, podemos saber perfectamente lo que Roma dijo, así haya sido en el siglo XV y en latín. Tenemos mucho más acceso a las enseñanzas de la Iglesia que los teólogos de antaño,  aunque no tengamos su sabiduría o su santidad. Y si Roma habló, sea por las bulas Licet ea, Cum ex apostolatus, por el concilio Vaticano I, ¿por qué le seguimos dando vueltas al asunto?

3) Si desde un primer momento la Iglesia hubiera creído posible que el papa en alguna circunstancia pudiera errar en materia de fe o costumbres, los archivos del Vaticano tendrían el doble de extensión, al alojar necesariamente todo lo escrito por quienes habrían impugnado cada expresión papal, buscando la posible herejía oculta en sus enseñanzas, sea para censurarla, sea para aprovecharse de ella. Como corolario de esto podemos decir sin temor a equivocarnos que quienes defienden la proposición del papa errando como “persona particular”, son los que perdida la batalla mayor, buscan el subterfugio para debilitar la autoridad papal. ¿Se imaginan lo que ocurriría hoy si por la Gracia de Dios llegara al Trono de Pedro un papa verdadero? Habría legión de católicos, empezando por varios obispos y sacerdotes muy mentados en estos artículos, poniendo en duda cada enseñanza pontificia. Ese es el daño que ya hicieron los muy taimados: respecto a muchos fieles de buena voluntad pero poco advertidos que confían en sus enseñanzas,han quebrado el espinazo de la Iglesia en su unicidad, su santidad, su apostolicidad.

4) A riesgo de aparecer como censurando la muy buena obra del propietario de este blog, se me ocurre decir que incluir los dichos o especulaciones de teólogos canonizados que han sido desmentidos por la enseñanza de la Iglesia (sabemos que la infalibilidad fue prometida a los papas y no a los santos), no colabora con la difusión de la Verdad, sino que genera discusiones más apropiadas para ambientes académicos en los que especialistas en hermenéutica y en diversas lenguas vivas y muertas, pueden tomarse la libertad de disecar textos buscando el verdadero significado que quiso darle el autor. Ejemplo: ¿puedo yo, que no tengo a mano los escritos originales de teólogos de siglos pasados, escritos seguramente en latín, idioma desconocido para mí, sacar alguna conclusión válida de lo que quisieron decir? No, porque ni sé si la traducción que llegó a mis manos es fidedigna. Tengo que confiar traductores, en intérpretes… No es así como vamos a llegar a la verdad, especialmente cuando Roma habló.

Por último, Lucy pregunta por la situación de los “papas” post Pío XII:jamás fueron papas por haber adherido, profesado, defendido a herejías y herejes ANTES de su elección como papas (Ver bula Cum ex apostolatus). ¿Por qué nunca fueron declarados usurpadores? Las cosas que Dios permite que ocurran son muchas veces -o siempre- indescifrables para nosotros. Lo cierto es que los enemigos de la Iglesia ya a fines del siglo XIX habían invadido aun los cargos más altos del clero y se ocupaban de que en los seminarios se difundiera el error. Los obispos y cardenales de la época de la muerte de Pío XII estaban en gran medida chapaleando en el barro del modernismo y festejaron la llegada del conciliábulo Vaticano II como el mayor triunfo de la Iglesia en toda su historia. Los pocos que levantaron la voz, o fueron silenciados por el aparato o erraron en el diagnóstico: justamente adjudicaron a un imposible el desvío de la Iglesia en su conjunto: decían que el papa (Juan XXIII para algunos, Pablo VI para otros) “había caído en la herejía”. Me tocó ver a muchos, muchísimos católicos que volvieron mansos al redil de su obispado cuando cayeron en la cuenta de que se hablaba de “papas herejes”. Su análisis era el siguiente: “sólo un hereje puede decir que el papa es hereje”. Y en eso tenían razón. Así murió una enorme resistencia naciente.

Una elección tradicional de un papa a partir del “colegio cardenalicio” actual, es imposible, dado que todos son herejes, desde que pertenecen a esa secta presidida hoy por Bergoglio. ¿Cómo se resuelve esto? Sólo Dios los sabe. Por lo pronto, recemos y hagamos penitencia para que Él se apiade de nosotros"

Visto en: Amor de la Verdad

SOBRE EL PONTIFICADO
LOS "PAPAS" DEL CONCILIO VATICANO II