CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

Revista Roma N° 3 - Marzo de 1968
ANTICONCEPCIÓN

Juan Esteban Castro Martínez
(Médico)


"Tu esposa será como vid cargada de fruto en el interior de tu casa. Tus hijos como renuevos de olivo, en derredor de tu mesa" (del Gradual de la Misa de Esponsales). "Oh Dios, por quien la mujer se une al varón, y sobre quien toda la sociedad estriba: dale la bendición que ha sido la única de que jamás fue privado el género humano, ni por la pena del pecado original, ni por la sentencia del diluvio universal" (de la Bendición Nupcial).


Hace ya muchos años que se despliega una campaña obsesiva a favor del empleo de métodos anticonceptivos. Todos los medios de comunicación social y las artimañas de la propaganda fueron utilizados concertadamente en escala mundial. No parece casual sino siniestramente significativo que en la India se premie con una radio a transistores a quien se someta voluntariamente a la esterilización.

Según parece, hasta asesores del Movimiento Familiar Cristiano han recomendado el empleo de pildoras anticonceptivas. Quien esto escribe se vio obligado a forzar la retractación pública, ante un grupo de médicos, del Padre D., quien acababa de afirmar que la Iglesia autorizaba dicho empleo; dos años después me entero, con dolor pero sin sorpresa, que dicho sacerdote y religioso ha sido reducido, a su pedido, al estado laico.

Dice el R. P. Alberto García Vieyra O. P., en su libro "La devoción a la Ssma. Virgen": "El demonio trata de destruir las empresas que pueden quitarle los hombres; si no las puede hacer desaparecer, por lo menos las vuelve estúpidas, o las dedica a perder el tiempo". Y es que a todos nos acecha el peligro de descuidar la provisión de aceite para nuestras lámparas.

Es menester repetir con la mayor energía que respecto a la cuestión de la anticoncepción no existe en la Iglesia el estado de duda. Las normas de Pío XII, que sólo autoriza en esta materia la continencia total o periódica, siguen obligando gravemente en conciencia.

Cada día comprobamos con evidencia más agudamente dolorosa que estamos siendo llevados a condiciones de vida más inhumanas. Como dice Daujat en "El cristianismo y el hombre contemporáneo": "Actualmente las costumbres y las instituciones son de tal índole que es extremadamente difícil que se viva en cristiano dentro de ellas".

La familia, clave del orden social, encuentra dificultades cada vez más graves; de seguir así, la civilización se verá abocada a un colapso total. "La Historia no yerra cuando indica la alteración de las leyes del matrimonio y de la procreación como la primera causa de la decadencia de los pueblos" (Pío XII).

Actualmente comienza a perder eficacia la propaganda masiva a favor de los métodos anticoncepcionales, pero el peligro no desaparecerá mientras los egoísmos ahoguen el verdadero amor humano.

La desconfianza actual se origina en gran parte en que se han divulgado algunos de los efectos perniciosos a que pueda dar lugar el empleo de medios anticoncepcionales.

Los progestágenos orales producen una alteración de la fisiología femenina al impedir la ovulación. Deben ser empleados durante todo el tiempo que se quiera mantener la agenesia. El endometrio presenta alteraciones respecto a su ciclo normal. No pueden ser empleados en todos los casos, pues hay contraindicaciones médicas precisas. Al suspenderlas parece haber aumentado la proporción de embarazos múltiples. Producen efectos colaterales desagradables en una proporción que llega hasta el 30 por ciento de los casos. Se han registrado efectos de virilización, hirsutismo, alteraciones de la coagulación sanguínea, etc.

En cuanto a ciertos dispositivos mecánicos, baste indicar que impiden la nidación ovular por su acción irritativa; no puede descartarse que favorezcan procesos inflamatorios ni que sean un factor cancerígeno.

Pero éstos no son sino efectos que irán a engrosar el creciente capítulo de las enfermedades iatrogénicas, esto es, aquellas causadas por el uso y abuso de medicamentos.

A las perturbaciones somáticas deben sumarse las psíquicas, porque no se desvirtúan impunemente funciones profundamente arraigadas en la naturaleza humana. Así ha podido hablarse con fundamento de una verdadera "psicopatología de la anticoncepción".

J. M. Vaissiere en "El amor humano" muestra admirablemente que el matrimonio es una institución divinamente concebida para sostener y guiar el crecimiento del amor hasta su más alta perfección.

Tienen razón quienes dicen que el hombre está hecho para amar, pero muchas veces emplean sofísticamente el argumento. Parecen olvidar que todo pecado no es sino falta, carencia de amor. Como el hombre mismo, su amor es uno y complejo. En el estado de integridad original era perfecta la armonía entre sus diferentes estratos. Después del desorden introducido por el pecado en la naturaleza caída, el equilibrio puede y debe ser reconquistado, penosa y meritoriamente, gracias a la Redención, mediante la cruz y resurrección de N. S. Jesucristo.

Sólo puede ser amado lo que es conocido. La percepción corporal despierta el amor sensible, mientras que el conocimiento de la belleza o bondad despierta un amor también espiritual. Mientras el primero es instintivo, el segundo, consciente y voluntario, implica una elección, una dilección de la que sólo es capaz la naturaleza racional. Dado que el hombre es específicamente tal en cuanto racional, el amor no será propiamente humano sino en cuento sea dilección y no simple instinto.

Es prácticamente imposible un amor humano puramente carnal, o uno puramente espiritual, pues en el hombre no se da separación absoluta entre lo espiritual y lo sensible. Y es de la esencia de los sentimientos ser el lugar de encuentro entre lo espiritual y lo fisiológico.

Repitámoslo, porque se trata de algo fundamental, escandalosamente olvidado en esta época de confusión. Se distinguen en el amor tres estratos distintos y jerarquizados pero no separados: el carnal, el sentimental y el espiritual, que en el estado actual de naturaleza caída sólo pueden ser armonizados y llevados a participar de la perfección divina mediante la Gracia que nos ha sido merecida por el Redentor y en cuyo orden debemos insertarnos libremente.

Cuando el sentimiento se depura se eleva a lo espiritual; si se corrompe se rebaja a lo carnal. Su depuración consiste, no en suprimir el elemento carnal, sino en reducirlo al papel subordinado que le corresponde y donde adquiere su genuino sentido humano. Su corrupción resulta de la eliminación del sentido espiritual, con lo que cae a un nivel inferior al de las bestias.

El hombre es espíritu y materia, y la razón de ser de los sexos es que se unan físicamente en vista a la propagación de la vida. Pero si lo carnal es uno de los componentes normales del amor conyugal, de ello no se sigue que se le deba permitir el constituirse en elemento dominante, pues esto sería indigno y destructivo de la personalidad humana. La Iglesia enseña constantemente que lo esencial de todo amor, su nobleza, su fuerza y su pureza, está en la unión de las almas que tienden hacia Dios. Cuando el egoísmo y la soberbia humana pretenden enmendar la plana a las disposiciones divinas, se produce la destrucción y la muerte.

Todos hemos admirado esas parejas de ancianos que, después de una vida nada fácil, ven con apacible serenidad el declinar de su existencia, tan mutuamente consubstanciados, que hasta físicamente se parecen. Y cuando el ángel de la muerte llama a uno de ellos, no tarda en ser seguido por el otro, como si la Providencia se apresurase a reunirlos definitivamente en el gozo de su Señor.

Lo que hemos dicho y mucho más está expuesto con palmaria claridad en la obra de Vaissiere ya citada. Pero no podemos eludir la menos agradable tarea de descubrir las falacias más comunes que se emplean en las campañas anticonceptivas. Para ello utilizaremos algunos datos,  que trae Michel de Penfentenyo en"Planification des naissances" ("Le Cormorán", Villaneuve d'Ors-son, Gironde, 1963).

1° "Con estos métodos se disminuiría el número de abortos criminales".

Sucede precisamente lo contrario. Japón fue víctima de una de las campañas anticoncepcionales más costosas, tenaces y mejor organizadas. En 1955 los nacimientos fueron en un millón inferiores a la cifra de 1949, pero los abortos aumentaron de 246.000 a 1.170.000. Es decir que la disminución de nacimientos se debió en un 92 por ciento a los abortos y sólo en 8 por ciento a los métodos anticonceptivos. Una encuesta demográfica del diario japonés "Mainichi" demostró en 1952 que quienes usaban técnicas anticonceptivas recurrían al aborto en una proporción seis veces superior a la de quienes no las empleaban.

Suecia, que desde 1938 marcha a la vanguardia de la contracepción legalizada, no ha dejado desde entonces de ver aumentar el número de abortos criminales, dado que la posibilidad de interrumpir el embarazo se ha convertido en objeto corriente de conversación. No dudamos, aunque en este momento no lo podamos demostrar, que debe haber alguna relación entre estos hechos y el triste privilegio que tiene Suecia de presentar el más alto porcentaje de suicidios.

De 17 países que habían legalizado o tolerado las prácticas anticonceptivas, once se vieron obligados, cuando Perfentenyo publicó su trabajo, a legalizar el aborto. A ello hay que agregar ahora a Gran Bretaña y quizás algunos más.

Quienes practican métodos artificiales de control de la natalidad constituyen el 75 por ciento de la clientela de los "aborteros".

La razón de estos hechos aparentemente paradojales no es difícil de encontrar. No es posible que la desvirtuación permanente de la finalidad del acto conyugal no tenga un efecto deplorable sobre el psiquismo de los cónyuges, sobre la atmósfera de su vida sexual vuelta anormal y, por contragolpe, sobre la entera vida familiar. Por otra parte, cuando fallan las técnicas contraceptivas, ¿quién impedirá que los padres se sientan indebidamente afectados en su egoísmo y se veden el recurso al aborto criminal?

2° "Los recursos que permiten regular la natalidad fácimente y sin sacrificios harán familias más felices".

¿Cuáles son los resultados prácticos de esta manera de pensar y de obrar?

Se produce en primer lugar una perversión del amor, reducido a juego afrodisíaco de satisfacciones egoístas. El matrimonio no es ya la institución divina que a través de los renunciamientos que exige la procreación y la educación, va llevando a los esposos insensiblemente a la cumbre del amor mutuo en la felicidad de la obra común; queda reducido al acuerdo superficial y efímero de dos voluntades para el intercambio de sus capacidades eróticas.

No es de extrañar entonces que se multipliquen las desavenencias y los divorcios.

El bebé ya no es considerado una bendición del cielo, sino el intruso molesto que exige atenciones, que se satisfacen de mala gana, rehuyéndolas todo lo que se puede.

Desde el momento en que los hijos sólo son deseados según la conveniencia de los padres, éstos, que sólo buscan la satisfacción del amor propio, tienen muy poca inclinación a consagrarse a su educación natural y sobrenatural. Los hijos pasan a ser juguetes de lujo, simples indicadores del estado social-económico de los padres.

Decae la moral de la juventud, pues el ideal de felicidad que les muestra la generación precedente es sinónimo de "experiencia sexual estéril". Si el amor no es sino un juego erótico sin consecuencias, ¿por qué limitarlo a esa antigualla que se llama matrimonio?

Los poderes públicos nada hacen para poner coto a la inmundicia que nos ahoga por la prensa, radio, cine y televisión. En las calles el pudor se ve ofendido a cada momento.

No es de extrañar un desquiciamiento de la naturaleza humana. Afeminamiento en los hombres, virilización en las mujeres. El auge de la homosexualidad encuentra defensores hasta en muchos teólogos entre los "hermanos separados"... o no.

"La contracepción remediará el hambre creciente en el mundo".

Es sintomático que quienes promueven estas campañas en los países pobres sean los países ricos.

Se calcula que con los conocimientos ya adquiridos y los elementos de que disponemos, los recursos alimentarios pueden aumentarse unas veinticinco veces en pocos años. Y la ciencia descubre cada día nuevas posibilidades.

"Las reservas de la tierra son ilimitadas" (Pío XII). Pero depende de la sabiduría de los hombres, de su trabajo ordenado, de la paz en el mundo, de la buena organización social conforme a las leyes divinas, el hacerlos fructificar. Y nada de esto se conseguirá fomentando egoísmos.

La limitación de nacimientos (con medios moralmente lícitos) puede llegar a ser dolorosa necesidad en el mundo cada vez más desquiciado en que vivimos, Pero sólo contribuirá a la felicidad humana si se ofrece como un sacrificio, en aras de la caridad, y no si sirve de pretexto para el desfogamiento irresponsable de pasiones tomadas como un fin.

El espíritu que presenta a la anticoncepción como una panacea capaz de asegurar la felicidad, es un espíritu maligno que busca destruir la única bendición que jamás fue quitada a la especie humana.

Al pretender cegar las fuentes de la vida, este espíritu de mentira sólo traerá la desesperación y la muerte.

En una discusión pública que sostuve con un colega, éste llegó a decir: "Existen organizaciones internacionales que impulsan el planeamiento familiar y la Argentina tendrá que cumplir". No pude evitar un estremecimiento. Es posible que en fecha no muy lejana los médicos nos veamos enfrentados a la elección suprema: el martirio o la traición abyecta.

Ello ya ha ocurrido en Hungría. Pero ignoramos los caminos de la Providencia.

Es hora de despertar. Para nosotros ha comenzado el proceso de la elección. Conscientes de nuestra miseria, pero seguros de que no estamos solos, luchemos incansablemente contra la estulticia propia y ajena. Nuestra esperanza es Aquel que es, que era y que está viniendo. Vigilemos y oremos para no abandonarlo. Y la fatiga y la angustia de la espera desaparecen si velamos cabe la Madre.

Revista "Roma" N° 3, Pg. 50

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