CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

Revista Roma N° 9 - Mayo de 1969
FÁTIMA, ESPERANZA DEL MUNDO

Pièrre Lemailre


FÁTIMA, ESPERANZA DEL MUNDO - Pièrre Lemailre

Tuvimos el privilegio de pasar en familia las fiestas de Navi­dad. Las hemos aprovechado para intentar la profundización del Mensaje dirigido a nuestro tiempo por la Virgen María que bajó del cielo con la intención de comunicarlo a los tres pastorcillos: Lucía (10 años), Jacinta (7 años), y Francisco (9 años). Y a esto no puede oponerse la duda de los escépticos: —"; Bah! de eso hace cincuenta años, desde entonces las cosas han cambiado", puesto que, desde hace cincuenta años, ese insignificante acontecimiento local ha crecido y ha crecido agrandándose hasta alcanzar dimensión nacional, mundial, para convertirse después en un acontecimiento de la Iglesia, en síntesis, en un aviso celestial en vías de realizarse.

El desarrollo de los acontecimientos demuestra hasta la evidencia que estamos frente a dos poderes:

—El dragón, Lucifer, que prosigue su plan con el materialismo ateo a fin de destruir a la Iglesia, la humanidad y el hombre;

—La mujer, la Virgen María sin mancha, Madre Inmaculada "Victoriosa en todos los combates del Señor".

Lo que María anunció cincuenta años atrás, el triunfo transitorio del materialismo ateo "si no nos convertíamos", se desarrolla a nuestra vista implacablemente. Pero la conclusión no será la que Lucifer espera: él bien lo sabe y ello provoca su furor, pues Nuestra Señora ha dicho categóricamente: AL FIN MI INMACULADO CORAZÓN TRIUNFARÁ.

Francia es ahora lo que era Portugal en 1917: la víctima de la Masonería. La corrupción de las costumbres, la disolución de la familia francesa, el fracaso de la enseñanza, la revolución cultural en universidades, liceos y parroquias, el malestar social, la aproximación a los estados soviéticos, son males tan graves como los que asolaban a Portugal en 1917. Citemos por otra parte algunas líneas del librito: "LE PRODIGE INOUí DE FÁTIMA" (El extraordinario prodigio de Fátima) de J. C. Castelbranco:

"Con la revolución de octubre de 1910 el libre-pensamiento se había instalado en el poder. Sus representantes pretendían que la eligión era la causa de la ruina de Portugal, antaño tan floreciete, y "juraron" sofocar en él la fe, al cabo de dos generaciones: como tenían el poder en sus manos estaban seguros de que su impío proyecto habría de triunfar.

"Pero el Cielo recogió el insensato desafío magníficamente. No habían transcurrido veinte años cuando los librepensadores eran aplastados y la religión resurgía más floreciente que nunca. Y, sobre todo hecho digno de ser meditado por todos los gobernantes—, gracias a este renacimiento cristiano el país pudo surgir de entre las ruinas.

"Los gobernantes sectarios habían llevado a Portugal a un estado de verdadera descomposición económica, moral y política. Su deuda flotante alcanzó a 200 mil millones de escudos (dólares). El interés monetario que oficialmente era del 8 % llegó al 15 % en la práctica. El país ya no tenía crédito y en la Sociedad de las Naciones se habló de poner sus finanzas bajo el control de otro país. Moralmente ya no existía ningún respeto por el derecho, la justicia y el bien público. Las personas honorables se veían tratadas como parias, y, de hecho, el país estaba sometido a la acción de agrupaciones terroristas organizadas primero como "centros" carbonarios para desdoblarse luego en células bolcheviques con diversos apodos: Mano Negra, Máscara Roja, Hormiga Blanca, etc. Políticamente el desorden y la anarquía se habían establecido como principios, al punto que en 16 años el país tuvo 16 revoluciones sangrientas, 8 presidentes y 43 cambios de gabinete.

"Pero en el momento en que todos estos factores de disolución llevaban el país al borde del abismo, Nuestra Señora del Rosario se presentó en Fátima trayendo una solución rápida y eficaz para los problemas de la hora".

El mismo autor cita las palabras de Salazar a un periodista norteamericano (en 1946):

"Por lo que sabemos de los asuntos internos de Rusia parece improbable que se produzca allí una revolución por el momento. Pero hay una esperanza de paz: la esperanza de que la Providencia haga en Rusia lo que hizo aquí".

Como Portugal respondió generosamente al llamado de Nuestra Señora ha podido reconstruirse espléndidamente. Se libró de la Revolución que ensangrentó trágicamente a España en 1936, y gozó de paz durante la guerra mundial desencadenada en 1940.

El Cardenal Patriarca de Lisboa exclamaba ante 400 mil peregrinos en 1942:

".. .Para expresar lo acontecido aquí desde hace 25 años no hay más que un solo vocablo: "¡Milagro!" Fátima no ha revelado aún todo su secreto a Portugal y al mundo; pero no nos parece exagerado decir que lo revelado a Portugal es señal y prenda de lo que tiene reservado para el mundo...".

El mal (tan a menudo propagado por la Hija Primogénita de la Iglesia) se ha hecho ahora universal, pero también se ha hecho universal el signo de Fátima. Los Papas han reconocido los avisos de Nuestra Señora y los han hecho suyos: más aún, nos piden que los escuchemos si queremos asegurar nuestra salvación y la de la humanidad. Ante los enormes cataclismos que amenazan al mundo, cuánto quisiéramos ser los propagandistas de la buena nueva traída por Nuestra Señora, gritando al mundo frente a su adversario el Dragón: "FINALMENTE MI CORAZÓN INMACULADO TRIUNFARÁ"

Con el fin de estimular a nuestros amigos, reconfortarlos y animarlos, resumimos en estas páginas algunos aspectos del Memsaje de Fátima. Si nuestros miles de lectores, hombres, mujeres y niños, quisieran comprometerse a cumplirlo; ¡cuánto bien se seguiría de allí para nuestra patria; por medio de ellos, unidos paulatinamente a muchos otros, el Mensaje se propagaría! La revolución vencida en nuestros hogares terminaría por serlo igualmente en la ciudad, dando lugar al reinado de Nuestra Señora.

I.    Una fuente de bendiciones para el mundo

He aquí, ante todo, algunas líneas publicadas en el "Boletín de las Causas de Beatificación de Francisco y Jacinta", en 1967:

"El Purísimo Corazón de María ha sido siempre una fuente de bendiciones. Al proponernos hablar de él como fuente de bendiciones pensamos, sobre todo, en lo que ese Corazón ha sido a partir de las Apariciones de Fátima". "Nuestro Señor quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado". "Prometo la salvación a los que adopten esta devoción, sus almas serán predilectas de Dios como flores colocadas por Mí para adornar su trono" (Manuscrito de Lucía).

Vale la pena insistir sobre este tema por varios motivos:

1. Porque ese Corazón Purísimo no ha dicho su última palabra en el contexto de los acontecimientos en que Dios quiso colocarlo desde 1917.

Esperamos todavía su triunfo final, prometido como término de la época iniciada en 1917.

2. Porque el mundo actual continúa agotándose en luchas sangrientas en muchas regiones del globo. A pesar de los progresos técnicos y económicos, el odio, el sufrimiento y el dolor continúan pesando sobre el género humano como una triste fatalidad. El mundo se siente enfermo, se confiesa desdichado y aun desesperado. Solamente las bendiciones de Nuestro Señor, que mucho dependen del Purísimo Corazón de María, pueden poner término a este largo calvario y manifestarnos la Paz de Cristo prometida en el Reino de Cristo.

3. A causa de la ceguera de muchos corazones. En efecto, hasta en el vasto ámbito de la catolicidad no faltan escribas y doctores de la ley que se obstinan en subestimar esta fuente de gracias que es la devoción al Corazón Purísimo de María tal como Fátima lo proclamó hace cincuenta años. Se ha gastado y se sigue gastando mucha tinta en el mundo cristiano para disminuir y hasta para anular la importancia de la devoción al Purísimo Corazón de María como "signo de los tiempos" en la fase de la historia de la salvación que vivimos actualmente. Se trata de los Naamanes de nuestro tiempo. Naamán, ministro del rey de Siria, no podía comprender por qué las aguas del Jordán tenían que ser mejores que las del Abana y del Farfar, ríos de su país. "—¿Qué relación puede haber —pensaba este racionalista— entre un baño en el Jordán y la curación de mi lepra?". Los Naamanes de hoy, fabricantes y partidarios de teologías nuevas no pueden comprender qué relación puede haber entre la devoción al Purísimo Corazón de María y las bendiciones que Dios reserva al mundo actual atacado de una lepra peor que la de Naamán: la lepra del pecado.

Vale pues la pena para bien de los fieles, recordar aquí las bendiciones que Dios quiere hacer depender en esta época, de nuestra docilidad con respecto a la devoción al Corazón de María.

II.    La lección que nos dan los tres niños

Ya hemos dicho la edad de los niños, 10, 7 y 9 años. Es la edad en que el alma no está aún manchada por la pasiones y en la que se abre espontáneamente a las cosas celestiales. En su pureza, el niño puede alcanzar un grado tal de amor heroico a Dios y a su Santísima Madre que confunde nuestra mentalidad adulta.

No podemos referir detalladamente la vida admirable de los tres niños a partir de las visitas del Ángel y de María Santísima. Nos limitaremos a reproducir algunas líneas extraídas del Boletín antes citado, que reflejan el calvario de Lucía, cuya madre abigaba la sospecha de que había mentido.

Sufrir por los pecadores

"Mi madre [escribe Sor Lucía] se afligía cada vez más por el giro de los acontecimientos. Así pues hizo otro esfuerzo para obligarme a confesar que había mentido.  Una mañana me llamó y me dijo que me iba a llevan a casa del Sr. Cura: Cuando lleguemos me dijoe arrodillarás y le dirás que has mentido, le pedirás perdón.

"Al pasar por delante de la casa de mi tía mi madre entró uu momento. Aproveché para contar a Jacinta lo que ocurría. Viéndome afligida derramó algunas lágrimas diciéndome: Voy a, levantarme y llamaré a Francisco. Iremos a rezar cerca del pozo. Cuando vuelvas ve a encontrarnos allí.

"Mientras íbamos mi madre me sermoneaba a tal punto que le respondía temblando: Pero mamá ¿cómo podré decir que no la he visto si la he visto?

"Mi madre guardó silencio y cuando nos acercábamos a la casa del Cura me dijo: ¡Ten mucho cuidado! Lo que quiero es que digas la verdad. Si la has visto di que la has visto, si no, confiesa que has mentido.

"Sin más, subimos la escalera y el bueno del Sr. Cura nos recibió en su despacho amablemente, hasta diría que con mucha bondad. Me interrogó con rigor y delicadeza empleando ciertos artificios para ver si yo me contradecía o confundía. Por último nos despidió encogiéndose de hombros como queriendo significar: «No sé qué decir ni qué hacer en este asunto».

"Al volver corrí al pozo donde Jacinta y Francisco estaban rezando. En cuanto me vieron Jacinta corrió a abrazarme y me preguntó qué había pasado, al contárselo me dijo: Ya ves, no hay por qué tener miedo. Esta Señora nos ayuda siempre. ¡Nos quiere tanto!

"Desde que Nuestra Señora nos enseñó a ofrecer nuestros sacrificios a Jesús, toda vez que habíamos convenido en hacer alguno o que debíamos soportar alguna prueba, Jacinta me preguntaba: —¿Has dicho a Jesús que es por su amor? Si le decía que no: —Entonces voy a decírselo —añadía—, juntaba las manos, levantaba los ojos al cielo y decía: —«Oh Jesús, es por vuestro amor y para la conversión de los pecadores»".

Sufrir por el Papa

"Dos sacerdotes vinieron a interrogarnos y nos recomendaron que rezáramos por el Santo Padre. Jacinta preguntó quién era el Santo Padre y los dos buenos sacerdotes nos explicaron quién era y cuánto necesitaba oraciones.

"Se apoderó de Jacinta tal amor al Santo Padre que cada vez que ofrecía sacrificios a Jesús, añadía: ...«y por el Santo Padre». Al terminar el Rosario rezaba siempre tres Ave María para el Santo Padre. A veces decía: «¡Quién me diera ver al Santo Padre! Aquí viene mucha gente pero el Santo Padre no viene nunca». En su infantil candor pensaba que el Santo Padre podía hacer ese viaje como los demás.

"Un día que mostré descontento por la persecución que comenzaba a levantarse contra mí en el seno de mi familia y fuera de ella, Francisco procuró consolarme diciéndome: «¡No te preocupes! ¿Acaso Nuestra Señora no nos ha dicho que tendríamos que sufrir mucho para reparar tantos pecados que ofenden a Nuestro Señor y al Corazón Inmaculado de María? ¡Ellos están tan tristes! Tendríamos que estar contentos si pudiéramos consolarlos con estos sacrificios»".

He ahí descripto en estas líneas el grado de santidad heroica que habían alcanzado los tres niños. En momentos en que el suelo de nuestras ciudades —otrora cristianas— parece hundirse bajo nuestros pies ¿no vemos que —si lo queremos— nuestros hijos de 6 a 10 años podrían traer la salvación al mundo corrompido de nuestro tiempo? Bastaría que nosotros, sus padres, los confiáramos a la Santísima Virgen María, al Ángel de su Guarda: ellos harán en sus almas igual obra de reparación, pero con un requisito: que en ningún caso estorbemos la acción de la gracia sino que, al contrario, nos conservemos alertas, firmes y hasta severos si fuere menester, para mantenerlos en la visión de las cosas del Cielo.

III.    El Rosario

María Inmaculada aborrece el pecado, pero ama a los pecadores porque todos son sus hijos. Quiere restaurar en cada uno de ellos el amor a la pureza con el fin de que la gracia viva en ellos para transformarlos y llevarlos a Su Hijo.

"Es preciso que los hombres se corrijan, que pidan perdón por sus pecados, que no ofendan más a Dios Nuestro Señor a quien ya se ofende demasiado" (13 de octubre de 1917).

Ya Nuestra Señora les había dicho anteriormente:

—"Rezad y haced sacrificios por los pecadores, pues muchas almas van al infierno porque no hay nadie que se sacrifique y ruegue por ellas".

El Rosario es el gran medio que nos da Nuestra Señora

En el último libro del Canónigo Barthas: "Ce que la Vierge nous demande"[1] que debemos leer y meditar; el autor hace hincapié en la insistencia de Nuestra Señora en cada una de sus apariciones: "...Rezad el Rosario todos los días para obtener la Paz del mundo y el fin de la Guerra".

En cambio, el 13 de junio les hace esa recomendación al empezar el diálogo:  "Deseo... que recéis el Rosario todos los días...".

El 13 de julio también al comienzo: "Deseo...que sigáis rezando el Rosario lodos los días en honra de Nuestra Señora del Rosario para obtener la Paz del mundo y el fin de la Guerra porque Ella es la única que puede obtenerlo".

El 19 de agosto en los Valinhos: "Deseo. . .que sigáis rezando el Rosario todos los días...".

En la aparición de septiembre: "Seguid rezando el Rosario todos los días para obtener el fin de la Guerra".

Cuando, según su promesa, resume el último día "lo que Ella desea", dice: "Yo quiero decirte...que soy la Señora del Rosario, que sigáis rezando siempre el Rosario todos los días".

Verdaderamente ningún otro consejo ha sido repetido con tanta insistencia como éste. No es la primera vez que la Madre de Dios nos da pruebas tan patentes de su predilección por esta devoción clásica. Pero aquí insiste de modo particular.

Fue ésta la primera petición de Nuestra Señora que los niños dieron a conocer en derredor suyo. Desde el atardecer del 13 de mayo, la pequeña Jacinta consiguió que toda su familia rezara unida el Rosario, antes de irse a acostar. Asimismo, espontáneamente, los primeros espectadores de las apariciones se conseguían rosarios y rezaban cerca de la verde encina. Y cuando alguien preguntaba en la comarca: —¿Qué pasa en Fátima? —La respuesta más frecuente era: —Hay una santa del Cielo que pide recemos el Rosario.

De esta manera, para obtener la conversión de los pecadores, el fin de la guerra y la paz del mundo, ¿qué recomienda Nuestra Señora?: El Rosario. Es decir la gran devoción que no cesa de propagarse por toda la cristiandad. Con esta arma poderosa venció Santo Domingo a los herejes cátaros, por ella se obtuvo la victoria de Lepanto que salvó a la cristiandad de la invasión turca, gracias también al Rosario se libró La Rochelle en el siglo XVII. Es la gran devoción recomendada por todos los Papas: el Canónigo Barthas hace notar que León XIII, que escribió diez encíclicas sobre el Rosario, decía:

"El Rosario vencerá la violencia de los errores propagados, la intolerable corrupción de costumbres, los ataques de los potentes adversarios que parecen hacer peligrar la Iglesia militante de Dios".

He aquí lo que Pío X escribió en su testamento:

"El Rosario es la oración más hermosa de todas, la más rica en gracias y la que más conmueve el Corazón de la Madre de Dios.. . SI QUERÉIS QUE REINE LA PAZ EN VUESTROS HOGARES REZAD EL ROSARIO EN COMÚN".

En 1941, Pío XII explica cómo el Rosario es la oración por excelencia de la familia pues conviene tanto a cada uno de sus miembros como a la familia en conjunto. En 1951, insistía:

 


"JVo hay nada mejor que el rezo del Rosario en familia para la restauración de la familia cristiana y por ella de la sociedad, según las normas del Evangelio".
Por lo tanto, nuestros hogares poseen un arma poderosa, infalible, porque se apoya en la mediación de María: "Fuerte co­mo un ejército en orden de batalla. Vencedora en todos los com­bates de Dios".
IV.    La Eucaristía
El Mensaje de Fátima comienza con las apariciones del Ángel de Portugal que descendió del cielo a preparar a los niños para la venida de Nuestra Señora.
Lucía, bien preparada por su madre, había hecho la Primera Comunión a los seis años gracias a la intervención de un piadoso sacerdote, el Padre Francisco da Cruz. Jacinta y Francisco, de menos edad, ardían en deseos de recibir ellos también a "Jesús Oculto".
Lucía nos relata la tercera aparición del Ángel en "Cabego" (otoño de 1916):
"Habíamos ido de la «Pregueira» a la «Lapa» (gruta) ro­deando la cuesta de la colina, por el lado de Aljustrel y de Casa Velha. Allí habíamos rezado el Rosario y la oración que el Ángel nos había enseñado en la primera aparición. Entonces se nos apareció por tercera vez con un Cáliz en la mano y encima de éste una Hostia de la cual caían gotas de sangre. Dejando el Cá­liz y la Hostia suspendidos en el airey se postró en tierra y repitió tres veces la oración siguiente:
"Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Al­ma y Divinidad de Jesucristo Nto. Señor, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes y sacrile­gios y de la indiferencia con los que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres peca­dores".
"Después se levantó y tomando de nuevo el Cáliz y la Hos­tia, me dio la Hostia y dio de beber del Cáliz a Jacinta y Francis­co, diciendo al mismo tiempo, «—Tomad y bebed, el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo que es horriblemente ultrajado por los hom­bres ingratos. Reparad sus delitos y consolad a vuestro Dios». Se postró de nuevo en tierra y repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: «Santísima Trinidad. . .», y desapa­reció"[2].

Es imposible concebir un cuadro más expresivo: un Ángel radiante y tres niños puros y llenos de amor, anonadados ante una Hostia y un Cáliz, es decir, ante la Divina Presencia. ¡Qué magnífica respuesta a tantos cristianos y hasta sacerdotes que vacilan ante la Presencia Real!

Al considerar el esplendor y el rigor teológico de la oración eucarística rezada por el Ángel y que tan profundamente conmovió a los niños, el Canónigo Barthas anota:

"Tengo la impresión de que, en la enseñanza catequística actual se tiende demasiado a retrasar la exposición de las grandes verdades: Trinidad, Encarnación, Redención, etc., so pretexto de que el niño no las asimila intelectualmente. Las personas mayres ¿las comprenden mucho mejor? Y, ¿hasta qué edad tendríamos que esperar para escucharlas?" [3].

Comunión reparadora de los cinco primeros sábados

En su Aparición de Julio, después de anunciar que estallaría otra guerra si el mundo no se convertía, Nuestra Señora agregó: "...Para impedir (esta guerra) vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la comunión reparadora de los primeros sábados".

Cuando se apareció a Sor Lucía (novicia en ese entonces en Tuy, España) el 10 de diciembre de 1925, Nuestra Señora vino con el Niño Jesús.

"Nuestra Señora, como en junio de 1917, mostraba su Corazón circundado de espinas que lo atravesaban por todas partes. El Niño Dios habló primero: Ten piedad del Corazón de tu Santa Madre cubierto con las espinas que los hombres ingratos le clavan a todo instante sin que haya quiénes ofrezcan actos de reparación para arrancarlas".

Después de su Hijo habló la misma Virgen:

"Mira, hija mía, mi Corazón circundado de espinas que los hombres ingratos le clavan en todo momento con sus blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme, y di a todos los que durante los primeros sábados de cinco meses consecutivos, se confiesen, reciban la sagrada comunión, recen un rosario y me hagan compañía durante quince minutos meditando sobre los misterios del Rosario, con el fin de rendirme honrosa reparación, que les prometo asistirlos a la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas".

Además, Nuestro Señor volvió dos veces (en 1926 y 1927) para insistir sobre la necesidad de propagar esta devoción. Es sorprendente el paralelismo entre esta promesa del Inmaculado Corazón de María y la del Sagrado Corazón a Santa Margarita María.

A nosotros toca, en tiempos tan llenos de peligros, responder generosamente a estas apremiantes peticiones de Jesús y María.

Un mensaje completo y universal

Esta visita de María venida del Cielo expresamente, en un período trágico de la humanidad, no puede resumirse en los pocos puntos que acabamos de tratar.

El que acepta con un corazón generoso el Mensaje de Fátima, comprende de inmediato que su principal obligación es cumplir lo más perfectamente posible sus deberes de estado respetando las leyes de Dios.

Primeramente, el deber de estado en nuestro hogar, entre los esposos y frente a sus hijos, en nuestra profesión. Para sostenernos en el esfuerzo cotidiano debemos hallar en María la ayuda, el socorro y los consuelos que se encuentran en una madre y, ¡qué Madre!: ¡la Reina de cielos y tierra! Con Ella aprendemos a amar lo celestial, a aceptar todo, a hacer todo por amor: ¿no es esta suave visión la que convirtió a los tres niños de Fátima en gigantes de santidad?

La visión del infierno ocupa un lugar importante en el Mensaje de Fátima, transformó a los niños y los impulsó a hacer sacrificios realmente heroicos para obtener la conversión de los pecadores a punto de condenarse. ¡Cuántas almas habrán salvado estos humildes pastorcitos y cuántas podríamos salvar nosotros si comprendiéramos bien esta lección!

Los niños rogaban con gran fe ya qua el Ángel les había dicho: "¡Rezad así! Los Corazones de Jesús y María están atentos a la voz de vuestras súplicas".

Lo mismo puede suceder a cada uno de nosotros: María es Madre, nuestra súplica es recogida en su Corazón deseoso de darnos lo que es bueno, aun más, Ella misma ha puesto en nosotros esa petición a la que dará respuesta; también nos infunde —contrariando nuestra naturaleza— deseos de penitencia, de sacrificios y mortificaciones, capaces de reparar por aquéllos: "que no creen, que no adoran, que no esperan, que no aman".

Eso no es todo: estos niños nos dan ejemplo de una devoción grandísima por el Papa: han visto y comprendido los sufrimientos del Vicario de Nuestro Señor que son tema de su conversación; rezan y hacen sacrificios por el Papa.

Devoción fundamental, puesto que en Roma se desarrolla el gran drama del mundo: allá, a los pies de Aquél que fue constituido Vicario de Jesucristo[4] y que, como una roca resiste a todas las borrascas. Ese lazo de unión con la Santa Sede es característico de Fátima.

Estos tres pastorcillos perdidos en la montaña se han convertido en punto de mira del mundo entero, y los sucesivos Pontífices han llenado de bendiciones a Fátima: Pío XI, y Pío XII (el Papa de Fátima) consagrado obispo al mismo tiempo que tenían lugar las primeras apariciones.

Todo esto nos señala claramente que hay una enseñanza impartida por María en persona para nuestro tiempo, enseñanza que no podemos descuidar ni nosotros ni las naciones. El Mensaje de Fátima trae remedio a los trágicos males que padecemos: el paganismo, el laicismo, la lucha contra Dios, el marxismo ateo que destruye en el hombre toda esperanza. La enseñanza de Fátima resplandece a vista de millones y millones de peregrinos que hormiguean en Cova da Iria, es lo anunciado por San Luis María Grignon de Montfort "para los últimos tiempos".

El remedio a esos males es: ¡MARÍA! ¡su Corazón Inmaculado! Jesús nos dio todo en la Cruz pero la gran mayoría de los hombres han quedado insensibles: la Redención que el Hijo de Dios pagó con el precio de su vida no solamente no avanza sino retrocede... y hasta corre riesgo de ser sepultada. Entonces Jesús, así como lo hizo en la Cruz, nos da su Madre: Ella es la encargada de abrir nuestros corazones y nuestras inteligencias para ofrecernos a Su Hijo. Ella desciende hasta Fátima, revestida de sol, pero también como Sierva humilde se inclina hacia sus hijos con el fin de saciar la sed de su Divino Hijo y obrar la Redención querida por El, mediante la adhesión de nuestros corazones y nuestras voluntades.

Fátima es, pues, el gran signo de Dios dado a nuestro tiempo, y María en persona, bajada del Cielo, es quien nos lo trae. Escuchémosla.

Finalmente, el Corazón de María triunfará, pero de nosotros depende:

a) apresurar su triunfo;

b) arrancar al infierno millones de almas a punto de conde­narse por toda la eternidad;

c) asegurar con María, la fe, la estabilidad, la salvación de nuestros hogares en un época de tribulaciones desconoci­das en los siglos anteriores.

Ya conocemos el medio: confiarnos totalmente y sin reserva al Corazón Inmaculado de María a fin de que Ella nos conduzca a Su Hijo.

Desde Italia un amigo nos envía esta espléndida oración del Padre Pío de Pietrelcina, ella será nuestra conclusión:

Oh MARÍA, Virgen Poderosa y Madre de Misericordia,
Reina del Cielo y Refugio de los pecadores,
Nos consagramos enteramente a Vuestro Corazón Inmaculado.
Os consagramos todo nuestro ser y toda nuestra vida,
Cuanto tenemos,
Cuanto amamos
Y  cuanto somos:
Nuestros cuerpos, nuestros corazones, nuestras almas.
Os consagramos nuestros hogares,
Nuestras familias,
Nuestra patria.
Queremos que todo cuanto hay en nosotros
Y  en derredor nuestro
Os pertenezca y participe de los beneficios De Vuestras bendiciones maternales.
Y  con el fin de que esta consagración sea verdaderamente eficaz y duradera Renovamos hoy, a vuestras plantas, oh MARÍA, Las promesas de nuestro Bautismo y Primera Comunión. Nos comprometemos a profesar siempre valientemente las verdades de la fe, A vivir como verdaderos católicos.
Nos comprometemos a observar los mandamientos de Dios y de la Iglesia, Particularmente la santificación de los días festivos. Nos comprometemos también a incluir en nuestra vida en cuanto nos sea posible. Las consoladoras prácticas de la religión cristiana,
Y  sobre todo la Sacratísima Comunión y el Santo Rosario diario.
Os prometemos finalmente,

Oh gloriosa MADRE DE DIOS y tierna Madre de los hombres, Entregarnos de todo corazón a vuestro culto bendito Para acelerar y asegurar verdaderamente mediante las oraciones de Tu Corazón InmaculadoEl reinado del Corazón de Tu HIJO adorable en nuestras almas
Y  en todas las almas,
En nuestra querida patria
Y  en todo el universo, así en la tierra como en el cielo
                                                                                                        Amén

Revista "Roma" N° 9, Pg. 6

ÍNDICE DEL N° 9

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[1] Fatima-Editions-Toulouse Francia o en Editions Saint Michel, Saint Genere (Mayenne)  C. C. P. Rennes 2074-79, Francia.
[2] "Témoignage sur les Apparitions de Fátima", por el R. P. de Marchi, página 79.
[3] "Ce que la Vierge nous demande", pág. 95.
[4] Nota de C. A.: En la actualidad, en que, como sabemos, la Sede está usurpada por herejes, debemos rogar ardientemente que un verdadero Vicario de Cristo vuelva a ocuparla.