CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

Revista Roma N° 108 - Abril de 1989
EXTRA ECCLESIAM NULLA SALUS


EXTRA ECCLESIAM NULLA SALUM

Es dogma de fe que “fuera de la Iglesia Católica no hay salvavión”. Esto lo ha confirmado siempre la misma Santa Iglesia desde los tiempos apostólicos hasta Pío XII (véase D. 39-40, 246, 247 423 469, 570b, 621, 714, 1.000, 1.473, 1.646, 1.647, 1.677, 1.716, 1.955, 2’.319). “Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y el que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre”. Así comienza el Símbolo (Credo) Quicumque o Atanasiano (D. 39). “Este símbolo —dice la nota del Denzinger— alcanzó tanta autoridad en la Iglesia, lo mismo occidental que orienfal, que entró en el uso litúrgico y ha de tenerse por verdadera definición de fe”.

Y el IV Concilio de Letrán, XII ecuménico, define: “Firmemente creemos y simplemente confesamos que una sola es la Iglesia universal de los fieles fuera de la cual nadie absolutamente se salva” (D 430).

Ello no debe entenderse que quienes están fuera del cuerpo visible de la Iglesia se condenan.

No seremos nosotros —que, pese a ser pecadores, quisiéramos ser apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús y de la Madre de las Misericordias— quienes pretendan acortar el alcance de la misericordia de Dios.

“En efecto, por la fe debe sostenerse que fuera de la Iglesia Apostólica Romana nadie puede salvarse; que ésta es la única arca de salvación; que quien en ella no hubiere entrado, perecerá en el diluvio. Sin embargo, también hay que tener por cierto que quienes sufren ignorancia de la verdadera religión, si aquélla es invencible, no son ante los ojos del Señor reos por ello de culpa alguna”.

“Ahora bien, ¿quién será tan arrogante que sea capaz de señalar los límites de esta ignorancia, conforme a la razón y variedad de pueblos, regiones, caracteres y de tantas otras y tan numerosas circunstancias? A la verdad, cuando libres de estos lazos corpóreos, veamos a Dios tal como es (1 Jo. 3,2) entenderemos ciertamente con cuán estrecho y bello nexo están unidas la misericordia y la justicia divinas; mas en tanto nos hallamos en la tierra agravados por este peso mortal, que embota el alma, mantengamos firmísimamente según la doctrina católica que ‘hay un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo’ (Eph. 4,5): Pasar más allá en nuestra inquisición es ilícito” (Pío IX, en Singulari Quadam, del 9-XII-1854; D. 1.647).

Y luego el mismo Pío IX lo recalca: “Notoria cosa es a Dios y a vosotros que aquéllos que sufren ignorancia invencible acerca de nuestra santísima religión, que cuidadosamente guardan la ley natural y sus preceptos, esculpidos por Dios en los corazones de todos y están dispuestos a obedecer a Dios y llevan vida honesta y recta, pueden conseguir la vida eterna, por la operación de la virtud de la luz divina y de la gracia; pues Dios, que manifiestamente ve, escudriña y sabe la mente, ánimo, pensamientos y costumbres de todos, no consiente en modo alguno, según su suma bondad y clemencia, que nadie sea castigado con eternos suplicios, si no es reo de culpa voluntaria. Pero bien conocido es también el dogma católico, a saber, que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica, y que los pertinazmente divididos de la unidad de la misma Iglesia y del Romano Pontífice, sucesor de Pedro, ‘a quien fue encomendada por el Salvador la guarda de la viña[1] no pueden alcanzar la eterna salvación" (Quanto conficiamur moerore, del 10-VIII-1863, D. 1677).

Santo Tomás presenta a este respecto qué debe creer aquél que viviese en las selvas o entre brutos animales y responde (De Veritate, 14, 11, lm): “A la Providencia Divina le corresponde el proveer a cada uno con lo necesario para la salvación, con tal que éste no ponga impedimento de su parte. Por consiguiente, si alguien que ha vivido de tal manera siguiese el gobierno de la razón natural en apetecer el bien y huir del mal, hay que afirmar como cosa certísima que Dios o le revelaría a él mediante una inspiración interna lo que es necesario creer, o le enviaría un predicador de la fe, como lo envió a Pedro a lo de Cornelio (Act. X)”;

“Non sequitur inconveniens posito quod quilibet teneatur aliquid explicite credere, si in silvis vel Ínter bruta animalia nutriatur. hoc enim ad divinam providentiam pertinet ut cuilibet provideat de neces- sariis ad¡ salutem, dummodo ex parte eius non impediatur. Si enim aliquis taliter nutritus, ductum naturalis rationis sequeretur in appe- titu boni et fuga mali, certissime est tenendum, quod ei Deus vel per internam inspirationem revelaret ea quae sunt ad credendum necessa- rla, vel aliquem fidei praedicatorem ad eum dirigeret, sicut misit Petrum ad Cornelium (Act. X)”.

Pues no hay gracia sino por Jesucristo, causa eficiente de la misma. y donde está Cristo está su Iglesia, su Cuerpo Místico. Y donde esta su Iglesia, está el Romano Pontífice.

Y en las escuelas católicas se dice, que hay que estar en la Iglesia “in re vel in voto”, de hecho o de deseo.

San Luis María Grignion de Montfort expresaba así este dogma en versos para la predicación popular:

“Mon Eglise est l’Universelle Soumise en tout a Jésus-Christ II n’est point de salut hors d’elle Et qui lui résiste périt.”
“Mi Iglesia es la Universal Sumisa en todo a Jesucristo No hay salvación fuera de ella Y quien le resiste perece.”

Frente a este dogma la respuesta revolucionaria dice por boca de Juan J. Rousseau: “Ahora que no hay más, ni puede más haber religión nacional [oficial] exclusiva, se deben tolerar todas aquéllas que toleran a los demás, en tanto que sus dogmas no tengan nada contrario a los deberes del ciudadano. Pero quien ose decir: «Fuera de la Iglesia no hay salvación» debe ser expulsado del Estado”[2]

Revista "Roma" N° 108, Abril de 1988 Pg. 61

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ÍNDICE DEL N° 108

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[1] Concilio de Calcedonia en la relación a León I.
[2] 2 “Du Contrat Social”, libro IV, Cap. IX, ed Egloff, París, 1946, p. 220