CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

Revista Roma N° 47 - Marzo de 1977
MARÍA SANTÍSIMA, ÚNICA ESPERANZA, ESPERANZA SEGURA


MARÍA SANTÍSIMA, ÚNICA ESPERANZA, ESPERANZA SEGURA

Como dijo San Bernardo, "Mariam nunquam satis", de María nunca se ha­blará bastante, nunca se exaltará lo suficiente —para llegar a ser un justo y exacto expositor— su bondad, su grandeza, su poder. Ningún hombre por más santo y sabio que fuera, podría medir y expresar la excelsitud de la Santísima Virgen María.

"Por la Santísima Virgen, Jesucristo vino al mundo y también por Ella debe reinar en el" [1]. La comprensión de esta verdad es indispensable para entender la crisis presente y para encontrar su solución.

Es tal el poder de Nuestra Señora que, con propiedad, se la llama la Omnipotencia Suplicante, pues sus ruegos lodo lo pueden ante Dios. Ella es Mediadora de todas las gracias, es decir, ninguna gracia nos es dada por Nuestro Señor Jesucristo sin que pase por sus manos virginales; es Corredentora nuestra, por lo que le debemos una inmensa gratitud.

Ya con esta brevísima exposición de algunos atributos de nuestra Madre del cielo, de esta Madre que Dios nos dio en el mismo momento de su crucifixión por nuestros pecados, podemos apreciar la importancia absolutamente fundamental de la devoción mariana, de hacer lo que Ella quiere, y se puede vislumbrar el peligro que entraña el abandono de su culto, despreciar sus pedidos, dejar de lado su devoción.

Formulando estas reflexiones nos acordamos de una votación en que muchos encuentran —y advirtiendo el papel a que Dios predestinó a la Virgen María, no es aventurado suponer que tienen razón— el origen de nuestras desgracias. Durante el Concilio Vaticano II se puso a votación si se iba a dedicar a la Madre de Dios un esquema propio entre los documentos conciliares o bien se la iba a incluir en el esquema de la Iglesia. La misma prensa habló en aquella ocasión de "maximalistas" y "minimalistas" en el culto de la Virgen, y todo el mundo tomó esta cuestión como una prueba de devoción mariana. Los "maximalistas" eran tenidos por marianos, con deseo de exaltar la Santísima Virgen, mientras de los "minimalistas" se deeía que no querían hablar demasiado de Ella para no irritar a los protestantes, ya que buseaban la unión eon estos. Razonamiento realmente lamentable que desprecia los principios de toda lógica, pues si María Santísima es Mediadora de todas las gracias, y la conversión de los protestantes es una gracia, mientras más se exalte y se venere a Ella, más esperanzas habrá en la conversión de los protestantes. Defendió la tesis mariana el cardenal Santos, arzobispo de Manila, para gloria de las Filipinas, y osó tomar a su cargo el patrocinio de la otra postura el cardenal Konig, arzobispo de Viena. Se puso a votación la cuestión y, el 29 de octubre de 1963, por 1.114 votos sobre 2.193, ganó la posición "minimalista", por algo más del 50 % de votantes. Se negó a la Santísima Virgen el esquema propio. Se dijo que se trataba de un problema técnico que no tenía importancia, pero todo el mundo apreció en la votación una derrota de la devoción mariana. Los resultados están a la vista.

Nos parece que la causa de los males que nos afligen está en esta trágica votación, y mucho nos tememos que nada bueno saldrá de un Concilio que antepuso a la Madre de Dios consideraciones de política pastoral.

Luego del Concilio el panorama mundial se hizo cada vez más negro. La Revolución anticristiana avanzó a pasos agigantados, el comunismo ganó terreno por doquier. La destrucción de la familia, el aborto legalizado en varios países, la inmoralidad, el terrorismo a escala mundial, la mentalidad atea —de la que es expresión acabada la Organización de las Naciones Unidas— instalada por todas partes, la rebelión sistemática contra todo lo sagrado, todo orden justo, son características de nuestro tiempo. Se duda con fundamento de la validez de Misas del N.O. y de la de algunos sacramentos por estimar que puede llegar a faltarles la intención requerida o que la materia o forma han sido modificadas volviéndoles inválidos. No abrimos juicio sobre estas dudas, pero pensamos que si tal cosa aconteciera, nuestro pobre mundo estaría siendo privado de gracias sacramentales que tanta falta le hacen. Siendo así no es de extrañar el reflorecimiento del satanismo, la aparición de todas estas manifestaciones diabólicas en el cine, en los amuletos, en las sectas raras. El signo de la Vera Cruz se ve reemplazado por el signo del diablo, ese redondel con la cruz invertida con los brazos rotos, ese "signo de la paz" de la mentalidad ONU-sina, que inunda nuestras calles.

Es evidente que la Virgen Santísima es la única esperanza, pues es una locura pensar remediar la situación con nuestras solas fuerzas. Pero es esperanza se­gura, pues tiene poder de sobra para destruir a la Revolución y hacer florecer su reinado en las almas y la sociedad. Más hay que cumplir con su pedido, de oración y penitencia.

Fátima es la clave de la historia de nuestro siglo. Allí el 13 de junio de 1917 (segunda aparición) dijo la Madre de Dios: "Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Quien abrace esta devoción Yo le prometo que se salvará y estas almas serán queridas por Dios como flores puests por mí para adornar su trono". No se puede decir que se haya establecido aun esta devoción en el mundo. También manifestó la misma Señora el 13 de julio (tercera aparición): "Visteis el infierno donde van a parar las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hicieren lo que Yo os digo habrá paz. La guerra va a terminar, pero si los hombres no dejan de ofender a Dios, comenzará otra peor. [... ] Para impedirlo vendré a pedir la consagración de Rusia[2] a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados[3]. Si atendieran mi pedido, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no, Rusia esparcirá sus errores por el mundo promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Notemos que las persecuciones fueron anunciadas antes de que estallara la revolución bolchevique, dominando en aquella fecha a Rusia el desgobierno de Kerensky.

Esta confianza en Nuestra Señora, esta seguridad que Ella es la única esperanza, no exime a nadie del cumplimiento de su deber, de la obligación de luchar con máxima energía por el triunfo de la Causa Católica, de combatir los errores que andan dispersos por el mundo. Pues bien, poca devoción muestra el cristiano que no hace todo lo que puede para impedir que se siga ofendiendo a su Hijo, que no pone todo lo que está a su alcance para que se establezca un orden que reconozca a Cristo por su Rey, en que toda la legislación y todas las costumbres estén sujetos al querer divino. Recordemos que sor Lucía dijo: "no existe ningún problema material o espiritual, nacional o internacional, que no pueda ser resuelto por el Santo Rosario y por nuestros sacrificios".  Como se ve el Rosario es indispensable, pero también hacen falta sacrificios. El primer sacrificio del cristiano es el cumplimiento exacto, llegando al grado heroico, de su deber. No creemos que el cumplimiento del deber se logra siendo fieles tan solo a las obligaciones de estado. Por el Bautismo hemos sido hechos hijos de Dios y por la Confirmación soldados de Cristo. No olvidemos que en el Catecismo se nos enseñó que hemos sido creados por Dios "para conocerlo, amarlo, servirlo en esta vida y gozarlo luego en la otra, en el paraíso"[4], y no para hacer carrera y juntar dinero, aunque sea honestamente y con costumbres morigeradas. Pero por más que ruja la tempestad, por más que las olas del infierno amenacen sumergirnos, podemos tener esperanza segura en Nuestra Señora. Si somos fieles no nos abandonará. Aunque si se anda por el mal camino, "varias naciones serán aniquiladas"[5] nos prometió: "finalmente... mi Corazón Inmaculado triunfará"[6].

Revista "Roma" N° 47, Pg. 1

ÍNDICE DEL N° 47

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[1] San Luis María Grignion de Monfort, "Tratado de la verdadera devoción a la San¬tísima Virgen". Ediciones Roma, Buenos Aires, 1973. Introducción, pág. 11.
[2] Vino a pedirla en junio de 1929, apareciéndose a sor Lucía, la sobreviviente de los tres pastorcitos.
[3] La devoción de los cinco primeros sábados la pidió luego Nuestra Señora a sor Lucía en los siguientes términos: "Mira, hija mía, mi Corazón cercado de las espinas que los hombres ingratos en todo el mundo clavan en él con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme, y di de mi parte a todos aquellos que en el primer sábado de cinco meses consecutivos se confesaren y recibieren la Sagrada Comunión, rezaren un rosario y me hicieran compañía meditando los misterios del Rosario con el fin de desagraviarme, que Yo prometo asistirlos en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas".
[4] Catecismo de San Pío X, edición vaticana, 1946. Pregunta 13, pág. 12.
[5] Nuestra Señora el 13 de julio de 1917 (tercera aparición). Sigue aquí el secreto de Fátima que el Papa debía abrir en 1960 y que no ha sido dado a conocer aún. Desde varias partes de la tierra se espera ansiosamente conocer este secreto.
[6] 13 de julio de 1917 (tercera aparición).