CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

¿UN RITO QUE FAVORECE LA HEREJÍA ES
MERAMENTE ILÍCITO AUNQUE VÁLIDO?

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¿El favorecer la herejía protestante en un rito católico solamente puede considerarse algo no conveniente o ilícito? Es lo que afirma el P. Nitoglia asumiendo que la intención heretizante no afecta al rito sustancialmente sino sólo accidentalmente. ¿pero cómo demuestra esto?


¿HEMOS PERDIDO LA CAUSA DE LA MISERIA MORAL DEL MUNDO?

¿UN RITO QUE FAVORECE LA HEREJÍA ES MERAMENTE ILÍCITO AUNQUE VÁLIDO?

Cuando nos fijamos en la creciente miseria moral del mundo actual, en el que parece desaparecer, por todas partes,  cualquier atisbo de prudencia, de respeto, de amor por la verdad y por el bien de las almas, entonces se entiende que estamos ante un signo del “fin de los tiempos de las naciones” (Lc 21, 24).

Esto es así porque a la evidente decadencia moral y espiritual, sigue el colapso inexorable y destructivo, tanto el económico como el social; el fin de la “civilización occidental”.

Frente a tal destrucción, no sólo la prudencia, sino también el sentido común, nos lleva a investigar las causas de esta crisis autodestructiva de dimensiones globales, que toca lo más profundo del alma humana. Quienes pertenecen a la civilización cristiana que ha extendido sus raíces por todo el mundo, son de manera especial los huérfanos de la Fe con la que podrían nutrir sus propias vidas y apoyar el tejido social capaz de construir una civilización digna de ese nombre.

En un momento histórico de tal gravedad sólo cabe apelar a la Misericordia divina.

Sin embargo, cabe preguntarse si el inmenso golpe de estas generaciones a la Providencia divina no será justamente la causa de tanta miseria moral.  

El católico tiene un punto de referencia seguro para juzgar sobre el bien social, en la Doctrina del Evangelio del amor a Dios y al prójimo. La clave de este amor está en el culto al Bien y a la Verdad a cuya expansión el hombre se siente atraído; culto a a la Voluntad del Padre en el Sacrificio de Amor del Hijo.

El culto de este Sacrificio  es la referencia universal en todo tiempo y lugar, que arranca de los albores de la historia. Los profetas, especialmente Daniel, hablan de su decadencia y  cese. A Daniel lo menciona Jesús en el discurso escatológico, cuando nos profetizó el punto álgido de la más pérfida maldad humana: “Cuando veáis la abominación de la desolación de que habló el profeta Daniel, introducida en el lugar santo … “(Mt 24,15).

Daniel habla del Templo, donde cesó el Sacrificio y la Oblación (9, 27), la ciudadela del santuario donde el sacrificio diario fue suspendido (11, 31).

En este punto, todo el mundo tiene que ponerse ante su propia conciencia. No importa escuchar las voces y opiniones de un clero a la desbandada, o las voces  de los necios que no distinguen la izquierda de la derecha. Es en la Iglesia del Sacrificio en donde debemos poner  los ojos. Esta es la Nueva Jerusalén, el Lugar santo, el Templo y el Santuario, la Ciudadela de la Fe, ahora ocupada por una baja mentalidad mundana consagrada a apagar su vida espiritual.

Del alma de la Iglesia, provienen afligidos llamamientos a la vigilancia y al sacrificio en esta abominación causada por la  desolación de los altares por obra de los pastores, por los vicarios del inicuo templo de Dios, que se presentan como maestros de los tiempos modernos “(II Tes . 2 4).

He aquí que hoy es inevitable repetir a quienes todavía no comprenden lo que es evidente: han herido y contaminado en lo profundo el culto del Santo Sacrificio del Altar. Y quien lo hizo, se sentaba en la Sede suprema de la defensa de la Fe, pero en vez de defenderla  la destruye.

Algunos eruditos católicos han denunciado durante mucho tiempo la masacre y han llamado a la resistencia . Pero  frente a la inercia y a la más oscura confusión, parece que no hay pruebas que basten. 

Siempre hay alguien que se dispone a volver atrás con las más diversas excusas.

Por ejemplo diciendo que es imposible que el poder de los pontífices haga tanto daño a las cosas de Dios. 

Cuando el daño – y la gravedad de éste solamente los tontos o los apóstatas podrían negarlo – sólo podría presentar su validez litúrgica y canónica por estar autenticada por los vicarios de Cristo; como si hubiera sido bendecida por Dios mismo. Y para demostrarlo, y convencer a las conciencias vacilantes (y a la suya propia) se lanzan a grandes acrobacias de carácter clerical, contraponiéndose a aquellos católicos que ven los males del mundo a la luz de la ofensa a Dios, tanto más siniestra cuanto opuesta a la sacralidad de Su Iglesia.

En este punto, volvemos a una discusión sobre la «validez» de tal profanación.

Que se resume en las serias dudas sobre “la validez de los nuevos sacramentos” conciliares” 

Don Curzio Nitoglia ha querido volver a hacer una “Síntesis de la validez de los nuevos  sacramentos” conciliares. 

Pero lo hace eludiendo la verdadera cuestión: la autoridad que hizo tales  “mutaciones”

Comienza citando: “Los sacramentos son instituidos para todos y están al alcance de todos los fieles. De ahí que la valoración de sus elementos (materia / forma / intención objetiva) se debe hacer sobre la base de un criterio accesible a todos y no reservado a una élite de personas “(Peter Palazzini, Enciclopedia Católica, Ciudad del Vaticano, 1953, vol . X, col. 1579 v. “Sacramentos”).

Pero he aquí que la ” intención objetiva “, añade entre paréntesis, no puede resolver las dudas, como se quisiera, sino que es ocasión para suscitar nuevas dudas.

De hecho, entre los puntos condenado por el Papa Alejandro VIII (Decreto del Santo Oficio, 7,12 1690 Dz 1318) en el n º 28 se encuentra la siguiente proposición : “Es válido el bautismo conferido por un ministro que guarda todo el rito externo y la forma del bautismo, pero sin embargo, íntimamente, en su corazón, decide: “No tengo la intención de hacer lo que hace la Iglesia.”

Esto quiere decir, que la intención interna del ministro es necesaria para la validez del sacramento.

Es cierto que la misma Iglesia, admite que esta intención del ministro, subjetiva por su propia naturaleza, puede ser reconocida observando la forma externa, objetiva. 

Sin embargo esta intención interior (desconocida en aquél momento), es necesaria porque consiste en la invocación  del poder del verdadero Autor divino de este sacramento, Jesucristo, que sondea los corazones de todos. Por tanto un sacramento, aparentemente válido, más tarde puede mostrar su nulidad ante la ausencia o inversion de sus efectos por haber estado privado de la intención interna de hacerlo bien según la intenciónmde la Iglesia.

En este sentido, está bien atender a las serias  dudas muchos católicos y de Mons. Lefebvre, sobre el NOM (Nuevo Orden de la Misa de Pablo VI) que pensaban tenía efectos protestantizantes. 

He aquí un dato objetivo de la cuestión, de valor puramente histórico porque se puede reconocer en la apostasía progresiva derivada de la nueva iglesia conciliar, que al igual que la verdadera Iglesia, dice de sí estar fundada, en los sacramentos y en  la celebración de la Misa

En este punto, es inútil e incluso engañoso basar una “síntesis de la validez” de los “sacramentos conciliares” en la presunción de la recta intención del ministro cuando hay una duda, pesada como una roca, de que su intención, intrínseca al nuevo rito sacramental, es ajena a la continuidad original y permanente de la Iglesia Católica en sus 260 papas y 20  concilios ecuménicos.

Todos los argumentos que acusan al NOM, y a su promulgación, se refuerzan a través del tiempo, a la luz de la objetiva inversión de la intención de realizar el “bien de la Iglesia.”

Ahora bien, el mismo Don Nitoglia en su larga lista de citas “histórica” ​​demuestra donde se aplica esta “intención objetiva ‘. Se menciona, pero sólo en una nota al pie y dando así su tesis por demostrada,  de la siguiente manera: “El hecho de que un sacramento es válido no significa ipso facto que el rito que lo rodea sea lícito o conveniente, decoroso o que cumpla con las normas teológicas y canónicas. Por ejemplo, en la nueva misa, cuando se efectúa la consagración, hay una presencia real de Jesús, es decir, es válido el sacramento de la Eucaristía (materia / forma / intención: el pan y el vino / “esto es mi cuerpo” / “esta es mi sangre “/ reactuación  del Sacrificio del Calvario, memoria de lo que hizo Jesús), pero el ritual que lo rodea está al mismo tiempo mutilado (no sustancialmente, sino sólo de forma accidental) en la consagración” se aleja de la teología católica y promueve la herejía protestante “(A. Ottaviani – A. Bacci) y es, por tanto, inapropiado o ilícito; en el sacramento de la Confirmación (materia / forma / intención: imposición de manos + unción con aceite / “recibir el Espíritu Santo” / dar la plenitud del Espíritu Santo, el Paráclito) subsiste o existe la gracia de la plenitud del Espíritu Santo, pero el ritual que lo rodea si se acompaña de ceremonias carismáticas y bulliciosas es impropio o ilícito”

¿Puede considerarse como cosa inconveniente e ilícita la herejía protestante en una ceremonia católica? El P. Nitoglia lo afirma asumiendo  que la intención “heretizante” básicamente no está presente sustancialmente sino accidentalmente. ¿Cómo lo prueba?

Pues bien aquí no se trata de la intención individual del ministro, sino de la intención inherente al nuevo rito y ésta es explícita, se trata de la intención ecumenista, homologada a la protestante en la celebración eucarística.

Estando ésta clara, en palabras y hechos, desde Montini a Bergoglio, qué duda puede haber sobre la presencia de una  total “nueva intención”  sea en el Vaticano II, sea en el NOM?

¿Puede esta nueva intención justificarse en hacer la paz con los poderes ecuménicos  “protestantizantes” de todo el mundo?

Sólo la idea de instrumentalizar a través de un nuevo “rito” la pureza y la integridad de la fe en un concilio y en los sacramentos, ya hace esta culpa inexcusable.

Pío IX, dice en la Carta Dolendum profecto est (12/03/1870): “Si ellos creen firmemente, con los otros católicos, que el concilio ecuménico se rige por el Espíritu Santo, que sólo con la inspiración del Espíritu divino, define y propone lo que hay que creer, nunca se les hubiera ocurrido o pasado por la cabeza que el Concilio pueda definir cosas no reveladas o perjudiciales a  la Iglesia; Tampoco iban a pensar que el poder del Espíritu Santo pudiera ser obstaculizado por manejos humanos, que así pudieran impedir “la definición de las verdades reveladas y útiles a la Iglesia.

En vista de lo mencionado brevemente aquí sobre el daño causado por estos nuevos rituales, desde el NOM, lo que parece ser una seria duda, resulta más bien una certeza a la luz de la ley de la Iglesia: a saber, que una autoridad no puede administrar veneno a los fieles de la Iglesia que buscan un refuerzo en su vida espiritual.

Por eso la validez de la autoridad Católica se extiende, a todo lo que promueve o aprueba.

En este sentido, nos bastará recordar aquí el diálogo entre Mons. Lefebvre, cuando fue invitado a la Santa Sede, con el Pro-Prefecto de la Congregación para la Fe, el cardenal Franjo Seper, luego expresado en la carta del cardenal a Mons. Lefebvre de 28/01/78, donde dice así: “Un fidèle ne peut mettre en doute la conformité avec la doctrine de la foi d’un rite sacramentel promulgué par le Pasteur suprême, surtout s’il s’agit du rite de la Messe qui est au cœur de la vie de l’Eglise’.Sería un hereje! Sin embargo, Mons. Lefebvre (01/12/79) confirma con razón que el Novus Ordo Missae (NOM), “ne professe pas la foi catholique et qu’il est stupéfiant qu’un rite de ‘saveur protestante, et donc favens haeresim [que favorece la hetejía], ait pu être diffusé par la Curie romaine’.

 Mons. Lefebvre reconocía las falsificaciones de la sacralidad de la ‘misa nueva”. Ahora bien, dado que la validez de cualquier cosa en la Iglesia viene de “ser” dada por el Dios que quiere la salvación de los hombres en su Iglesia, ¿cómo pudo Dios permitir que un rito de tal manera “se aparte radicalmente” de su teología católica siempre ? Pero la  “síntesis” añade una falacia: Debido a que es cierto que “Un  fidèle ne peut mettre en doute la conformité avec la doctrine de la foi d’un rite sacramentel promulgué par le Pasteur suprême”, el nuevo rito, conforme a la nueva doctrina de tales pastores no es válido.

Como podemos ver claramente, por el contrario, como fue innegable la responsabilidad de Pablo sexto en la imposición de un  rito “protestantizante” de hecho en contra de la doctrina de la fe divina y católica, también es imposible aceptar que su autoridad es la del Pastor Supremo, el establecido para asegurar el cumplimiento de los ritos y sacramentos de la fe católica no  la protestante.

Si el sacerdote que usa un ritual que no expresa el sentido dado por el Señor para celebrar su sacrificio no tiene la autoridad en la persona de Cristo de consagrar la hostia y el cáliz, ¿qué pensar de la autoridad del que quería establecer este ritual permanente ?

La cuestión de la validez del rito del Santo Sacrificio del Señor está indisolublemente ligada a la de una verdadera autoridad en la Iglesia, que se creó precisamente para confirmar su Palabra adorable, preservando, con toda la prudencia sobrenatural, de la abominación de la desolación profetizada por el profeta Daniel en el Sacrificio perpetuo..

Así pues el sacrificio del amor de Jesucristo, el sol de la vida espiritual y moral de todos los pueblos del mundo”, es la luz que nos hace comprender la situación actual de vacancia de la autoridad de la Iglesia donde por culpa del pastor, la grey se dispersa y las ovejas se pierden. Pero el rebaño que sigue al falso pastor más que dispersarse se pierde.

Conclusión: todo el erudito “estudio” anterior se resiente de la mutilación de lo que puede y debe ser descrito como “Oblatio  Munda,” sin mancha; pero aquí ¡sucede lo contrario! “inmunda” pero válida.  Así, lo escrito hay que enmendarlo como sigue:

“El hecho de que un sacramento parezca lícito, aunque sin ser conveniente  ni decoroso, ni cumpla con las normas teológicas y canónicas no significa ipso facto que sea válido. Al contrario. En la nueva misa puede parecer, pero sólo parecer, que ocurra la consagración y que exista la presencia real de Jesús, o sea que se realice la validez del sacramento de la Eucaristía. Lo que es cierto, sin embargo, es que se trata de un rito mutilado debido a la forma consecratoria que “se aparta de manera impresionante de la teología católica y favorece la herejía protestante” (Breve examen crítico  – Cardenales Ottaviani y Bacci).

La excusa ahora de que esta mutilación se produce sólo de manera accidental, y no sustancial no se tiene en pie  frente a la intención declarada de sus promotores de imprimir al nuevo rito el marchamo  ecumenista por medio de una abertura explícita a los protestantes, a los judíos  y también a los masones. Porque esto se ha hecho desde el comienzo de la reforma hasta la fecha. ¿Quién podría entonces asegurar su legitimidad original ante quien tuviese su objetiva mutilación por meramente accidental y no querida  en el fondo de esta reforma? ¿Y quien lo puede hoy asegurar? Bergoglio, que se hace bendecir por aquellos que detestan ‘sustancialmente’  el rito católico?

Como se comprende muy claramente el autor de esta “síntesis” querría separar el problema de la validez del NOM del de la verdadera autoridad de la Iglesia. Este intento no sólo desemboca en la vía de la contradicción, sino en una vía herética que también el cardenal  Seper ha recordado pero aplicándolo en el sentido de su fe conciliar: – «Si on nie la légitimité d’une on nie la légitimité de l’autre». La verdadera cuestión mira la legalidad pontificia ya que un Papa legítimo no puede imponer a los fieles una liturgia bastarda; legitimidad que frente a Dios es clara y objetiva, sin subterfugios clericales.

O una cosa o la otra, “tertium non de tertium”; sí sí no no, lo demás  viene del maligno!

Que Nuestra Señora de Fátima pueda sentirse cuando mostro al Papa muerto a tiros junto con todo su séquito, visión que sería más clara en 1960, cuando ya edtaba establecido el poder de los “Papas conciliares”, los del culto al hombre en lugar de a Dios!

Fuente: Non possumus
Visto en: Amor a la Verdad

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