CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

18 de marzo
SAN SAN CIRILO, OBISPODE JERUSALÉN
P. Juan Croisset, S.J.


SAN SAN CIRILO, OBISPO DE JERUSALÉN - P. Juan Croisset, S.J.

San Cirilo, patriarca de Jerusalen, llamado Jerosolimitano, por distinguirle de otro san Cirilo, patriarca de Alejandría, fue varón de grande integridad, letras y prudencia. Habiendo muerto Máximo, patriarca de Jerusalen, por sus excelentes partes fue puesto en aquella silla, siendo emperador Constancio, hijo del gran Constantino. Gobernó santísimamente su iglesia, y entre otras alabanzas que le dan, es de gran caridad y misericordia para con los pobres; porque habiendo Dios enviado en su tiempo una hambre grandísima para castigo de los mortales, y siendo innumerables los pobres que acudían al santo Prelado por remedio, y no teniendo él que darles, vendió los bienes, preseas y otras joyas de la iglesia, y con el precio de ellos socorrió aquella necesidad, despojando el templo material por sustentar Ios vivos y espirituales templos de Dios, como lo hicieron san Ambrosio, san Agustín y otros santos prelados. Durante su pontificado le plugo al Señor ilustrarlo con una maravilla capaz de detener al emperador Constancio en el camino emprendido de favorecer á los herejes arríanos, y fue el siguiente: Un dia de Pentecostés, ó Pascua del Espíritu Santo, como á las tres horas después de salido el sol apareció en el aire una cruz mas clara y resplandeciente que el mismo sol, la cual llegaba con sus brazos hasta el monte Olívete, y duró tanto tiempo, que fue vista de toda la ciudad; porque dejando cada uno todo lo que tenia entre manos, concurrió á ver este espectáculo y prodigio divino, y muchos judíos, que le vieron, fueron alumbrados del Señor, y le reconocieron por Dios, y se convirtieron á nuestra santa fe.

San Cirilo escribió á Constancio una grave y elegante carta en que le da cuenta de este milagro, y le exhorta á seguir el estandarte . de la Cruz, instituyéndose luego particular fiesta para celebrar cada año á los 9 de mayo, que fue el dia en que apareció. Con esta señal del cielo estaban los pechos de la gente blandos y bien dispuestos, y Cirilo con su santísima vida y admirable doctrina hacia grandísimo fruto, animando á los Católicos, y resistiendo á los herejes arríanos, los cuales llevaban á mal que el santo Prelado deshiciese con tanta claridad las tinieblas de sus errores é ignorancias: y como eran poderosos y favorecidos del Emperador, determinaron echar á san Ci­rilo de su silla, y quitar á los Católicos un pastor tan valeroso, para que pudiesen ellos mas fácilmente, como lobos, despedazar y consumir el rebaño. Al intento se juntaron algunos obispos herejes, y encubriendo la verdadera causa que los movia (que era ser ellos arrianos, y Cirilo amparo y columna de la fe católica, y tomando por achaque que babia vendido los ornamentos de la iglesia para dar de comer á los pobres, y que un farsante habia salido á representar cierta comedia vestido de uno de ellos, le depusieron y privaron de su silla patriarcal, y pusieron en ella á Heraclio, que era de su secta; y muerto Heraclio, sustituyeron á Hilario en su lugar. De esta manera fue desterrado san Cirilo por los herejes, y padeció muchas y graves persecuciones y calamidades. Mas después, habiéndose juntado un concilio en la ciudad de Seleucia, fueron llamados Acacio y sus secuaces, para que diesen razón de lo que habían hecho contra san Cirilo; pero nunca se atrevieron á comparecer: y en aquel concilio san Cirilo fue restituido á su dignidad, y Acacio privado de la suya, y sus compañeros excomulgados y condenados. Con esta sentencia volvió el santo Prelado á su iglesia con gran gozo de los buenos y rabia y pena de los malos. Y aun san Jerónimo, hablando de san Cirilo, dice que no una, sino muchas veces, fue echado de su iglesia por la fe católica, y otras tantas restituido á ella.

Además de las otras excelencias que tuvo san Cirilo, fue una el don de profecía; porque habiendo sucedido en el imperio Juliano Apóstata á Constancio su primo hermano, y queriendo favorecer á los judíos contra los Cristianos, mandó que se tornase á edi6car el templo de Jerusalen. Comenzóse la obra con grande aparato, y echáronse los cimientos muy hondos y firmes; y san Cirilo dijo que no quedaría piedra sobre piedra de aquel edificio, porque así lo habia dicho Cristo Nuestro Señor. La oche siguiente vino un temblor de la tierra que arrancó las piedras que se habían echado en los fundamentos de aquel templo, y las esparció por diversas parles, y sobrevino un fuego del cielo que quemó y consintió todos los instrumentos que tenían aparejados para aquel edificio. Y como concurriesen mucchos judíos á ver este milagro, parecieron unas cruces resplandecientes tan impresas sobre los vestidos de ellos, que por ningún arle ni industria se las podian quitar: y vióse cuan verdadera habia sido la profecía de san Cirilo; y el apóstata Juliano quedó confuso, y muchos de los judíos se convirtieron á Nuestro Señor Jesucristo.

Habiendo sucedido en el imperio el gran Teodosio, príncipe piadoso, Cirilo tuvo paz en la Iglesia por espacio de ocho años, y la gobernó admirablemente; y cargado de años y merecimientos pasó de esta vida á la eterna á los 18 de marzo del año del Señor de 386, que fue el octavo de Teadoóo, según el cardenal Barinío. De san Cirilo hacen mención el Martirologio romano y el concilio Constantinopolilano en una epístola que escribe á san Dámaso, papa, y le llama Reverendísimo y Santísimo obispo: y los griegos le celebran en su Menologio, y los escritores eclesiásticos Sozomeno, Sócrates, Teodorelo y Nicéforo le alaban como á varón santísimo y doctísimo, y martillo de los herejes. Escribió san Cirilo, siendo mozo, un libro de grande erudición., que llamó Catheckeses; el cual traducido de griego en latín por el mismo Juan Grodecio que escribió su vida, en nuestros dias ha salido á luz con gran beneficio de la santa Iglesia.

SANTORAL DEL MES DE MARZO