CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

31 de marzo
SANTA BALBINA, VIRGEN Y MÁRTIR
P. Juan Croisset, S.J.


SANTA BALBINA, VIRGEN Y MÁRTIR - P. Juan Croisset, S.J.

Santa Balbina, cuya memoria siempre ha sido célebre en toda la Iglesia, nació en la ciudad de Roma, hija de Quirino, antes gentil y después ilustre mártir de Jesucristo. Tuvo la desgracia en sus primeros años de ser educada en los necios delirios de la superstición pagana; pero como Dios la tenía elegida para que en la capital del mundo confundiese el error del paganismo, como uno de los más esclarecidos héroes de la religión cristiana, dispuso su divina providencia los medios que tuvo por convenientes á este fin. Enfermó Balbina en lo más florido de sus años, de tal gravedad y con tan fuertes accidentes, que la pusieron en estado de desesperar de todo remedio humano; sentían en el alma sus padres la deplorable situación de su hija, á quien amaban en extremo por sus recomendables cualidades; y, habiendo apurado todos los recursos de la medicina, noticiosos de los muchos milagros que Dios obraba por medio del santo pontífice Alejandro, preso ya por la fe de Jesucristo, fue Quirino á la cárcel, y postrado á sus pies, bañado en lágrimas, le rogó se dignase curar á Balbina, en grave peligro de muerte por los habituales accidentes que padecía. Condolido el Santo Papa de aquella pobre doncella, mandó al padre traerla á su presencia, y, ejecutándolo así, consiguió la salud que deseaba, con sólo imponerle la bolsa de las reliquias que llevaba al cuello. Admirado Quirino de tan repentino prodigio, no dudando por él que era verdadero el Dios que adoraba Alajandro, se convirtió, con toda su familia, á la religión de Jesucristo.

Aunque todos los individuos de la casa de aquel nuevo confesor quedaron convencidos de las verdades infalibles que enseñaba nuestra santa fe; mas obligada Balbina por el beneficio que acababa de recibir, quiso esmerarse en dar pruebas de su firme creencia, acreditándolo así con cuantas obras recomienda nuestra santa religión.

Conociendo Alejandro el celo y fervor que manifestó desde luego la santa doncella en el servicio del Señor, la mandó buscase las cadenas con que fue preso San Pedro, las que halló á expensas de exquisitas diligencias, y más que todo por disposición divina, y entregó á Teodora, doncella religiosísima, por orden del Santo Pontífice.

Aureliano, uno de los más fieros perseguidores de los cristianos, dio muerte en la cárcel á San Kermes ó Hermeto, prefecto de la ciudad, no por otra causa que haberse mantenido constante en la confesión de la fe, y negarse á prestar sacrílegas adoraciones á los ídolos; y habiendo sabido que su hermana Teodora y Balbina dieron sepultura á su venerable cuerpo, las mandó prender. Llamó á Balbina al día siguiente á su tribunal, y, preguntándola por su nombre y por el Dios á quien adoraba, respondió sin alguna turbación la Santa: Yo me llamo Balbina, que adoro á Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que creó el Cielo y la Tierra, el mar, y cuanto hay en ellos.— ¿De quién eres hija?, replicó el tirano.—De Quirino, siguió la Santa, á quien hace poco tiempo mandaste martirizar por el nombre de mi Señor Jesucristo.¿Sabes, continuó Aureliano, por qué fue tu padre atormentado?¿Juzgas, respondió Balbina, que, aterrada con la injusticia de aquel castigo no me atreveré á referirle por vergüenza ó por temor? Sabe que me sirve de grande honor y consuelo la dichosa muerte de mi padre, que, convencido de las infalibles verdades de la religión cristiana, se convirtió á ella con toda su familia, en vista del prodigio que conmigo obró el santo pontífice Alejandro, sanándome de los accidentes mortales que padecía con sólo el contacto de las reliquias que llevaba al cuello, lo que no pude conseguir por todos los remedios humanos. Este fue el motivo por que tú, verdugo miserable, le mandaste quitar la vida; y en cuyo defecto, quedando huérfana, me acogí á la protección de Teodora, hermana de Kermes, nobilísimo senador, á quien también mandaste degollar porque adoraba al verdadero Dios, por quien me presento en tu inicuo tribunal á padecer gustosa cuantos tormentos pueda discurrir tu bárbara crueldad.

Cesa, la dijo Aureliano, en tu necedad; porque si sigues tenaz los vestigios de aquellos que han sufrido una muerte tan indigna, yo haré que experimentes mayores tormentos, si no te conviertes al culto de nuestros dioses.¿Por qué, ¡oh miserable!, respondió la Santa, llena del Espíritu Santo y de un valor superior á su edad y sexo, precisas á los fieles cristianos á que se aparten del culto del verdadero Dios y le tributen á los que no lo son?Porque nosotros, siguió el tirano, reverenciamos á aquellos á quienes dieron nuestros padres adoración, no á los que nuevamente se han inventado.Tus padres erraron, dijo la Santa, adorando los ídolos. Y tú, miserable tirano é impío, no tardarás en perecer, porque quieres obligar á los hombres á que, dejando al Criador, reverencien á los simulacros vanos, sordos y mudos.¿Quién otro que Jove, continuó Aureliano, es el criador, á quien los romanos damos culto?Si éste, replicó Balbina, fue impuro y pésimo adúltero, ¿por qué le llamas dios? El verdadero ha de ser santo, inocente y limpio de toda iniquidad, y el que le dé culto se salvará; pero tú, que á los que le adoran atormentas y das muerte, ¿cómo has de subsistir á su presencia? Entiende que, cuando Jesucristo venga á juzgar á los vivos y á los muertos, y borre de la tierra á los impíos é injustos, entonces se alegrarán en su presencia los justos, y los impíos serán castigados perpetuamente en el Infierno; y con razón, pues el demonio cegó sus corazones y los vuestros para que no conozcáis al verdadero Criador y Salvador; pues si le conocierais y creyerais en Él, le adoraríais y revenciaríais con desprecio de los falsos dioses representados en las estatuas vanas, que son obras de las manos de los hombres.

Oyendo estos discursos el tirano, preguntó á Balbina: ¿De dónde te ha venido tanta elocuencia, ó quién te ha enseñado estas cosas?Cristo, Hijo de Dios vivo, respondió la Santa, y el Espíritu Santo por su boca en el Evangelio tiene dicho á sus discípulos que, cuando estén ante los reyes y presidentes enemigos, no piensen en lo que han, de hablar en aquella ocasión.Si el Espíritu Santo es quien habla por ti, replicó el tirano, yo haré llevarte al lugar de prostitución, para que huya de ti.Yo creo, espero y tengo por cierto, dijo entonces la Santa, que por ninguna violenta ofensa que se haga á mi cuerpo se separará de mí el Espíritu Santo, teniendo como tengo fijo en mi corazón su amor: de quien huye es de ti y otros como tú, porque no habita en los corazones de los impíos y pecadores. Pero ¿para qué me canso en reconvenirte, cuando ciego y obstinado cierras los ojos á la luz?Deja esa superfluidad de palabras, le dijo el tirano; adora á la diosa Diana, que con su sabiduría alimentará y pulirá tu elocuencia; pues de lo contrario te daré muerte, porque no me es decoroso raciocinar y argumentar más tiempo con una rapazuela.Deja tú, necio y desventurado, le respondió Balbina, de rebelarte contra el Criador; deja, después de tantas muertes de los inocentes cristianos, deja tu error; cree en Jesucristo, y confiesa tus delitos é iniquidades, para que puedas salvarte; lo que si no hicieres, ten por cierto que en breve perecerás y padecerás por toda una eternidad, por la sangre de tantos mártires que has derramado con la mayor crueldad é injusticia; por último, entiende que jamás me separarás de la fe de mi Señor y divino Esposo Jesucristo, por cuantos tormentos puedas inventar.

Fuera de sí Aureliano, viéndose concluido con tan sabias reconvenciones, después de haber probado la constancia de la santa virgen con varios tormentos, pronunció la siguiente sentencia: Muera Balbina habladora, no sea que su charlatanismo seduzca al pueblo. Ejecutóse la providencia el día 31 de Marzo del año 120; y pasó la ilustre mártir á gozar los premios de su ínclita confesión. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de Prestato, en la vía Apia, llamado después de Santa Balbina, con motivo de la iglesia que en su honor construyó en dicho sitio San Marcelo, papa, donde, por tradición antigua, se cree conservarse el cadáver de la Santa con el de San Quirino su padre, y otros cinco santos desconocidos. Santa Balbina, consagrando su virginidad y hermosura al Esposo que se la había dado, hizo ver con la santidad de su vida cómo el Cristianismo puede juntar dos cosas bien difíciles de unir, á saber: una rara hermosura y una virginal pureza; adornando tan sublimes virtudes con la hermosa corona del martirio. Hay en Roma un titulo muy antiguo de Santa Balbina, de quien hace mención el Concilio Romano celebrado en tiempo de San Gregorio papa.

SANTORAL DEL MES DE MARZO