CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

DE LA CARIDAD CON LAS ALMAS DEL PURGATORIO
Padre Juan Croisset


MEDITACION

PUNTO PRIMERO

Considera que es santo y saludable pensamiento rogar á Dios por los mvertos para que sean libres de stis pecados, como habla la Escritura. Pensamiento santo, porque no hay caridad mas justa ; pensamiento saludable, porque no la hay mas útil ni mas provechosa que la que se ejerce con los difuntos. Es justa, porque al fin, ¿qué objeto hay mas digno de nuestra compasión? ¿quién mereció nunca mejor nuestro socorro y nuestra asistencia que aquellas afligidas almas? Sori almas predestinadas, que algún dia lian de verse en el cielo, y ser contadas entre los moradores de la celestial Jerusalen por toda la eternidad. Son esposas de Jesucristo, detenidas en aquellos dolorosos calabozos hasta que, enteramente purificadas, merezcan aumentar la corte del Cordero, No hay siquiera una de aquellas santas almas que no sea amada de Jesucristo, y por consiguiente que no sea acreedora de nuestro respeto y nuestra veneración, aunque de presente solo nos pidan nuestras oraciones. Son otros tantos Josés, que ahora gimen aprisionados en una tenebrosa cárcel; pero infaliblemente han de ser sacadas de allí para ser colocadas en el trono. Ahora nos piden que nos acordemos de ellas, y ellas no dejaran de acordarse de nosotros cuando les llegue su turno, cuando se vean en la gloria, y cuando nosotros nos hallemos en las mayores necesidades. Son nuestros amigos, nuestros parientes y nuestros hermanos que están en extrema necesidad de nuestros socorros. Es aquel padre por quien derramamos tantas lágrimas, aquella madre que nos amó lan tiernamente. Cuando murieron, los lloramos sin consuelo ; hoy solo nos piden algunas oraciones. Ellos nos dejaron todos sus bienes; ¿será mucho pedir que los socorramos con algunas misas, con algunas obras de misericordia, con algunos sufragios? Trae á la memoria aquel tierno amor, aquellas cariñosas ansias de que te dieron tantas pruebas tu padre, tu madre, tus hermanos y hermanas. ¡Cuántos sustos les diste cuando aquella enfermedad, aquel accidente te puso en algún peligro! ¡con qué desvelo, con qué solicitud no procuraban todo lo que podía interesar tu salud, tus conveniencias, y hasta tus mismos gustos y diversiones! Pues qué ¿será posible que no te mueva á compasión el lastimoso estado en que se hallan aquellos tus amigos, aquellos tus deudos? ¿tendrás valor para negarles algunos movimientos de ternura y de compasión? ¿les regatearás un socorro que les puedes dar con tanta facilidad? Cuanto mas justo es este reconocimiento, tanto mas escandalosa y mas vergonzosa es tu insensibilidad, tu ingratitud y tu dureza. Es cierto que no ves con los ojos corporales lo que están padeciendo aquellas benditas almas-, pero ¿padecerán menos, serán menos dignas de lástima porque tú no las veas? Dime, si supieras que á tu hijo ó a tu padre le habían hecho esclavo en algún país extranjero, ¿no te moverías, no darías muchos pasos para aliviarle, para ponerle en libertad? En este caso están tus amigos y parientes. Es el purgatorio una triste prisión, una durísima esclavitud, puedes aliviarlos, puedes sacarlos de ella á muy poca costa tuya. El mismo que los tiene en aquella servidumbre, te solicita para que lo hagas asi ; y en medio de eso, ¿no te resolverás á esta obra de caridad?

PUNTO SEGUNDO

Considera que, no habiendo cosa mas justa que la caridad con las almas del purgatorio, tampoco hay otra en que tú mismo te intereses mas, ni que sea mas ventajosa para ti. Son las almas del purgatorio unos justos y escogidos de Dios, que, no habiendo purgado en este mundo la pena correspondiente á sus pecados, la están satisfaciendo en aquel lugar, y tú los puedes ayudará satisfacerla por ellos. Son todavía deudores á la divina justicia, y tú puedes pagar sus deudas tomándolas de tu cuenta. Los medios establecidos por Dios para esta satisfacción son las limosnas, las misas, las buenas obras y las oraciones: es verdad que, si tú pagas por ellos, ya no deberán cosa alguna á la divina justicia; pero quedarán deudores tuyos, y te deberán á ti las oraciones, las buenas obras, las misas, las limosnas que cubrieron su deuda. Si se les anticipó su eterna dicha, si ya están gozando de Dios, su soberano bien, si tienen valimiento con este Sefior, después del mismo Dios á ti te deben este valimiento, esta gloria, esta fortuna. ¿Y te persuades á que, debiéndote tanto, en nada te corresponderán? Están en favor con el Sefior; no les puede negar cosa que le pidan; se perfecciona en el cielo la caridad ; pues díme , ¿en beneficio de quién emplearán mejor el favor que tú mismo les conseguiste, ó por lo menos se le anticipastes? Conocerán en la esencia de Dios tus peligros, tus tentaciones, tu estado y tus necesidades : ¿ te parece posible que falten en el ciclo á la caridad y al agradecimiento? iOh, y quién estuviera cierto de haber sacado del purgatorio á una sola alma! ¿Dónde habría motivo de consuelo y de confianza en su protección y en su intercesión mejor fundado? ¡Cuántos funestos accidentes en la vida! i cuántas violentas tentaciones! ¡cuántos peligros de la salvación í ¡cuánto hay que temer en la postrera hora! Pero ¿ tienes la dicha de haber sacado una alma del purgatorio ü de haberla aliviado por lo menos? Pues está cierto de que tienes con Dios un poderoso intercesor y protector, un amigo fiel, que, conociendo tus peligros y tus necesidades, empleará todo su valimiento para sacarte con felicidad de ese malpaso, para asistirte en ese peligro, para alcanzarle todas las gracias, todos los auxilios que hubieres menester en aquellos últimos críticos momentos. Esto movió al zelo de la Iglesia por los difuntos : esto inspiró en los santos tanta caridad con las almas del purgatorio. En esta caridad hallamos nuestra cuenta ; por nosotros hacemos cuanto hacemos por ellas, y su provecho se refunde en provecho nuestro. No puede haber mayor injusticia, no puede haber mayor ingratitud; pero tampoco puede haber mayor perjuicio nuestro que no hacer cosa alguna por el alivio de aquellas benditas almas.

Espero, divino vSaivador mió, que no permitiréis se queden sin efecto todas estas reflexiones. Dadme gracia para que sean eficaces los piadosos impulsos que experimento, y todos los santos propósitos que hago. Unos y otros los debo á vuestra misericordia. De hoy en adelante será mi primera devoción la caridad con las almas del purgatorio, resuelto seriamente á practicar todos los medios que vos me proponéis, y me franqueáis para su alivio.

JACULATORIAS

Réquiem aeternam dona eis. Domine: et lux perpetua luceat eis.
Dadles, Señor, el descanso eterno, y alúmbrelas vuestra eterna luz.

Lux aeterna luceat eis, Domine, cum sanctis tuis in aeternum: quia plus es.
Vos, Señor, sois la misma bondad; y así disponed que las afligidas almas gocen cuanto antes en compañía de tus santos los eternos resplandores de la gloria.

PROPOSITOS

1 . No hay ni hubo jamás en el mundo persona mas digna de compasión que las almas del purgatorio. ¿Quiénes mas acreedores á nuestra conmiseración que aquellos que ni se pueden ayudar á si mismos, ni les es licito dejarse ver, ni se les permite pedir socorro? Un pobre encarcelado, metido en un oscuro calabozo, cuyas lágrimas no se pueden ver, cuyos gemidos y clamores no se pueden oir, es bien digno de lastima. Tales son las almas del purgatorio. [Cuántas están padeciendo en aquellas tenebrosas mazmorras, que no tienen amigos ni parientes que se acuerden de ellas! ¡cuántas están ardiendo mas de cien años ha en aquellos hornos encendidos! ¡Oh, qué bello objeto de una caridad verdaderamente cristiana! No te contentes con hacer hoy oración en general por todos los fieles difuntos, según el espíritu de la Iglesia; ofrece todos los dias algunas oraciones en particular por las ánimas del purgatorio, y alguna mas especialmente por las que tienen menos sufragios, y están mas desamparadas. Todas las semanas, ó á lo menos todos los meses, has de determinar un día para esta importante devoción. De cuando en cuando da algunas buenas limosnas, haz algunas penitencias, algunas buenas obras, algunas comuniones: celebra, oye ó manda decir algunas misas por las ánimas pobres y desatendidas. Pocas devociones hay que sean mas gratas al Señor, y mas provechosas para nosotros.

2. Los medios generales para socorrer á las benditas ánimas, son los ayunos, las oraciones, las limosnas, las penitencias, las mortificaciones, sean de la especie que fueren, y todas las buenas obras, que todas son satisfactorias, porque todas tienen algo de penosas. En todas nuestras acciones podemos hallar motivo para aliviar con ellas á las almas del purgatorio, sin que nos sean mas gravosas, ni nos cuesten mas trabajo. Así como todos los disgustos, todas las molestias, todos los contratiempos que nos suceden , nos pueden servir para satisfacer por nuestras culpas, así también los podemos aplicar en satisfacción de las de nuestros hermanos. Aflicciones, enfermedades, humillaciones, afrentas, injurias, adversidades, todo puede contribuir para publicarnos de nuestros pecados, y para satisfacer á la divina justicia por aquellas pobres almas. Algunas personas virtuosas juzgaron tan meritoria esta devoción , que renunciaron con obligación, en forma de voto, toda la satisfacción de cuantas buenas obras hiciesen en su vida á beneficio de las almas del purgatorio. Ni faltaron otras que extendieron los limites de su caridad mas allá de los límites de su vida, adelantándose a hacer la misma renuncia, en cuanto les fuese posible, de todas las oraciones y de todos los sufragios que por cualquiera título Ies pudiesen pertenecer después de muertas; acto de la caridad reputado por uno de I’os mas heroicos. Nada se pierde en los excesos de caridad á ejemplo de san Pablo. Entre los medios de aliviar á las benditas ánimas, son muy excelentes las indulgencias, las misas y las comuniones que se aplican por ellas.

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LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO