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MONSEÑOR JORGE M. BERGOGLIO
RINDIÓ HOMENAJE A MONSEÑOR
ANGELELLI, EL OBISPO MONTONERO


MONSEÑOR JORGE M. BERGOGLIO RINDIÓ HOMENAJE A MONS. ANGELELLI EL OBISPO MONTONERO

"Derramó su sangre por predicar el Evangelio" 
aseguró Bergoglio durante una misa en La Rioja

El 4 de agosto de 2006 se cumplieron 30 años de la muerte del obispo riojano Enrique Angelelli. Ese día, el por entonces cardenal primado, Jorge Bergoglio, llegó a la provincia, donde brindó una homilía en la iglesia Catedral y luego se trasladó a la ermita de Punta de Los Llanos.

Al comenzar entonces la ceremonia, en lo profundo de la catedral envuelta en el humo del incienso, una voz de soprano entona un salmo. Entran diez monaguillos de vestido rojo y roquete blanco, seguidos de reinta, cuarenta, sacerdotes en parejas. Desfilan las jerarquías ordenadas de la iglesia ante los fieles que colman la catedral con sus cantos. Los sacerdotes saludan con una inclinación al llegar al atrio. Más atrás van los que llevan una estola en el cuello. Luego los arzobispos con sus mitras. Al final, avanza el cardenal Jorge Bergoglio, elegido por el Concejo Episcopal para dar la primera misa en memoria de monseñor Enrique Angelelli. Frente a la catedral los organismos de Derechos Humanos, sólo algunos presentes en la misa, esperan a que termine para largar con el fogón con el que anoche festejaban la memoria de Angelelli.

   Además de Bergolio, participaron en la ceremonia el titular de la diócesis local,  Roberto Rodríguez, doce obispos argentinos y gran parte del presbiterio riojano

   Hubo un largo aplauso al inicio de la ceremonia, cuando se nombró a Angelelli.

   El cardenal Bergoglio recordó el compromiso evangélico de Angelelli y de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera (todos montoneros), asesinados en 1976. "El día de la muerte de Angelelli, el 4 de agosto de 1976, alguno se puso contento porque creyó que era el triunfo. Fue su derrota. Esa sangre hoy clama por vida, y el recuerdo de Angelelli no es memoria encapsulada. Es un desafío", fue una de las frases más fuertes de la noche.

   Al final de la ceremonia, la concurrencia explotó en otra ovación. Luego cantó una frase del obispo: "Hay que seguir andando". Bergoglio y los obispos tributaron luego una oración en la tumba que guarda los restos de Angelelli, dentro de la misma catedral.

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