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MÁS SOBRE LOS PALOTINOS


En viejos números de “Cabildo”, nuestro amigo y colaborador, F. J. A., recordaba los antecedentes más evidentes de la militancia terrorista-marxista del clero palotino, al que hoy, aviesamente, se pretende canonizar, como si aquellos desdichados de la Parroquia de San Patricio, hubieran hallado la muerte por causa de su condición de católicos.

La verdad —que no nos place, sino que nos duele decir— es que fueron víctimas y victimarios del propio y fatal juego subversivo que protagonizaban, en contra de Dios, de la Patria, y de la Iglesia a la que debieron servir y traicionaron. Que algunos miembros de la Jerarquía Eclesiástica Argentina —como tomó estado público oficial los últimos días de julio de este año— aparezcan ahora dando su aval para que se les inicie el proceso de beatificación, resulta, por lo menos, un escandalizante sacrilegio. A continuación agregamos algunos otros detalles sobre el tema.

En el libelo que escribió Olga Wornat titulado “Nuestra Santa Madre - Historia Pública y Privada de La Iglesia Católica Argentina” (Buenos Aires, Vergara, 2002, y en internet en: http://www.elortiba.org/sm.html) su autora refiere el testimonio del Licenciado en Ciencias Políticas, Dardo Adur, hermano del cura marxista Jorge Adur, que era el Capellán de los Montoneros.

En dicho relato, Dardo reconoce que su hermano Jorge, el cura, era el asesor espiritual de los palotinos. “Jorge ya era sacerdote y trabajaba en el barrio de La Cava, en San Isidro. Yo me metí con Mugica en la villa de Retiro”. “Cuando asesinaron a los Padres palotinos en San Patricio, querían matar a Jorge. Él era asesor de los palotinos, pero ese día no volvió a dormir a la parroquia porque se quedó a dormir en la casa de un amigo. Desde entonces tomó conciencia de que su vida corría mucho peligro. Entonces se fue de Buenos Aires, buscó dónde esconderse. A mediados de 1976, con mi hermana Manuela hicimos 1100 kilómetros para ir a buscarlo. Estaba en Los Toldos, en el convento de Mamerto Menapace, que era su amigo. Nos recibió con la entereza y serenidad de siempre. La que nunca le vi perder. Aquella noche la pasamos los tres allí, con Mamerto, que tuvo una actitud maravillosa. Al otro día nos fuimos y lo dejamos a Jorge en la Nunciatura, en la calle Rodríguez Peña, allí lo estaban esperando. Su protección fue negociada entre Pío Laghi y Massera, aunque él no me aclaró nada, lo supe por otro lado”.

Para quienes pudieran creer que la capellanía montoneril de Jorge Adur es una exageración nuestra o un giro retórico, sépase que la banda Montoneros, a través de su revista “Estrella Federal” de agosto de 1978, le comunicó a la “tropa” que el Padre Jorge Adur era su capellán. Esa edición, la número 5, traía la noticia en la tapa junto con la Carta al Pueblo escrita por el mismo Adur y otros dos documentos reveladores. Uno de los cuales era la reproducción del reportaje conjunto al cura y al comandante montonero Horacio Mendizábal, que les efectuó en París el periodista Francisco Ortiz Pinchetti, a quien le fue dada la primicia sobre la capellanía.

Y el otro, la comunicación oficial que se le hizo acerca de eso al Vaticano en fecha 10 de julio de 1978. “Viste Adur el uniforme del Ejército Montonero: la chamarra de cuero negro con las insignias de su grado —capitán— sobre el alzacuellos del sacerdote. Lo es y lo parece en todo momento. Por su apariencia apacible, por su serenidad y también por el tono casi pastoral de su voz”, describía Ortiz Pinchetti en su artículo.

Fuente: CABILDO, lunes, 19 de enero de 2009

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