CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

UN BENDITO DÍA
Delia Cabrera


 Desde el momento en que los católicos se dieron cuenta del verdadero fin de los cambios llevados a cabo por el Concilio Vaticano II, en el que, como deslizándose imperceptiblemente, se vieron inmersos, siendo el más grave una nueva “misa” protestantizada, sufrieron un verdadero colapso.  ¡Cómo se los había manejado! Se resisten, buscan una salida; pero ¿dónde? ¿A quién recurrir? El panorama es lúgubre, desolador. La desorientación es enorme, angustiante... Todo esfuerzo resulta vano.

Tras largos años de prueba, de templarse, de afianzar la Fe en las tribulaciones, cuerpos y almas desfallecen. Simultáneamente la reacción tradicionalista se amalgama; surgen tenues luces. A Córdoba llega, invitado por un fiel, el Padre Hervé Le Lay; había sido suspendido “a Divinis” por el Arzobispo de Salta; echado a la calle; un feligrés salteño  lo había alojado durante un año.

Comienza su apostolado en la ciudad de Córdoba y se instala en Alta Gracia. Rescata, reúne la grey dispersa y desesperanzada. Nuevamente suspendido “a divinis” por el Arzobispo de Córdoba (1978) sigue en la lucha infatigable: su cabalgadura fue la Acción, su capa, la Sotana y su espada la Palabra.

Seguimos su trayectoria desde 1978 a 1982, año de su muerte, cumpliendo con su misión, asistiendo a los feligreses con la Fuerza que da la Fe, sin flaquezas, sin fisuras, firme e inquebrantable, como si un granito de aquella Roca sobre la que Jesús edificó la Iglesia, elevara su naturaleza humana para colaborar a “Instaurar todo en Cristo.”

Antes de morir pide ser sepultado en el Cementerio de El Tala, pueblo del que fue párroco durante 15 años, en Salta. Indagando si se había cumplido con su voluntad nada era seguro.

Movida por lo que de él recibía decidí emprender, cual penitente, un testimonio de gratitud.

-------------------------------------------

RVDO. PADRE HERVÉ LE LAY
DEFENSORES DE LA VERDADERA FE EN LA ARGENTINA