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VEROSIMILITUDES DE LA CAUSALIDAD
INSTRUMENTAL FÍSICA DE MARÍA
MEDIADORA DE TODA GRACIA
Hno. M.-B. Lavaud, O.P.
Traducción castellana abreviada de Patricio Shaw
Año 2016.


VEROSIMILITUDES DE LA CAUSALIDAD INSTRUMENTAL FÍSICA DE MARÍA MEDIADORA DE TODA GRACIA - Hno. M.-B. Lavaud, O.P. Traducción castellana abreviada de Patricio Shaw

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El ser y el acto formal por un lado, y el actuar y el acto operativo por el otro, son dos mundos de perfecciones. El actuar puede considerarse absoluto y aislado o en un sistema de causalidades coordinadas. Esta coordinación puede resultar de un simple concurso de causalidades formalmente independientes; también puede reclamar una subordinación íntima y una dependencia esencial: es el caso de la instrumentalidad, o causalidad instrumental.

La causalidad instrumental se divide en moral y física. Las causas instrumentales morales son las causas libres que se mueven libremente; así el que aconseja o manda en nombre de un superior es, con éste, con-causa moral del mandato o del consejo y, consiguientemente, de lo que se hace secundando éstos. Este tipo de causas instrumentales no tocan por una acción física sus efectos ni influyen o producen algunas cualidades. Las causas instrumentales físicas, al contrario, tocan físicamente el efecto que producen por una fuerza que radica en lo más profundo de su naturaleza; así por ejemplo el fierro al rojo vivo que calienta por el calor del fuego es una causa instrumental física.

El instrumento ejerce su causalidad por una doble virtud activa: Una, llamada virtud propia, que tiene de su naturaleza propia y que le permite cooperar con la acción de la causa principal; otra, llamada virtud instrumental, que deriva en él del movimiento actual de la causa principal y por la cual él es proporcionado al efecto producido.

A partir de Cayetano casi todos los discípulos de Santo Tomás enseñarán, como doctrina de su maestro, la causalidad física instrumental de la santa Humanidad del Cristo y de los sacramentos en la producción de la gracia. La palabra “física” no se encuentra en Santo Tomás, pero él afirma la causalidad fundamental real, que ciertamente es más que meramente moral. Desde el pontificado de San Pío X, varios tomistas también han creído poder prestar a la Madre de Cristo, como al mismo Cristo en cuanto hombre y a sus sacramentos, una verdadera eficiencia física (=fundamental y real) instrumental en la producción de la gracia. No hay ninguna imposibilidad en que la Santísima Virgen haya recibido este privilegio. Toda prerrogativa que conviene a la función y dignidad de Madre de Dios debe encontrarse en María. Ahora bien, el concurso físico parece ser de este tipo. Si todas las gracias nos llegan por la intercesión de María y Dios requiere el concurso moral de la Santísima Virgen, ¿por qué no se serviría también de su cooperación física? Así se comprendería mucho mejor cómo María es toda Madre para los cristianos; y por fin, puesto que el sacerdote es causa física instrumental de la gracia, ¿por qué María no lo sería en un grado superior? Por otra parte esta teoría no es nueva. Está contenida bastante expresamente en la doctrina de San Luis María Grignion de Montfort. Cabe proponerla, pues.

1. La Virgen está íntimamente asociada a Cristo en la obra de nuestra Redención. Ese es el principio fundamental de la teología mariana. Ahora bien, la Humanidad de Cristo es instrumento físico en la producción de la Gracia. ¿No hay que decir lo mismo, guardada la proporción, de la Santísima Virgen? Parece que los tomistas, al tomar una conciencia cada vez más clara de este principio “de la sociedad” de la Madre y el Hijo, estén autorizados a hacer valer, con respecto al Virgen, transponiéndolos, los argumentos de conveniencia que desarrollan para la Humanidad del Salvador. Conviene —dice por ejemplo Gonet [1] — conceder a Cristo toda dignidad y prerrogativa que no se oponga a su función de Redentor y que no implique contradicción. Pero la virtud instrumental física en la producción de las gracias no se opone a su función de Redentor. Las objeciones que se puede alegar en contra no son decisivas. Es mayor dignidad en el Redentor redimir causando la gracia de una manera a la vez física y moral, que de manera puramente moral. El carácter de jefe conviene más perfectamente al Cristo, si no ejerce solamente un influjo moral, sino un influjo físico sobre sus miembros. Ahora bien, todo lo que conviene a Cristo por naturaleza conviene a María por gracia y, con matices, este razonamiento puede adaptarse a María Corredentora, Madre de los cristianos, a quien la tradición dio el hermoso título de: “Collum Ecclesiae”.

2. Y precisamente la mayoría de los testimonios de los Padres, teólogos y papas expresan o al menos insinúan una causalidad de este tipo. La Santísima Virgen es llamada “el Acueducto de las gracias divinas” y “el Cuello místico de la Iglesia”. Sin duda estas expresiones sólo tienen un alcance metafórico. Pero es por metáfora también que Cristo se dice “Cabeza de la Iglesia”. Y sin embargo, influye físicamente la gracia en sus miembros. Si es a este título que Él es Cabeza del cuerpo de la Iglesia, María sólo será verdaderamente el Cuello si ejerce, debajo de él, una causalidad igualmente física. Palabras como las de san Bernardino de Siena: “Toda gracia recorre tres etapas: desciende del Padre a Cristo, de Cristo a María, de María a nosotros”, no exigen, desde luego, interpretarse en el sentido de la causalidad física; tienen un sentido ya profundo fuera de esta opinión, pero su sentido es mucho más pleno si la Virgen es el instrumento de la Humanidad santa como ésta es instrumento de Dios en la producción de la gracia.

La admirable doctrina de San Luis María Grignion de Montfort, en su libro La verdadera devoción y su carta sobre El secreto de María, se interpreta teológicamente mucho mejor en esta opinión. Al segundo argumento conviene adjuntar éste: Los Sumos Pontífices, después de los Padres, se complacen en decir que Dios ha recreado todo por María. Seguramente la preposición “por” no implica necesariamente la causalidad física, pero toma toda su fuerza si se la admite.

3. Es un principio recibido en teología mariana, un axioma, que todas las prerrogativas sobrenaturales conferidas a las otras criaturas se concedieron de una manera superexcelente y supereminente a la Santísima Virgen.

Ahora bien, los sacerdotes son instrumentos físicos de la producción de las gracias en la administración de los sacramentos. Es pues altamente probable que Virgen ejerza también una causalidad similar pero universal. Indudablemente el axioma debe entenderse bien. Las prerrogativas de gracias de las otras criaturas no se encuentran necesariamente en María de la misma manera, sino en un grado y según modalidades superiores. ¿Quién podría decir que Ella no recibió de manera misteriosa una parte verdadera en la acción santificadora ejercida físicamente desde el cielo por su Hijo glorioso? En cualquier caso, en la Asunción, cuando fue elevada sobre los Ángeles —de los cuales, por la eminencia de su gracia, era la Reina desde la Inmaculada Concepción—, sobre los cielos, coronada Reina del universo de la naturaleza y de la gracia, glorificada a la medida de la plenitud, por fin consumida por su caridad, ¿qué límites asignar a las prerrogativas de que la Trinidad la colmó entonces? ¿No hay que llegar hasta el máximo compatible con su condición de criatura? ¿El Hijo podía hacer menos por su Madre que lo que era posible, darle menos que lo que Ella podía recibir? Ya no existe ninguno de los obstáculos que cuando Ella vivía aquí abajo quizá aún se oponían a la comunicación sin reserva de los poderes de su Hijo. “Ya no valen —dice San Luis María Grignion de Montfort— los motivos que movieron al Espíritu Santo a ocultar a su Esposa durante su vida y manifestarla sólo parcialmente aun después de la predicación del Evangelio.” El Sumo Sacerdote, Jesús, “siempre vivo e intercediendo por nosotros”, pero también causa eficiente de las gracias que difunde, no pudo no dar a su Madre, la Omnipotencia suplicante, aquella participación incomparable de su causalidad, no asociarla a Él en esta función especialmente gloriosa de su papel de mediador y sacerdote. Cuanto más meditamos estas cosas, más nos sentimos como obligados a pensar así. La armonía del plan redentor nos parece de alguna manera exigirlo.

Y si, a partir de la tierra donde viajamos aún, buscamos lo que puede corresponder en María glorificada a la causalidad que ejercen los sacerdotes en la santificación de las almas, constituyendo su grado superior, su método eminente, ¿qué cabe concebir de mejor que la universal causalidad física subordinada a la de la humanidad del Salvador, conjuntamente con la causalidad moral de intercesión?

La idea que acabamos de exponer se incorpora a un principio universal, caro a Santo Tomás, en el que se puede apoyar:

4. “Es propio del orden natural de las cosas, establecido por Dios, que cualquier causa obre, en primer lugar, sobre lo que le es más próximo y, a través de ello, actúe sobre las otras cosas que están más lejos. Así como el fuego calienta primero el aire cercano, y por medio de él los cuerpos distantes, también Dios ilumina primero las sustancias próximas a El, y mediante ellas ilumina las más alejadas, como dice Dionisio, en el c.13 de Cael. Hier.[2]

En otra parte el santo Doctor explica: “Dios provee a todos directamente […] la providencia divina se sirve de algunos medios. Porque gobierna las cosas inferiores por medio de las superiores. Esto es así no por defecto de su poder, sino por efecto de su bondad, que transmite a las criaturas la dignidad de la causalidad.”[3]

¿No cabe, aunque Santo Tomás no lo haya hecho, utilizar aquí estos principios a los cuales recurre tan de buen grado en otras circunstancias? ¿No cabe deducir que la Santísima Trinidad actúa por la santa Humanidad de Jesús, en primer lugar en María, que es cercanísima a Jesús, propinquissima Christi, y por María sobre todas las almas cuya madre es, que Dios comunica así a la Santísima Virgen la dignidad de causa en el orden de la gracia, no por necesidad, por supuesto, pero por superabundancia de bondad? ¿No nos conducen estos principios generales naturalísimamente al mismo punto que la consideración especial del sacerdocio de Jesús y de la participación que él da a otros?

En la aplicación de un principio general siempre hay que examinar si uno no se choca con alguna imposibilidad o repugnancia especial. Pero no hay ninguna imposibilidad en que María haya recibido este poder de comunicar la gracia a título de instrumento universal. Tenemos por garante a Santo Tomás mismo, que admite —hemos visto— que Cristo habría podido comunicar a simples ministros su poder de excelencia sobre los sacramentos.

5. Partiendo de allí pasamos a formular un quinto argumento: Puesto que esta comunicación aparece como positivamente posible, se puede sabiamente creer que fue realizada por el Dios-Hombre, que no podría poner un límite a las prerrogativas de su Madre posibles a su Potencia a su Sabiduría y a su Amor.

Está dicho también: En el cuerpo místico cuya madre es María hay una cabeza y miembros [4]. Ahora bien, la Santísima Virgen es madre del Jefe por causalidad física: físicamente Ella engendró a Cristo-Dios, es Madre de Dios. La armonía del plan redentor quiere que Ella ejerza también una causalidad física respecto a los miembros cuya Madre es. Pero Ella es nuestra Madre por su cooperación a la gracia que nos hace hijos de Dios, hermanos y miembros de Jesucristo y partícipes de la naturaleza divina. Esta cooperación debe pues ser física.

Además de las indicaciones que resultan de la manera de hablar de los Doctores y santos, todo se reduce a un único argumento de conveniencia con múltiples aspectos complementarios. Bien se considere a María misma en la incomparable eminencia de su gracia, bien se La mire: —en su relación a Cristo, cuya acción santificadora Ella debe imitar lo más cerca posible, —en su relación a nosotros, como miembros del Cuerpo Místico que debemos deben nacer de Ella en el orden de la gracia como Jesús nació en el orden de la naturaleza, —en su relación especial a los sacerdotes de su Hijo, que en sus funciones sacerdotales participan de la causalidad instrumental de la santa humanidad, —todo nos convence de que debajo de Cristo la Santísima Virgen debe ser, en todo el rigor del término, la primera causa eficiente instrumental separada de la gracia divina.

Pensamos que los tomistas, convencidos de la causalidad física del Salvador, de los sacramentos y del sacerdote que los administra, no pueden negar todo valor a estas razones de analogía teológica. Esta manera de entender la mediación de María, distribuidora de las gracias, parece desde ahora estar en continuidad con los principios de Santo Tomás, en armonía con la totalidad del plan divino tal como la teología nos lo descubre, ser más gloriosa para la Virgen y en consecuencia más consoladora para el amor filial de los hijos de María que son todos los cristianos. No es una novedad hostil a la tradición. Es siempre verdadero decir, con san Luis María Grignion de Montfort: “Dios quiere que su santa Madre sea más conocida, amada y honrada que nunca.”[5]

Ojalá este trabajo, a pesar de sus imperfecciones y lagunas, o más bien debido a ellas, sugiera a algún teólogo la idea de reanudarlo metódicamente y a fondo, de tal modo que pueda pronto substituir a las verosimilitudes y probabilidades expuestas más arriba razones decisivas y hacer brillar con un resplandor más vivo este florón de la corona de María.

Este progreso en el conocimiento de Nuestra Celestial Señora no dejará de resolverse en beneficios espirituales.

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DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

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[1] De Incarn., disp. XIX, a. 2, § 1, n° 23
[2] Suma teológica, III, 56, 1, co.
[3] Suma teológica, I, 22, 3, co.
[4] “Dios Padre quiere hacerse hijos por María hasta la consumación del mundo… Dios Hijo quiere formarse y, por así decir, encarnarse todos los días, por su querida Madre, en sus miembros… Un hombre y un hombre ha nacido en Ella, dice el Espíritu Santo: Homo et homo natus est in ea (Sal. 86, 3). Según la explicación de algunos Padres, el primer hombre que ha nacido en María es el hombre-Dios, Jesucristo; el segundo es un hombre puro, hijo de Dios y de María por adopción. Si Jesucristo, la cabeza de los hombres, ha nacido en Ella, los predestinados, que son los miembros de esta Cabeza, deben también nacer en Ella por una consecuencia necesaria. Una misma madre no da a luz la cabeza sin los miembros, ni los miembros sin la cabeza: de otro modo sería ello un monstruo de la naturaleza; asimismo, en el orden de la gracia, la cabeza y los miembros nacen de una misma Madre, etc.…” (La verdadera devoción.)
“El Espíritu Santo se desposó con María, y en Ella, por Ella y de Ella produjo su obra maestra que es Jesucristo, el Verbo encarnado. Y dado que no la ha repudiado jamás, continúa produciendo todos los días a los predestinados en Ella y por Ella, de manera real, aunque misteriosa… Sólo en Ella se formó un Dios- Hombre al natural, sin faltarle rasgo alguno de la divinidad, y sólo en Ella puede ser formado el hombre en Dios al natural… María es el gran molde de Dios hecho por el Espíritu Santo para formar al natural a un Dios-Hombre por la unión hipostática y para formar un hombre-Dios por la gracia…” (El secreto de María.)
[5] De la verdadera devoción… cap. I, a.IV. Papel especial de María en los últimos tiempos.