CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

MEDITACIÓN PARA CADA DÍA


DÍA 28
DEMOS GRACIAS AL SAGRADO CORAZÓN POR LOS
BENEFICIOS RECIBIDOS EN EL ORDEN DE LA NATURALEZA

I

   Estos últimos días del mes de Julio los dedicaremos a la acción de gracias. Nada más digno de un corazón noble que el agradecimiento por los beneficios recibidos, y por desgracia nada más olvidado por el común de los cristianos.

   Fijémonos hoy únicamente en lo que debemos a Dios en el orden de la naturaleza. Dones suyos son esta existencia que tengo, y los medios mil con que su bondad me conserva todos los días y me la embellece. La luz que me alumbra, el pan que me sustenta, el agua que templa mi sed, el sueño que repara mis fuerzas, la creación entera que me rodea, todo ha sido puesto a mi disposición para que me sirva y me regale y me ayude a la consecución de mi nobilísimo fin. Si amanece y si anochece, si cambian las estaciones, si da la tierra sus cosechas, si resplandece en el firmamento el sol, si tiene peces el mar, y fieras la tierra, y aves el aire, si reinan en todo el orden y la providencia más admirables, por mí lo hizo, por mí lo ordenó Dios en admirable conjunto.

   ¿Hay corazón capaz de entonar al Supremo Hacedor el himno debido al acción de gracias por tales y tan estupendas maravillas? Sí le hay. En el Sagrado Corazón de Jesús tiene el hombre un medio seguro con que mostrarse agradecido. ¡Oh supremo dador! todo bien! ¡Lo que nuestra lengua es incapaz de deciros, lo que nuestro corazón es pequeño para sentir como se debe, por nosotros os lo canta eternamente y os lo satisface con infinito amor e infinitas alabanzas el Sagrado Corazón de Jesús! En Él, pues, y por Él, con Él os seremos eternamente reconocidos. Mirad, Padre celestial, el Corazón de vuestro Hijo, y pagaos y satisfaceos con tan soberano don.

   Medítese unos minutos.

II

  Grandes mercedes puede prometerse del Sagrado Corazón el que de veras se dedique a propagar entre sus hermanos y a aumentar en sí mismo esta su devoción. Oigamos las palabras del Salvador a Santa Margarita en sus revelaciones: A los que "trabajaren, dice, en extender el culto de mi Sagrado Corazón, les daré abundantemente las gracias necesarias a su estado, pondré paz en sus familias, les consolaré en sus penas, seré su amparo en vida y en muerte, bendeciré sus empresas cristianas. A los Religiosos qie trabajen en la conversión de los pecadores, les daré fuerzas con que ablandar y mover los corazones más endurecidos. Las casas en que se halle expuesta mi imagen, serán llenas de mis bendiciones. Los que se dediquen a dar a conocer mi culto, tendrán su nombre escrito en mi corazón, y jamás se borrará de él".

   Los beneficios de Dios no nos han sido hechos una sola vez sino que nos siguen, nos rodean, nos acompañan como luminosa atmósfera de amor en todos los instantes de nuestra vida. No resplandece más fijamente el astro del día cada mañana en el horizonte, de lo que brilla continuamente sobre mí la inefable bondad de Dios, Hasta en los males que con su adorable designio permite su Providencia sobre la tierra, encuentro motivos de agradecimiento. Porque aun prescindiendo del bien último, a cuya consecución me están infaliblemente ordenados, si de ellos me valgo, como cumple, a los designios de su soberana voluntad, ¿qué tesoros de paz y de consuelo no derrama su benéfica mano sobre cualquiera de mis tribulaciones? ¿N o he hallado mil veces ser cierta aquélla expresión de que nunca se me muestra más Padre Dios que cuando me aflige? Y aun sin eso, no es verdad que la sola consideración de los muchos males de que me saca libre cada día su bondad, exige de mí un continuo y amoroso reconocimiento? La enfermedad que no tengo, la persecución que no sufro, la privación que no me mortifica, son beneficios negativos, pero son por eso menos apreciables? ¿Quién sino Dios tiene extendida como un escudo su mano sobre mí para librarme de tantas angustias como aquejan a otros hermanos míos?

  ¡Oh Sagrado Corazón! A Vos agradezco tan inestimables beneficios, para que me sirváis ante el Padre celestial de interpretre de este mi afectuoso agradecimiento. Pase por Vos, Jesús mío, mi gratitud y adquiera en el encendido fuego de vuestro Corazón las cualidades que la hagan digna de ser admitida por el Supremo Dispensador de tantos bienes.

   Niño soy, Dios mío, os diré con un Profeta; y no sé hablar de Vos como merecen vuestra bondad y grandeza. Hablen por mí los armoniosos acentos de gratitud y alabanza que salen eternamente del Corazón de vuestro Hijo y suplan ellos mi ruindad y cubra mi insuficiencia.

   Medítese, y pídase la gracia particular.

ORACIONES FINALES

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DEVOCIÓN AL SGDO. CORAZÓN DE JESÚS